viernes, 17 de agosto de 2012

RECUERDO DE UN VIAJE A MOTOZINTLA

Era diciembre del 2004 cuando volví a casa de mi infancia desde que me percibí en Motozintla donde supe, de manera repentina,  que este viaje había también acontecido en un sueño. Celebré, entonces, hallarme en semejante experiencia repetida donde, además de ir a escuchar a las flores (a flores-flores; flores-gente, flores-piedras y flores etcétera) y susurrarle a las orejas de las montañas mis agradecimientos por su paciencia, pude beber sol y   luna en vasos de café bajo un cielo azul que da lecciones de intensidad a todo lo medio-azulado.

Aunque deseaba volver a ver a mis familiares y amigos, no experimenté un retorno fácil. Tenía tristeza de llegar habiendo pasado solamente pocos años de la experiencia del desastre ocasionado por Mith, el huracán que en 1998 con voz felina y llena de fiebre, le gritó al mundo: ¡Los Mochó y Mam existen además de los mestizos!

[¿Saben?.. A veces siento vacío existencial desparramándose en habitaciones de mi alma al darme cuenta que, a pesar de la natural belleza todavía sosteniéndose en las montañas localizadas alrededor de Motozintla, corroboro la horripilante carcajada del polvo dejado por quienes no saben meterse en los zapatos de los árboles y mucho menos en los de las personas. Y menos que menos, en los zapatos de los más necesitados de justicia.]

Rumbo a casa de mi infancia, mientras viajaba en uno de los aviones de una compañía aérea —cuyo nombre por ahora prefiero sacar fuera de este ritmo— con gran altura para atravesar la levedad del cielo, pero con ese tipo de bajeza llamada falta de honradez al no devolverme el importe de 25 volúmenes de mi más reciente publicación durante esos días. Publicación que, gracias al CONECULTA, Chiapas, presenté  tiempo atrás en Motozintla, Tapachula, San Cristobal y Tuxtla Gutiérrez (hago referencia aquí a mi obra La pasión según un hombre cualquiera). Los volúmenes referidos fueron mojados dentro de la panza del avión por algún mecánico, aviador, aeromoza o aeromozo… O por algún enfermo de la cabeza (por fortuna se salvaron diez aunque quedaron transformados después de ese baño forzado.) Ahora, pasados algunos años de este acontecimiento, al decidir reclamar justicia compensatoria por mis libros mancillados, esa compañía de aviación se vuelve habitante del país de sordos por conveniencia.

Unas horas antes de estar deseando buen viaje al cielo de los libros a mis volúmenes en agonía, mientras volaba entre la estrechez del asiento del avión y la expansión de la lectura del libro Entre nous del filósofo Emmanuel Lévinas: sin poder evitarlo llegaban a mi mente los recuerdos de la casa material de mi infancia pensada al principio como desaparecida. Adentrado estaba en esta meditación cuando, de manera repentina, también me visitaron imágenes del mundo donde las personas fingen mirarse. Imágenes tan detestables que me hicieron repetir: « No, esa no es la ciudad de la casa de mi infancia: ¡La ciudad de la casa de mi infancia no es tiempo y espacio de lo absurdo!» Pronto, a través de mi ventanilla, llegaron nubes y con ellas, múltiples formas de esperanza. Así, saliendo de subterráneos y rascacielos de mi meditación, me dije: «no busques nada en estos días, Martín; «sólo déjate vivir.» «La ciudad y casa de tu infancia están en ti». Estas palabras fueron un abracadabra, pues me experimenté lleno de energía al permitir convencerme que la casa de mi búsqueda soy quien estoy siendo también dándole bienvenida al misterio haciéndose presente desde su fondo no manoseado por la racionalidad de los solipcistas.

En los instantes mientras cual fantasma zozobrante el avión se movía de izquierda a derecha ( y viceversa), exclamé: « ¡Voy a despertar de esta tonta tristeza!» Tal vez debido a esa determinación regresé por completo a la casa material donde fui amigo personal de un árbol (que a mis siete años observé caer como el desplome del universo) e intérprete de gatos, perros, árboles y patos; entre otras maravillas. En efecto, es posible que debido a la fuerza de mis palabras contra lo triste, hoy pude comenzar estas letras con lo de Volví a la casa de mi infancia desde que puse un pie en Motozintla, pues lo detestable del tiempo no va a ganarme la batalla. Después de todo la maravilla existe incluso en una calle donde alguien transforma la realidad diciendo buenos días y ofreciendo una sonrisa anti-mercadotécnica. Así, en los instantes de no soportar el tráfico: Flip-flip-flap-flap: pasa una mariposa revertiendo el orden metafísico de lo prestablecido. Además, en Motozintla todavía hay belleza como alas de águila resistiendo agresiones. Belleza como la  de El Malé : elevada montaña con su horizonte sagrado mirando de frente a la ciudad. El Malé portando en una de sus partes superiores un libro conformado por las rocas como diciendo: Pueblo de Motozintla lee, lee para que a nadie se le ocurra matar la maravilla con chismes  y otras maneras de estupidez. 

Ya en Motozintla, mientras caminaba de la Central de Autotransportes a la casa de mi infancia, me dio coraje vivir varias calles con carros parecidos a tanques de no respetar a la gente, igual a como he constatado en tantas ciudades descorazonadas. Aquella escena me pareció de bajeza sólo parecida al infierno descrito por Dante. ¡Qué espantoso!: mi ciudad de claros orígenes mayas ya padece la nadería de las grandes urbes. Aquí digo nadería para nombrar desesperanzas; pues en este mundo dándoselas de postmoderno, todas las desesperaciones de una gran ciudad también existen en una chica aunque se encuentre en los confines del mundo o en la frontera con Guatemala o cerca de los pilares de la Muralla China. Y ya no sigo nombrando formas de desesperanza. Prefiero optar por alejarme de ellas: todavía existe otro lado de mi ciudad donde puedo situarme a contemplar lo extraordinario.

En las ciudades hay animales, parecidos a gente, conduciendo automóviles. Y Motozintla no es la excepción. No obstante, a mi ciudad se le puede observar ángulos diversos a lo catastrófico. Pero aquí me referiré solo a dos de éstos: el primero es el del parque hacia las salidas a carreteras rumbo a Comalapa y a Huixtla. Se trata de la parte llena de negocios, del tianguis, del “carrerío;” del ir y venir de transeúntes y de bellas viejecitas conduciéndose al mercado con grandes morrales aspirando a regresar llenos. Viejecitas sostenidas por la fuerza del amor. Además, habría que mirar en las banquetas a los señores y señoras vende frutas y niños campesinos descansando encima de largos tallos de flores dispuestas en gruesos ramos. ¡Ah!.. Cuánta maravilla produce mirar campesinos bajando de las montañas con burros, mulas y caballos cargados de frutas y verduras para ofrecer sin hacer distinción entre buenos y malvados ciudadanos. Dentro de esa algarabía, mezcla del mundo moderno con lo poético de la vida bella por sencilla, se encuentra ahora la casa material de mi infancia y cerca de ella otras, tales como la de mi amiga —ahora habitante del universo de lo eterno— doña Gloria Pérez; la de mi primo Freddy, mi tía Emperatriz, mi tío Manuel Liy, don Guillermo Flores y mi madrina Zoila quien fabrica ricos chocolates. Además: antes de ser abierta la carretera en el cerro ubicado al fondo de ese costado de la ciudad, mi calle no estaba cargada de automóviles. Luego, entonces, nos sentíamos libres para jugar a los encantados, al repollo, al tejón o a lo que se nos pegaba la gana, sin miedo a ser arrollados.

No puedo seguir este recuerdo de viaje sin aclarar: no estoy en contra de los avances tecnológicos ni de cualquier ultramodernidad del horizonte de mundo imponiéndose, siempre y cuando sean puestos en marcha sin olvidar el corazón. ¿A quien no le desagrada que “los animales” dejen pasar primero a los carros en lugar de conceder el paso a la gente? Menos mal: la belleza sonríe aún en esta ala con esos aspectos que bien pudieran tener remedio, pues las montañas están muy cerca con sus sugerencias y aún huele a pan horneándose desde algunas casas. Pero para escuchar a las montañas uno debe estar a su altura; por supuesto.

Enamorado de la montañas como querer ver el mar, debí otra vez subirlas para respirar árboles de ciprés y sabino junto a los pinares. Es sorprendente constatar la voz de montañas a través de sus campesinos, su vegetación, sus piedras… Por consecuencia, subí algunas de ellas hasta perderme en cantos de gallos e himnos de la sabia, pues durante los amaneceres salí con algunos de mis sobrinos a correr entre abrazos y arterias de montañas de transportarnos a lo que apaga lo altanero en voz de sordos ante la vida.

Del parque hacia el barrio Xelajú  hasta llegar a la subida del camino para llegar a la comunidad llamada El Carrizal, otro gallo canta: la ciudad en su aspecto de ese otro costado, se parece tanto a la de cuando era muy pequeño, ahí se encuentran tiendecitas ofreciendo comales y ollas de barro. No transitan por esas calles muchos carros y la arquitectura de las casas, en su mayoría muy sencillas, desprende el canto de lo sublime. ¡Vaya!: se puede percibir el sonido de una marimba tocada por quienes ensayan. Tal vez este costado conserva hermosura debido a su cercanía con el cementerio, pues pasar por ahí lo debe a uno adentrarse en la filosofía de la existencia, pues convengo en que nadie deviene auténtico sin toparse cara a cara con la muerte aunque sea de manera intra-subjetiva y sin necesidad de largarse todavía de este mundo. Dicho de manera breve: en un lugar así, lleno de árboles y de paisaje tierno como árbol de ciprés, construiría una morada.

Ya no hay espacio como antes para el jardín, en la casa de mi infancia; pero, en cambio, han crecido más flores en el poblado del corazón de mi familia. Mucho sigo aprendiendo del silencio y palabras de mi madre Consuelo Mayorga Bartolomé, cuyas acciones hacen crecer árboles en las parcelas de mi alma. En efecto, mi madre es una heroína quien, desde los tiempos de conquistar la hermosura en  el servicio como  maestra de escuela primaria, camina kilómetros y sus brazos todavía conservan fortaleza de sus años de sembrar árboles y cuidar a las rosas de no ser devoradas por hormigas. Debo añadir que el espíritu creador de mi madre le hizo forjar en este pasado diciembre de 2004, un nacimiento con un cielo de estrellas hablando de esperanza.

Por ahora, dejaré aquí el impulso animándome a escribir relatos de esta naturaleza, pero no sin antes mostrarles una fotografía proporcionada por mi prima Virginia Guadalupe (Vicky): fotografía mediante la cual agradezco la maravilla de recordar. Vicky canta de manera preciosa y es flor como orquídea entre mis flores. La aprendí a querer desde mi infancia cuando la buscaba para escuchar cantarme no sólo cuentos; sino también lecciones de libros de primaria cuando yo tenía edad de estar en kínder. Ella le encontraba música a las lecciones y se hacía acompañar de su guitarra parecida a la de Joan Báez. Vicky siempre dijo sí a ese tipo de mis peticiones de niño y se lo agradezco tanto como deseo siempre hacerlo con quienes no llegaron al mundo para estropearlo.

En la siguiente fotografía —proporcionada por Vicky— aparece mi prima Flor, mi tía Elizabeth (tía Chave) hermana de mi mamá y mamá de Vicky. Mi tía trascendió el mundo, de manera heroica, siendo víctima del cáncer (ella sigue manifestándose, desde el silencio más alto, como maestra de la hospitalidad). En la foto tía Chave está abrazando a Eduardo, su hijo más pequeño a quien, a su vez, le sostengo un pie mientras me cubro un poco del sol benévolo apasionado (en esta imagen fotográfica yo contaba con cuatro años y medio, a decir de mi madre.) Al lado de mi tía, aparece Manuel su hijo mayor. Y mi hermano José Antonio es quien le está tocando un hombro a Eduardo.

A manera de conclusión, les comparto un video donde interpreto el poema que escribí durante los días de rodillas del miedo; justo en 1998 cuando el huracán Mith azotaba a Motozintla, la Sierra Madre y al Soconusco. Se trata de un poema escrito con el deseo de servir de puente para dejar atrás abismos de la desmemoria.

viernes, 4 de mayo de 2012

Volcán de franquear fragilidades

(Una experiencia de viaje al volcán Nevado de Colima durante los últimos días de abril de 2012).

Dedico este artículo a mi amigo José Mario Acosta Tamez.
1
Todo fue maravilloso, excepto las huellas del acto nefando todavía repercutiendo en mi memoria  como lo imposible de suceder si en el mundo no se deslizaran quienes existen pero no funcionan como humanos, y son gente con vendas en lugar de ojos (porque el perro, cuyo dueño es mi vecino, posee miramiento no obstante tener un ojo marrón y otro blanco tirando a ciego) y están lejos de parecerse a chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes; animales demostrando mejores sentimientos al convivir con los miembros de sus propias  especies. En efecto,  sin necesidad de estar de  acuerdo en declarar personas a los simios; les reconozco mejores actitudes, a las propias de los ladrones que existen pero no funcionan como humanos. Sí, excepto el acto nefando, lo experimentado durante los últimos días de abril fue voz de montañas levantándonos en agradecimiento de volver al volcán Nevado de Colima donde, otra vez, sentimos el misterio de la naturaleza tan agreste como tierna al constatarnos alas de halcón, risas de estrellas, mirar de montañas y etcéteras de luz. ¿Qué sucedió de nefando?... 

Mientras emprendíamos la subida al volcán Nevado de Colima desde el día 27 de abril para regresar el 29, quienes existen pero no funcionan como humanos intentaron robarse el auto dispuesto para este viaje gracias a mi amigo José Mario Acosta T. Automóvil que dejamos estacionado en el pueblo llamado el Fresnito. Para efectuar el robo fracasado, los maleantes rompieron tanto el cristal de techo como los cables conectados al volante. Al ver la impotencia de no poder efectuar su deseo, abrieron la cajuela y rompieron los conectores computarizados. ¿Cuánto tiempo tardaron en ese intento sin ser percibidos por patrulleros y vecinos?). Al respecto, cuando creyéndonos de vacaciones en otro planeta preguntamos a la persona, a quien pedimos favor de cuidarnos el coche, si por casualidad no se había dado cuenta de lo sucedido, ésta tan sólo dijo: --escuché sonar varias veces una alarma como a eso de las tres de la mañana, pero creí que se trataba de locos jugando--.  ¿Por qué esa persona creyó lobo de mentira a la alarma? ¿Estará la gente acostumbrándose a vivir entre Marianicos y lobos? No sé. No obstante, deseo saber si algún día quienes existen pero no funcionan como humanos podrán pensar en todas las tribulaciones impuestas a los otros debido a sus infamias. Sí: ¿llegarán a tener noción de alteridad esos armatostes acostumbrados a existir lastimando?.. ¿Alguien lo sabe?  En fin, haciendo cuentas: hace poco más de 4600 millones de años la tierra devino madre y, gracias a ella, transcurrieron otros millones de años  para latir en la razón del hombre la necesidad del respeto y la justicia por mero acto de sobrevivencia si se quiere (porque para tener amor propio se necesita grandeza y para respetar la alteridad se requiere de inteligencia capaz de reconocer lo digno). Y con lo aquí dicho no estoy afirmando al hombre como quien puede vivir sin sombra. No obstante, la sombra --que nadie puede saltar-- no necesariamente se resuelve en actos de barbarie, pues por ello la vida nos dotó de conectores con la sensibilidad y la inteligencia. ¿Saben?.. No deseo el mal a quienes existen pero no funcionan como humanos; antes bien, ojalá recuperen los tornillos zafados en sus cajones cerebrales y, luego, sepan unir los cables propios para hallar los sentimientos. Ojalá y les de tiempo.
2
“Hijo no fue tu culpa sino de los ladrones. Vuelve a la tranquilidad,” fue el mensaje de fondo de los padres de mi amigo José Mario a quien le dañaron el auto. Automóvil llevado por una grúa, para ser reparado en  la ciudad de Guadalajara, después de largas horas de trámites y constataciones burocráticas.  El sereno  mensaje escuchado con fuerza y proveniente de seres extraordinarios transparentándose a través del teléfono, me lleva a decir: si todos los hijos tuvieran la comprensión de sus padres y el apoyo basado en el amor liberador, tal vez  no habrían entes que ni a changos llegan.
3
Hoy, iniciando mayo, le doy gracias a  la vida de los sueños y a los sueños de la vida por haberme permitido en abril, junto a Natalia, Isis, Jacqueline, José Mario, Fernando Esteban, Juan Pablo, Alexander y Jorge, subir de nueva cuenta a una de las cimas del volcán Nevado de Colima (aunque por un sendero de piedras mi cámara fotográfica rodó por abismos y desfiladeros de regalarme –después de sentir tristeza— una historia envuelta en un secreto para contar en otra vía) a través de una ruta inusual, y no por eso ajena a la  magia y misterio: estamos alegremente llenos de energía por haber sentido el cobijo de la casa volcán Nevado de Colima. Y si por fuerza empática durante largas horas  nos sentimos con cables rotos, cajuela abierta, computadora destrozada, vidrio de techo vuelto polvo (¿y cámara fotográfica de haber pasado a sacar fotografías al otro mundo?) en este mes de flores de auroras percioladas, experimentamos en carne propia lo que alguna vez  la niña Ana Frank dejó como mensaje latiendo en una página de de Kitty, su diario. Mensaje que aquí me permito parafrasear: estamos vivos y eso es lo importante.

Para no cerrar con broche de oro sino con el deseo de abrirnos a la esperanza en otro mundo posible, les comparto mi poema inspirado en Ana Frank. Poema que incluí en mi libro El viaje que no elegimos, Guadalajara, Jalisco, México, Literalia editores, 1999, p.41:


Sin embargo Kitty,  todavía vivo, como dice papá y eso es lo importante.
                                                                                   Anne Frank

Kitty era el nombre del diario que dibujo su rostro
para darle confianza y volverla poema del perdón.
Por eso Ana-Frank  —la cabrita desatada—
llega a museos del siglo XXI
Y los niños comienzan a imitarla.
Y le dan vida a cuadernos que pronto saben escuchar.
Esos niños escriben y suspiran, junto a los amigos de papel,
con quienes se puede hablar de todo
sin esperar ser traicionados.
 
 



sábado, 21 de enero de 2012

Presentación de mi libro: "Los zapatos del niño guerrero" en la Casa de la Cultura de Motozintla de Mendoza, Chiapas.

Después de una venturosa y escalonada vuelta a través de ciudades del norte del país y de la Sierra Tarahumara donde también nos dejamos conducir por grandes tramos de lo imprevisto gracias al tren “EL Chepe” (sobre lo demás de la historia de esta viaje platicaré en su momento) la lógica del corazón me decía: ya que llegaremos de nuevo a Guadalajara el día 24 de diciembre, aprovecharé para celebrar la fiesta de Navidad, junto a mis amigos, en mi departamento; pues al otro día –habiendo ya realizado el esfuerzo de renacer junto a Dios niño— viajaremos rumbo a Chiapas donde pasaremos a casas de amistades de seres, cosas, pueblos y misterios colosales que me irán diciendo: En esta nueva vida, Martín, desembocarás, junto a tus amigos, en el recibimiento regalo de Dios a través de las personas que en la Casa de la Cultura de Motozintla de Mendoza, te convocaron para celebrar el nacimiento de tu nuevo libro: “Los zapatos del niño guerrero”. Y así fue, pues el día 30 de diciembre del 2011 estuve entre personas dignas representantes de quien da vida en abundancia, como es el caso, excepcional entre lo excepcional, de mi amigo-compadre-hermano: Pompilio Enrique Montesinos Roblero –Presidente del Club de Leones de Motozintla-- quien movió los lienzos visibles e invisibles para efectuar esa presentación con el permiso amable del Dirigente del Museo Comunitario de la Casa de la Cultura, el antropólogo Roy Roblero.
En el acto de presentación de mi libro, los niños de la marimba llamada “Marimba infantil” nos conmovieron (nos movieron el piso) con la ejecución de finas interpretaciones; tales como “Ferrocarril de los andes.” En este acto de la presentación de mi libro también contamos con la presencia de personas amantes de la poesía y de saber reconocer a los otros. Además estuvieron presentes mis amigos de infancia y aquel proveniente del Seminario religioso cuando viví el deseo de ser presbítero católico y donde también –agradecido—decidí cambiar el rumbo de mi vida. En esa presentación sin trampas y sin esa clase de espinas innecesarias que los lobos rapaces a veces suelen poner en el camino, nos regaló el tono de su voz el niño Aroldo Montesinos Fernández quien leyó un reconocimiento a mi libro proveniente del Dr. Pablo Ayala Enriquez, director del Departamento de Formación Humanística, Ética y Ciudadana del TEC de Monterrey, Campus Guadalajara. La lectura que efectuó mi amigo: el niño Aroldo Montesinos Fernández fue magnífica. En esa mesa de lecturas y palabras de magia y reconocimiento, mi amigo francés Julien collado (quien es Maestro en la impartición del francés como lengua extranjera por la Université Nancy Deux) moderó la mesa, además de leer el prólogo que escribió para mi libro el gran poeta Balam Rodrigo. Luego, mi amigo–compadre-hermano: Pompilio Enrique Montesinos (heredero de la dignidad que caracterizó y caracteriza a su padre –también mi amigo-: Don Pomplilio Montesinos Moguel, que al dejar una vida se hizo de una más grande para estar para siempre entre nosotros) dijo sus propias palabras respecto a mi persona y leyó el texto que confeccionó inspirado en mi poemario.

Además de grandes amistades forjadas en mi infancia; amistades tales como la de Alfonso Aguilar Mora, Rafael Orona Aguilar, Jesús Eduardo Liy Mayorga (también mi primo) estuvieron presentes amistades excepcionales a las que doy gracias por su existencia. Me refiero a Haroldo Montesinos Roblero, Virginia Guadalupe Liy Mayorga (también mi prima), Francisco Arturo Montesinos, Mi comadre Carmelita Fernández, Ivonne Ortiz Mérida (también mi sobrina) Saukey Hueda Liy (también mi sobrino), Alex Cisneros (hijo de Richard mi querido profesor de Inglés en los tiempos cuando yo cursaba la Secundaria.), Luis Ortiz Mérida (también mi sobrino), Alejandra Uribe (novia de uno de mis grandes amigos) Kristhian Mayorga (también mi sobrino), Freddy Mayorga (también mi sobrino) y un largo etcétera donde cuenta de manera especial el maravilloso líder de mi ciudad, el profesor Amilcar Roblero quien asistió acompañado de su hijo. Claro, también estuvieron junto a nosotros múltiples amantes de la poesía. Además de estos regalos, de manera especial tuve la grata presencia de buena parte de mi familia Mérida Mayorga, como la de mi madre: la profesora Consuelo Mayorga Bartolomé, mi hermana Luz del Carmen, mi hermano Manuel de Jesús, mi hermana Leticia Mercedes. Y muchos bellos sobrinos tales como Jenniffer y Aldo; entre otros. Además de primos, sin dejar de mencionar a mi cuñado Ricardo Zepeda Hernández. En efecto, frente a estas presencias en el curso que atravesó ese horizonte (curso dialéctico, en consecuencia) con el ánimo de hacer algunas pausas que le dieran fondo de vida y experiencia a mi lectura de poemas a ese amable y participativo público, hablé de algunas experiencias acaecidas en mi oficio de poeta. Sí, el 30 de diciembre de 2011, el ayer y el futuro de mi estar siendo en este planeta, recibió y fue recibido por los otros como agua de una cascada de luz –parecida a la del Chiflón, Chiapas-- que ha hecho de mi existencia un viaje tan extraordinario como velo maravilloso de una novia que del amor con justicia sabe mucho y de manera sobrada; pues en ese día, bajo los mantos de la tarde y la noche, conté también con la presencia cómplice de un gran amigo: el autor amante de lo indestructible.

Las primeras semillas en el horizonte de (aún sin saberlo) ver un día nacer este libro: “Los zapatos del niño guerrero”, se sembraron cuando, por azares de la vida, hace más de veinte años durante cinco meses en una experiencia que narraré en otra ocasión, pude experimentar en carne propia algo de lo que creativamente realiza un niño de la calle para sobrevivir a las patadas de la vía pública. Luego de haber pasado algunos años de esa experiencia, la Red Nacional de los Derechos de los niños auspiciada por la UNICEF, hizo posible que yo estudiara el diplomado de 146 horas (duró un poco más de seis meses) sobre Derechos y Necesidades de los Niños y las Niñas. Diplomado que se efectuó en el ITESO (Universidad Jesuita, en Guadalajara) y que culminé el 25 de noviembre del 2006. Así, abriendo el baúl mi experiencia (también presente y no sólo pasada), aquel propio de las observaciones convocadas por mis estudios, mi oficio de poeta y escritor; además del desenvolviendo el tesoro de mi amistad con algunos niños de la calle: brotó mi libro de poemas en cuestión y que ya recibió su primer bautizo, pues este niño-libro: “Los zapatos del niño guerrero,” además de estar coeditado por la editorial la Zonámbula ( que dirige el poeta, periodista e investigador de la UDG, Jorge Orendáin), el TEC de Monterrey, Campus Guadalajara, y el programa de fomento de la lectura del propio TEC; mi libro tiene la bendición de mi pueblo. ¿Qué más puedo pedir? … No sé. Pero, por ahora, ofrezco disculpas por los nombres de las personas que asistieron al evento y que aquí no pronuncié; no se trata de olvido ni desaire; ya saben: todos laten en mi alma. ¡Gracias por existir!

miércoles, 11 de enero de 2012

Desenvolvamos el valor del servicio en este año nuevo.

(Dedico este escrito a Facundo Cabral, quien como canta-autor, llenó al mundo de esperanza. In Memoriam).

¿Alguna vez has sentido que tú eres el otro experimentándote como el compañero de al lado, el señor o las señora de la limpieza, el niño en busca de subsistencia en un basurero, el administrador de una empresa, la muchacha cocinera trabajando muchas horas para satisfacer tu hambre, el trabajador honesto y, sin embargo, realizador de malabares para llegar –a duras penas—al fin de quincena para no morir de hambre, ¿Acaso te has sentido albañil cuya vida depende del hilo-andamio a cientos de metros de altura? ¿Has visto con los ojos de un músico de camiones o con los propios de los invidentes; aquellos ojos puestos no sólo en el alma? ¿Te has experimentado como papá, mamá, niño, tío, hermano, primo; etcétera? Tal vez también te has adentrado en ojos de quienes realizan proyectos sensibles e inteligentes de servicio y has devenido una existencia con y para los otros. Cuando escribo la expresión con los otros, también incluyo a los animales quienes siempre deberían ser tomados en cuenta en nuestras consideraciones morales. Sin olvidar aquí a Emmanuel Lévinas que ve especialmente en el rostro del hombre la epifanía donde Dios revela.

Cuando nos hemos vivido escindidos, experimentando sólo nuestro lado oscuro y hemos señalado de manera cruel a los otros como causantes de nuestros daños: ¿acaso, en un brote de lucidez, no sentimos que nos hemos señalado a nosotros mismos? Y cuando hemos armonizado lo blanco y lo negro convirtiéndonos en luz para los otros: ¿no nos intensificamos en hermosura por haber asumido nuestra realidad humana a veces sólo puesta en un horrible paréntesis? Quien no siente de este modo, ¿puede hablar de verdadero servicio y creerse revolucionario o un hacedor de justicia? Puede; por supuesto que puede, pero será mera vocinglería alimentada en la razón de estrategias cínicas. Muchas noticias impresas en los mass medias (y, en especial, otras tantas sobre nuevas formas de hacerle la guerra a los otros) como constatamos en el pasado 2011, me economizan las palabras.

El filósofo judío Martin Buber, dejó escrito el legado de su búsqueda que fue, es y ha sido vivido por seres ejemplos de humanidad debido a sus proyectos de justicia en términos de solidaridad: “No existe el yo sin el tú”[1] ¿Acaso la gente se arregla frente al espejo sólo para agradarse a sí misma?.. Por otra parte, bien mirado, el modo como tratamos a los otros, depende de nuestro pensar sobre el significado de ser persona; de tal manera que si en el fondo pienso en las realidades humanas como cosas, lo sepa o no, de manera irremediable pisotearé a los otros, pues mi mirada no alcanzará a ver lo sagrado impreso en esas otras realidades (lo sagrado es expresado aquí como contraposición a lo que deviene cosa al servicio de un mero pragmatismo mercadotécnico). En términos cristianos, ya que estamos en los inicios del 2012, bien ha mencionado un teólogo: en lugar de devenir rey mago –servidor auténtico del otro— me convierto en una especie de rey Midas al tomar al otro como mera mediación para proyectos fundados en el deseo del oro; del poder y la avaricia.

Analicemos la frase tú eres yo, pero invertida. ¿Hay diferencia en decir tú eres yo, a expresar yo soy tú? Por supuesto, sí la hay. Quizás esta diferencia explique la voluntad de dominio prevaleciendo y caracterizando la macro-historia sobre nuestro planeta. Cuando digo yo soy tú, impongo mis razones imposibles de aceptar las diferencias. El dominio de una pocas naciones sobre otras; la explotación del hombre por el hombre; el haber convertido a Dios en imagen y semejanza del ego enfermo, se explica desde esta cerrada mentalidad.

Cuán espantosa ha sido la realidad al ser creada desde un yo solipcista y dominador; un yo imposibilitado para tomar en cuenta el corazón del otro. Veamos: El yo soy tú se encuentra lejos de captar la realidad del otro porque quien así vive no ha permitido la liberación de su conciencia; no ha escuchado al otro que también vive dentro de sí mismo; se ha vuelto sordo al universo y ha impuesto sus fanatismos, sus dogmatismos; vaya: sus subjetivismos. En cambio, el tú eres yo, habla de posibilidades de crecimiento y nos invita a ser personas siempre dispuestas a cambiar de mirada a fin de darnos cuenta de todo lo que hemos negado; incluyendo a los animales por supuesto (pues aunque éstos últimos –según los eticólogos de corte kantiano—no puedan ser defendidos en términos de dignidad; no por ello dejan de ser valiosos, inteligentes y misteriosos desde perspectivas múltiples).

En más de una ocasión he escuchado a filósofos latinoamericanos que, siguiendo al filósofo español Xavier Zubiri, lanzan severas críticas a las definiciones de hombre que no toman en cuentas su naturaleza inteligente sensible. El hombre, dicen, no puede definirse sólo como animal racional. Si así se le definiera quedarían excluidos los pueblos que, antes de racionalizar, tienen urgencia de satisfacer el hambre y abandonar la miseria; quedarían excluidos los niños en sus fases concipientes y ludicantes; por ello, muchos filósofos latinoamericanos proponen –siguiendo a X. Zubiri—que el hombre debería definirse como “animal inteligente sentiente.” Hay demasiada verdad en esta propuesta porque, además, el alcance de esta mirada se puede corroborar con los modernos hallazgos científicos sobre el rubro inteligencia. Por ello, más allá de un asunto de moda o de Best sellers, es válido hablar hoy sobre inteligencia emocional (que bien mirado termina siendo una ética de la emociones) que es sobre todo una inteligencia imposible de olvidar el corazón.

En resumen: el yo soy tú destruye al otro, pues le niega el derecho a manifestar su diferencia y a expresarse a través de su propia palabra. Por contraposición, el tú eres yo nos eleva a vivirnos personas grandes por humanas; verdaderamente empáticas, coherentes, congruentes, responsables, libres. Tal cual vivieron y bien pueden vivir en nuestro interior y exterior, seres extraordinarios como Buda, Jesús de Nazaret, James Aggrey (prócer de la liberación de Ghana), Ghandi, Luther King, Teresa de Calcuta, Dante Aligheri, Miguel de Cervantes Saavedra; quizás nuestros padres, nuestros abuelos, el pintor que vive en la calle, el payasito, el tragafuegos; etcétera.

Pero duele constatar como en muchos ámbitos lo que menos importa es crecer como humanos y, por consecuencia, el fondo de lo que implica reconocer al otro es reducido a polvo. Y, peor aún, es deplorable constatar el miedo en quienes hoy se comportan como lugartenientes medievales que impávidos –y muchas veces con aplausos-- miraban morir a la inocencia. ¡Ah!: ¡Todos los siglos de horror se pueden dar en instantes de los desencuentros! ¡Ah!: ¡Cuánto desencuentro hay en quienes debido a sus sueños de oropel y de artificio viven proyectos donde el otro permanece enterrado.

Hace algún tiempo, un amigo me persuadió al estudio de libros sobre inteligencia emocional; libros donde se repara en la educación de los sentimientos y emociones. Cuánta similitud he hallado entre la manera de ver al hombre por parte de estos estudios, con la manera de mirar al hombre, como ya más o menos dejé explicado, por parte de nuestros filósofos latinoamericanos.[2] Pienso lo grandioso que sería conjuntar las intuiciones de la filosofía latinoamericana con los descubrimientos de los autores sobre inteligencia emocional (inteligencia emocional como ética de las emociones; claro). Sin duda esta conjunción nos proporcionaría grandes descubrimientos para nuestro deseo de ver y actuar con nuestros semejantes a partir de los que nos particulariza como espacio latinoamericano sin olvidar las coincidencias que nos unifican con el mundo.

Dicen algunos genetistas que en las narices de cada ser humano es muy probable que se encuentren células que pertenecieron a nuestros hermanos los dinosaurios. Si esto es verdad, no es muy exagerado decir que también portamos células de hombres primitivos, parisinos, africanos y elefantes. ¡Hasta la genética confirma nuestro vivir en un mundo hermanado! Luego, entonces, no está de más subrayar: “Lo que hago al otro me lo hago a mí mismo” y, de esta manera, nos movemos en el plano donde amar lo otro significa una opción de ética desprendida del amor que necesariamente se manifiesta en términos de justicia comprometida de manera solidaria. El filósofo latinoamericano Enrique Dussel expresa de manera brillante esta cuestión: “Es necesario situarse cara-a-cara en la gratuidad del servicio.” Esto es igual a decir: la elección salvadora consiste en aprender a situarnos, ante el otro, en una relación de hermanos donde nadie –presa de sus deseos de poder—mata al otro. Y dónde nadie –presa de su demencia—sacaría a relucir sus sentimientos de inferioridad expresados en delirios de grandeza.

Imaginemos a los dueños de las empresas situados en el tú eres yo. Con seguridad, estos empresarios se preocuparían por el trato digno hacia cualquier trabajador, pues se darían cuenta de que se hace justicia al comenzar a comprender la historia de cada persona, no sólo la historia lejana; sino la inmediata, y tendrían ojos para ver a quien hoy no se ha comprendido, a quien no pudo darle de comer a sus hijos o sufrió un accidente en su auto mientras se conducía al trabajo; etcétera. Por supuesto, la relación de servicio del cara-a-cara ético nos volvería conscientes de quien sufre la pérdida de un familiar cercano o el diagnóstico fatal de un médico; por poner algunos ejemplos. Seguramente en esas empresas nadie se erigiría en lobo para el otro. Al respecto y al revisar una invitación para asistir a una obra de teatro del genial Edward Hopper, me sorprendió la frase del inicio de esa invitación: “Sostenemos la mirada sin darnos cuenta que a quien vemos es a nosotros mismos dentro de esa habitación.”Así, quien se niega a ser (a fuerza de no querer conocerse) mirará sapos y demonios en el otro; sin reparar en que mira sus propios sapos y demonios. Por contraparte: si esa persona debido a la lucha que conlleva al cambio de mirada ha devenido armoniosa, mirará lo sorprendente gracias al misterio inalienable, impreso en cada ser humano.

Imaginemos el tú eres yo en nuestras relaciones de pareja: con grande amor sabríamos oír, pues como lo indica nuestro filósofo Enrique Dussel: “saber oír es condición del saber interpretar para saber servir.” El no saber oír nos hace perder lo sagrado y maravilloso de la voz distinta. Si realmente escucháramos la voz del otro, nadie vendería su alma a cambio de negrura y, además, tomaríamos la opción de ser honestos no sólo por amor propio. Siguiendo este horizonte: imaginemos que los jefes de Estado de países poderosos antes de tomar decisiones donde se pone en peligro la vida impresa en la tierra, de pronto dijeran: ¡Tú a quien deseo aplastar, eres yo!

Quizás a alguien le parezca ingenuo lo hasta aquí dicho. Sí, cuando nos negamos a crecer como verdaderos humanos, el amor suele sonar a ingenuidad y, no obstante, sólo el amor incondicional y que se manifiesta en la gratuidad del servicio que sabe mirar al otro como otro, es el que salva. ¿Acaso no estamos hartos del poder que pisotea la dignidad? ¿Hasta cuándo nos pondremos de parte del amor que da vida en abundancia?

Miremos, sintamos, pensemos: ¡Cuántos siglos han pasado de ser sólo espectadores de espantosos fratricidios! ¡Cuántos milenios de sacrificar a la inocencia en nombre del absurdo! ¡Cuántos siglos de indiferencia!

En verdad, no parece bueno sólo mirar, sentir y pensar todo lo que disminuye nuestra condición humana; también es necesario darse cuenta de las pasadas y actuales realizaciones de quienes actuaron y actúan éticamente cifrados en el servicio y, así, tomar ejemplo. Quizás ese darnos cuenta nos motive y nos lance a la acción que sabe escuchar para hacer de este año 2012 una casa sin violencia.

El tú eres yo; la empatía verdadera: sentir dentro o desde dentro del otro, es el fundamento de todo auténtico servicio y conlleva no sólo la relación de un ser humano ante otro ser humano (aunque esta relación es principio insoslayable; pues como señalara don Octavio Paz en su poema Mutra: “… el hombre sólo es hombre entre los hombres”).

El tú eres yo; la empatía verdadera, debería darse en relación con los seres y las cosas.[3] Sí, imagínate diciendo sin temor a sentir: árbol, tú eres yo; sol y luna, ustedes son yo; jaguar, tú eres yo; agua, tú eres yo… En este momento llegan a mi memoria algunos referentes del cantante y autor argentino Facundo Cabral. Autor asesinado en Guatemala en el amanecer del 9 de julio de 2011, cuando en su obra discográfica (parecida también a su testamento): “No estás deprimido, estás distraído,” nos menciona otros horizontes con los que también podríamos crear empatía: “…las flores del campo, el chocolate de la Perugia, la baguette francesa, los tacos mexicanos (…) los mares y los ríos…” Pero sobre todo y siguiendo la perspectiva, que en este escrito he dejado entrever como insoslayable, necesitamos solidarizarnos con los empobrecidos, los hambrientos, los que lloran, los odiados, los excluidos, los proscritos; tal como lo entrevió en el discurso inaugural de Las bienaventuranzas: Jesús, el de Nazaret.
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[1] En Europa entre los buscadores de la presencia del otro (el tema de la otredad) destacan los filósofos Emmanuel Lévinas, Jaques Derrida y Gadamer. Retomando y añadiendo nuevos aspectos a la cuestión fenomenológica, los tres son continuadores de las intuiciones del filósofo
judío Martin Buber. Lévinas coincide en muchos aspectos con Buber, pero también marca sus diferencias y sus nuevos descubrimientos se han forjado en luz para el reflexionar filosófico no sólo en Europa, sino también de América Latina.

[2] Cfr. RICO, Bovio, A: Las fronteras del cuerpo, México. Edit. Joaquín Mortiz, p. 13.

[3] La actual teología cristiana (no sólo católica) apoyada por la filosofía, la antropología y la sociología, está explorando con sagacidad acontecimientos que para otras ciencias pasan desapercibidos. Por ejemplo, el teólogo brasileño Leonardo Boff nos dice en su “Gracia y Liberación del hombre,” Ediciones Cristiandad, Madrid 1980: “… el encuentro es una manera de situarse ante la realidad.” En efecto, esta idea llena de concreción histórica nos habla de una actitud hacia el mundo; actitud que puede ser de soberbia, o de aceptación creativa ante las diferencias.

BIBLIOGRAFÍA

PAZ, Octavio: La estación violenta. FCE, México, 1958.
TOURAINE, Alain: Critique de la Modernité. FAYARD, Paris, 1992.
RICO, Bovio, A: Las fronteras del cuerpo. JOAQUÍN MORTIZ, México, 1976.
LEVINAS, Emmanuel: La huella del otro, TAURUS, México, 1991.
DUSSEL, Enrique: Filosofía ética latinoamericana. EDICOL, México, 1978.
AA.VV: Acerca de la filosofía latinoamericana. GRIJALVO, México, 1976.

Facundo Cabral
: "Vuele bajo."

miércoles, 12 de octubre de 2011

Vivir el universo. (Breves comentarios al libro “Al rasgarse el Arco iris” de Jorge Manzano, S.J).

El día 21 de septiembre el grupo de Los Conspiradores* del ITESO me pidió presentar el libro Al rasgarse el Arco iris del filósofo Jorge Manzano, SJ. La presentación se efectuó en la Capilla Elías Nandino del Ex-Convento del Carmen; lugar donde hasta las piedras se pusieron de fiesta porque no siempre contamos con humanos de la altura de Jorge, cuya filosófica presencia es una revolución al poseer todas las edades. Aquí dejo mis palabras.

Miércoles 21 de septiembre de 2011.
Ex Convento del Carmen de Guadalajara, Jalisco.

Al cerrar la última página del libro “Al rasgarse el Arco-iris”, advertí que su autor no sólo viajó durante muchos años al viejo continente para, traspasando cementerios, hablar con los filósofos más vivos que muertos: Kierkegaard, Hegel, Schopenhauer y Nietszche; pues la escritura de este texto constituye una travesía por la geografía del lenguaje generando un relato conversacional porque, derrotados los subterfugios de la imágenes abstractas, se logra a través del género epistolar un estilo literario cuya sencillez revela la aventura que da cabida al misterio. Estilo de permitirle al autor manifestarse con buen sentido del humor ya que lo dicho se da a entender con claras y variables resonancias poéticas aunque los asuntos sean filosóficos. En efecto, en estas páginas Jorge Manzano, SJ, nos ha enviado una serie de cartas (misivas antes dirigidas a un amigo) que en su conjunto configuran un relato de viaje en orden de aligerar el camino de su lectura. Relato de viaje filosófico, sin preámbulos, para transmitir cómo el universo se puede vivir tanto en el bosque de Gribskov, en los altos de Chiapas o en la mirada ventana hacia los otros llegando desde épocas distintas. Porque, afirma el autor: “El amor universal es el más concreto." Así, entre Episodios Daneses y Secuencias de Invierno, los mensajes recibidos en este volumen editado por la Universidad Iberoamericana, nos involucran a dar una respuesta porque el yo narrativo despierta colores y a veces nos duele el color en la tragedia amorosa entre Kierkeegard y Regina o nos regocijamos con las tonalidades en el fenómeno espiritual experimentado en una boda en Bachajón, Chiapas, donde:

“… Novios e invitados estaban dispersos y en silencio. Nada parecido a nuestros saludos, abrazos, estrépitos y arroces (…) Estuve yo en silencio embebido por la atmósfera tibia, serena, azul cielo con ligero tinte rosa. De pronto el cielo súbitamente cambio de color y se puso de un suavísimo color ocre ensueño con el azul del cielo y el rosa en otro tono. ¿Sería ilusión? (…) De haberlo sabido, Hegel hubiera podido mencionar esta vivencia en su libro sobre innumerables fenómenos espirituales”.

Con el encargo, por parte del Grupo de los Conspiradores, para realizar un escrito a ser leído en esta presentación, hice mi lectura de "Al rasgarse el Arco-iris" en un viaje cuyos pormenores relato en la siguiente carta escrita de cara al mar de Mismaloya; en Vallarta, Jalisco. Carta para hacer llegar hoy a Jorge mediante el buzón de lo ilógico; pues la expresaré en voz alta en el aquí y ahora con Jorge a mi lado en este lugar de reencuentro con ustedes localizados frente a nuestros ojos. Aunque con lo aquí dicho no estoy afirmando (para darle a entender a Jorge que quiero ser uno de sus buenos discípulos) que en sentido filosófico sepa yo del todo dónde me encuentro.

Querido Jorge:

Dos días antes de partir hacia una breve estancia en este lugar llamado Mismaloya, mientras me conducía a un cajero automático de Guadalajara, Jalisco, llevaba tu libro “Al rasgarse el Arco iris” sin saber todavía si el volumen trataría sobre un viaje parecido al de Demeter o al de Dante en la Divina Comedia o al país donde toda maravilla, a pesar de Alicia, se convierte en mercancía… Y, mientras obtenía el dinero necesario para realizar mi periplo, dejé reposando el libro en la parte superior de ese utilitarista artefacto ya anticuado para las necesidades de quienes soñamos. Mientras, afuera estaba haciendo turno un señor bien trajeado y con corbata finísima a quien, para no hacerle esperar, le di el privilegio de apresurarme a salir de ese pequeño ataúd encristalado. Debido a la prisa, sólo a la mitad del trayecto hacia mi casa, mis neuronas cerebrales hicieron su movimiento de billar para darme cuenta de la ausencia del libro; objeto por el que regresé casi volando, pues ya me empezaban a gustar las sugerencias en el azul de su portada. Pero, al llegar de nuevo al automático cajero que se baña cada día mil veces en el mismo río, se rasgó mi corazón al percibirme sin ese tipo de Arco-iris de papel. ¿Se lo robó el señor bien trajeado? No lo sé. No obstante, afirmo que ese hecho acrecentó mi deseo de leerte porque, al obtener de nueva cuenta el libro anhelado, me estremeció saber que Hegel se puede leer en Chiapas. Y, por lo tanto... ¿Por qué no?: también Chiapas se puede leer en Hegel. ¿No?

Jorge: es venturoso viajar por páginas de tu libro en este lugar. Venturoso y extraordinario porque, entre otros hallazgos, gracias a mi lectura, de pronto me hago consciente de tu haber estado aquí en el año de 1969 bajo un gran árbol que bien pudiera ser éste en el cual me miro escribiéndote y dónde se asegura que hiciste llover. ¿Será mera ilusión tanta coincidencia?.. Desde este árbol, un Arco iris de los que pertenecen al alma de quienes luchan para abrirse paso en la vida forja al mar; mientras, por su parte, el atardecer escribe páginas que Hegel puede comprender, pero tal vez no Kant el filósofo del deber por el deber y no por el deseo. Así, mientras escribo, la tarde me susurra al oído que como tú también he salido a pasear con los muertos incansables de contemplar el mar; tan es así que no hace mucho despedí a uno muy querido cerca del cementerio de Motozintla de Mendoza, Chiapas (mi lugar de nacimiento) no sin antes prometerle que pintaría su tumba de color naranja radiante y que regresaría por él, en una tarde de domingo, para ir a conocer un lugar donde asesinaban humanos y se les trataba como muchos hacen con las vacas.

Jorge: culmino aquí esta carta porque comienza a amanecer la obscuridad y me están dando ganas de zambullirme en el mar y, si le doy largas al asunto, ya no podría dejarme perder con la puesta de sol.

Hasta pronto.

Apreciable auditorio:

Después de haberles compartido el principio de este final pasando por el contenido de la carta que de mi parte hoy recibió Jorge, debo decir: El libro “Al rasgarse el Arco-iris” constituye una rebelión y una revelación porque, frente a cualquier pretensión academicista, en estas páginas permanece la convicción del autor de que no se pueden ocultar lo múltiples rostros de la luz. Tal vez esta última afirmación moleste a la mera racionalidad analítica sin oídos para escuchar a quien en este volumen, a través del optimismo aprobado por la vida, se encarga de conversar con el miedo, el amor, la tristeza, la muerte, la risa, el llanto y con el Arco-iris que sigue llegando en la canción de las buganvilias, la garganta del agua; los hombres y mujeres pez, serpiente, maíz, montaña. Hombres y mujeres lejanos a las ambiciones de los sepultureros de un porvenir más radiante. Sí, lo podemos palpar: “El Arco iris se sigue rasgando y se volverá a rasgar” porque contiene el fulgor de lo bello y lo bello, como alguna vez dijera el poeta Octavio Paz, está adelante y nos llama a ser nosotros mismos.

Gracias.
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*El grupo de los conspiradores está formado, en su mayoría, por estudiantes de Filosofía del ITESO. Y la conspiración que confabulan consiste en organizar una serie de eventos como reconocimiento y en homenaje a Jorge, quien ha sido directa o indirectamente un sabio profesor de filosofía de muchas generaciones. A este grupo también pertenezco aunque soy egresado de la Maestría en Filosofía y Ciencias Sociales.
En la foto: el filósofo Jorge Manzano, SJ.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La muerte de Lucky Bambú

Apreciable amigo:

Una amiga llamada Martha Arévalo al cambiar de centro de trabajo me heredó a Lucky Bambú: ese ser misterioso que estando bajo mis atenciones todavía creció un poco más, compartiendo la diferencia de su luz al espacio de mi oficina. Los verdes ensueños de su manera de desenvolverse sorprendían a quienes quieren tener ojos para ver. Y, como se lo prometí a mi amiga Martha, nunca olvidé darle de beber agua pura en dosis templadas. Y muchas veces también le canté. Pero un día, uno de sus brazos verdes amaneció por completo amarillo; mientras el otro estaba en pleno verde fulgor. Me pareció ver, en esa realidad, el retrato de vida y muerte en un mismo tallo. Por ello, hubo quienes metieron su cuchara e interpretaron tal fenómeno con esoterismo ramplón. Si digo lo del ramplón esoterismo es porque no niego la posibilidad de la existencia de alguno que otro esoterismo profundo toda vez que la actitud filosófica enseña a no descartar sin antes conocer cualquier horizonte sólo porque existan idiotas de pretender tirar de un manotazo lo incomprensible gracias a sus prejuicios. Este tipo de personajes son primos hermanos de quienes dan recetas imposibles de provenir de preguntas bien planteadas; se trata de existencias carentes del mínimo esfuerzo para imaginar y pensar. ¡Ah!.. Hubo quien llegó a decirme: “Martín; cuando Lucky Bambú muera es muy probable que tú también mueras. Trata entonces de conservar la vida de lo que aún le queda". Menos mal: mi corazón nunca se dejó engañar por boberías parecidas a las de los profetas del abismo cuya instrucción la recibieron de quienes dan atole con los Bet-Seller de aprovecharse de la necesidad espiritual del mundo.

Para no darle largas a esta carta, omitiré algunos detalles que en otra ocasión sacaré a relucir. En efecto, el primer brazo de Lucky Bambú se desprendió por completo y algo se apagó dentro de mí; pues, sin remedio, suelo experimentar lo dicho por un filósofo: “Uno muere un poco cuando mueren los otros.” Después de 22 días, el otro brazo de mi entrañable amigo amaneció casi por completo amarillo; pero en su mano todavía sostenía una ramita verde indicándome que antes de partir me estaba haciendo un regalo. Ni tardo ni perezoso, agradecido, recibí ese ofrecimiento .

Cuando Lucky Bambú me dijo adiós por completo, para volvernos a ver en otro Reino, estaba retoñando en el vaso de agua que ahora tengo en la sala de mi casa. En fin, como ya te diste cuenta, pese a las predicciones de los falsos chamanes (porque hay chamanes aprobados por la vida y por sabias comunidades) no sólo Lucky Bambú sigue vivo en otro Reino; aunque ese movimiento cause enojo a patanes que cuando hablan, enclavados en sus dogmas, obsesiones y fanatismos, no tienen la mínima idea de los horizontes de responsabilidad y respeto. Horizontes claves en la Ética además del cuidado de sí y la justicia.

Amigo, esta es la historia que obedece a la gentileza de tu pregunta sobre Lucky Bambú. Agradezco a la vida que tú también lo hayas conocido en sus grandes aspiraciones. No obstante, ahora que ha vuelto a ser pequeño, pues me acaba de decir que iniciará caminos nuevos.

Un abrazo.

lunes, 1 de agosto de 2011

*

Nadie vino a este mundo


con un boleto de abordar el cansancio


que rueda sobre vías sintácticas de engaño





Nadie vino a este mundo


como invento para alimentar


un viaje no elegido.


Sin embargo estamos aquí


forjando el trayecto


que nos conduzca a casa.


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* Poema que escribí a propósito del Auschwitz que todos llevamos dentro y que aparece en mi libro "El viaje que no elegimos," publicado por Literalia editores en el 2009, en Guadalajara, Jalisco, México. © Derechos reservados. ISBN: 978-607-1909-8