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miércoles, 9 de julio de 2014

ALGO SOBRE MI CURRICULUM VITAE OCULTO


(Mi Curriculum Vitae oculto fue mostrado, por primera vez,  mediante el Facebook, el 17 de marzo de 2014. Ahí aparece con el  título: ALGO DE MI BIOGRAFÍA OCULTA PARA QUE NADIE TERGIVERSE LO QUE FUI Y SIGO SIENDO).
 
1.- Comencé a correr hace ya muchos años debido a una terrible enfermedad de la presión que por fortuna superé. No obstante, no corría carreras de competencia hasta que el profesor Martín Deloya  (un compañero de trabajo) me ayudó a darme cuenta  que podía correr 21 kilómetros y maratones completos. Y así fue. Ahora sigo corriendo y en mi haber tengo cuatro maratones completos terminados, 22 medios maratones y muchísimas carreras de 5 y 10 kilómetros. Mi primera carrera fue la que organiza la iglesia católica desde la catedral de Guadalajara hasta el Santuario de los Mártires, lamentablemente en esa ocasión corrí como mártir enfermo de gripa.

2.- En Guadalajara me conduje en bicicleta en los años noventas. Se trataba de una bicicleta de carreras. En ese entonces conducirse en bicicleta no era una pesadilla. Por lo tanto no es de extrañar que al volver a esta bella ciudad me dispusiera a recorrer las calles en bicicleta, pero ahora sólo lo hago para salir los domingos en la Vía Recreativa y a paseos fuera de Guadalajara junto a grandes amigos.

3.- Me inicié en la fotografía desde mi infancia gracias al padre Abraham Rodríguez Piz, quien fue sacerdote amigo en mi ciudad de nacimiento y quien, como me asombraba de todo, me enseñó a manejar una cámara fotográfica profesional de aquel tiempo y desde entonces siempre tengo conmigo un aparato para no dejar escapar lo que no ha de regresar.

4.- Aparte de escribir poesía, novela y ensayo,  otra de mis principales pasiones es la música, así que a nadie le extrañe que valore tanto a la música clásica, el jazz,  como Pink-floyd. Además de un buen repertorio de cantantes universales.
5.- ¡Lo de mi afición a la lectura para qué decirlo!
6.- Comencé a coleccionar máscaras desde el año 2001.
7.- Lo he abandonado todo por seguir algo nuevo cuando menos 4 veces en mi vida.
8.- Soy bautizado católico y no me disgusta; claro: no soy fanático y, por consecuencia sigo luchando para que mis acciones no se  desliguen de una ética cívica, laica y basada en los Derechos Humanos. Así que cualquier persona atea o de cualquier religión  puede convertirse en amigo, excepto quienes se comen a los humanos aunque sea de manera refinada.
9.- Aparte de mi propio idioma hablo la lengua francesa; lengua que aprendí  a querer gracias a un amigo que tuve en Motozintla de Mendoza, Chiapas, hace ya muchísimos años.
10.-Ahora acabo de leer “The treasure of Monte Cristo;” claro, en inglés.
11.- Canté en el metro de la ciudad de México luego que fui objeto de un robo y necesitaba regresar a Chiapas. Podría seguir haciéndolo, creo que me fascinó.
12.- No soy experto en cocina, pero cuatro recetas me salen muy bien a decir de mis amigos. Por supuesto deseo seguir aprendiendo.
13.- Fui bailarín desde pequeño y aunque me metí a aprender a bailar en la escuela de baile del TEC de Monterrey en el año de gracia de  2010, todavía sigo bailando sin técnica.
14.- Hice teatro mientras fui estudiante de la carrera de Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Y una obra que escribí fue puesta en escena por la directora de teatro Mary Paz Gómez Pruneda. Obra en la que también fui actor. Obra que se llama “Encrucijada.”
15.- La primera montaña que subí con mi amigo el padre Abraham Rodríguez Piz, fue el volcán del Tacaná y yo tenía apenas 10 años.
16. Cuando alguien que aprecio tiene algún problema, lo primero que se me ocurre es invitarlo a subir una montaña porque, al menos en mi experiencia, me ha servido como terapia divina. Por supuesto también invito a subir montañas cuando no se tiene ningún problema.
17.- Me he requetemuerto 4 veces en la vida. Y, por ello no creo que la tercera vez sea  la vencida. Pero para no andar rodando en esa zona tan temida, mucho me temo haber llegado  a alguna forma de arreglo con la parca.
18.- He sido robado real y de manera simbólica por lo menos cinco veces en la vida, por ello si encuentro algún cabello tirado de alguien que conozco, enseguida se lo regreso aunque ya no lo quiera.
19.- Desde pequeño aprendí algunas formas de miedo, pero cuando leí, por primera vez la obra literaria “El mago de Oz,”  dejé de creer en charlatanerías. Y, además, descubrí que sólo es chamán, mago o psicoterapeuta quien puede hacerle ver al otro lo de valía que ya de por sí posee.   
20. Mi libro predilecto es  “El principito” por ser un regalo que recibí en la infancia. Y desde entonces colecciono diversas ediciones que se le han hecho. ¡Ah!.. Estoy a punto de tener este libro en idioma Tzotzil.
21.-  Opté por ser poeta y escritor y lo puedo decir sin jactancias (cualquier ser humano  si lo decide con profundidad puede ser poeta y escritor).
22.- Aunque sigo siendo sensible (ojalá y siempre lo sea) gracias a los porrazos de la vida dejé de ser "sentimentaloide".
23.- No sé de carros pero muy pronto tendré uno para subir montañas y convertirlo en un proyecto inmerso en la maravilla.
24.- Tengo amigos enormes en el más allá que también sin jactancias puedo decir que me socorren en el más acá.
25.- Tengo amigos enormes en el más acá que también sin jactancias puedo decir que me socorren en el más allá.
26.- No me interesa tener amiguetes sino amigos verdaderos.
27.- Cuando me siento triste tomo café y profundizo más mi tristeza escuchando a Bach.
28.- Me gusta Francisco de  Asís más por poeta que por el santo que fue.
29 .- He dicho algunas mentiras en mi vida. Mentiras que, sin embargo, no han matado ni herido a nadie. No obstante, juro ante los poemas “Piedra de sol” y “Althazor” que sólo  volveré a decir mentiras para salvar la dignidad.
30.- Detesto a quienes jactanciosos de haber dicho siempre la verdad, han lastimado, humillado, pisoteado, y matado. ¡Que los juzgue quien deba juzgarlos, que yo no soy nadie para señalarlos!
31.- He cometido algunas estupideces. Estupideces que le pido a Dios y a la vida no volver a cometer.
32.- Me gustan los elefantes porque siempre se les ocurre andarme defendiendo de maléficos seres.
33.- Colecciono piedras desde antes de tener uso de razón y ahora, a pesar de la razón, todavía las colecciono. Mi piedra principal se llama Parmeneheráclita y fue  el primer ser que se me ocurrió traer desde Chiapas (la piedra es creación del Volcán del Tacaná) recién me desempacaba en Guadalajara. En efecto, hace ya algunos años Parmeneheráclita se empecinó en que yo escribiera mi primera novela titulada “El poeta y el niño de la piedra.”
34.-Entre las películas que he visto,  aparte de las propias de Akira Kurosawa  donde le proporciona  causas nobles y dignas a los samuráis) me ha dejado honda huella la película de Jean-Claude Lauzon: “Léolo –porque sueño no existo--."
35.- Siempre sostendré que el piso epistemológico en que estoy situado se llama Latinoamerica. Y como uno debe hablar desde donde le aprieta el zapato (tal cual suele decir mi profesor el filósofo latinoamericano Enrique Dussel) es desde este piso donde procuro se desenvuelva mi praxis como profesor universitario.
36.- Etcétera.

lunes, 27 de mayo de 2013

LA PELÍCULA "UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA: LA HISTORIA DE PI”, ME MOVIÓ EL PISO.

El viernes, 24 de mayo, mientras observaba el vuelo de la luz pasando por uno de los pasillos del Tecnológico de Monterrey, lugar donde laboro, me encontré al profesor Juan Allera a quien suelo nombrar como Arquitecto del Universo, pues es arquitecto de los geniales. En ese espacio, desde donde también se presentía la llegada eminente de la primera lluvia de mayo, platicamos un poco sobre algunas lecturas hechas de manera reciente. Siguiendo tal perspectiva, después de narrarle la sinopsis de la novela para niños “El ojo del lobo” (L'œil de loup) del escritor francés de origen marroquí Daniel Pennac (novela donde se entrecruza la mirada del lobo --el lobo azul-- con la de un niño, hasta hacerlos conscientes de estar circunstanciados por historias paralelas de migración forzada; violencia, soledad; etcétera) sin hacer referencia al final para persuadir al profesor a realizar esta lectura, y, sobre todo, omitiendo porqué la historia se llama “El ojo del lobo” y no “Los ojos del lobo,” también le compartí mis impresiones y, mientras realizaba esta acción, de pronto el profesor me dice: “Martín: ¿ya viste la película ”Una aventura extraordinaria: la historia de Pi”?.. Como mi respuesta fue negativa, el profesor después de resumirme gran parte del filme, añade: “¡Y el final en verdad es maravilloso!”


Al despedirme del profesor Juan Allera, el parecido que encuentro tanto en “El ojo del lobo” como en “Una aventura extraordinaria…” que promete un formidable final, me hace comenzar la búsqueda de esta última en formato para DVD. Así, habiendo pasado sólo un día de la recomendación, porque hoy es sábado 25 de mayo, me he lanzado a su consecución y, para ese efecto, me encuentro en Plaza del Sol, pero no la tienen ahí donde suelo comprar películas originales a buen precio; así que, mientras camino sin película, me hago la promesa de rentarla en el Blockbuster, cercano a mi vivienda, con la finalidad de verla en la noche. Pero: ¡Oh, prodigio!: al llegar al centro de la Plaza del Sol, observo muchas sillas desplegadas frente a una pantalla gigante con un letrero diciendo “Cine al aire libre." Decido, por consecuencia, aproximarme a la pantalla donde un muchacho se encuentra poniendo propaganda sobre las sillas y a quien no dudo en preguntarle sobre el nombre de la película a proyectarse. Por toda respuesta, de gentil manera el muchacho responde: Proyectaremos gratis “Una aventura extraordinaria: la historia de Pi.” Pero tenemos que esperar hasta que se oculte el sol.
Son las siete de la noche y el sol relumbra como si fueran las tres de la tarde, así que antes de decidir esperar el inicio de la película ansiada (en este espacio al aire libre) y encontrada de manera misteriosa, me apresuro a buscar un par de tenis en uno de los negocios de esta plaza en cuestión, pues haré la tradicional carrera anual del “Club deportivo San Javier” y me urge renovar mis zapatos para correr. Al regresar, son casi las ocho de la noche y el sol todavía insiste en proyectarse sobre la pantalla donde ya se percibe un 70% de sombra.


Mientras la luz solar se toma su tiempo de proyectar sus propias películas en otras pantallas lejanas a la instalada en Plaza del Sol, aprovecho para escribir mi vivencia del aquí y ahora, además de tomar fotos con la cámara de  mi teléfono celular ya que en esta ocasión no porto mi aparato fotográfico de costumbre. Claro, ahora que estamos a 26 de mayo, mientras traspaso estas letras de mi pequeña libreta a la computadora, me dan ganas de escribir sobre “Una aventura extraordinaria: la historia de Pi," pues me tiene lleno de asombro por su magnífico sentido de fe, genial conducción del director. Y una técnica fotográfica cuya poesía parece ser de otro mundo. Pero, a pesar de toda mi emoción acumulada al respecto, me aguantaré las ganas de escribir mis impresiones y reservaré esta acción para ejecutarla en otro momento. No obstante, adelanto esta breve reflexión: sospecho que atrás de cada ser humano hay una historia sublime para contar, sólo que muchos no se dan cuenta de ello. Sin embargo, si “cada uno elige su pasado,” como bien expresó el filósofo Jean-Paul Sartre, deseo optar por la historia donde lo inefable ha estado latente en mi vida.
Amigos: reciban un gran abrazo.





lunes, 31 de mayo de 2010

Transversalidad (o sobre mi experiencia en el TEC de Monterrey durante mayo del 2010 ).

24 de mayo de 2010.

Monterrey, Nuevo León.

Escribo desde un salón cuya arquitectura parece revelarse como mitad cine de pueblo y mitad sala de conferencias estilo ONU. El salón es viejo y nuevo. Es un salón más entre las instalaciones del Tecnológico de Monterrey, en Monterrey, Nuevo León. No olvido que esta institución fue fundada en 1943 y es razón por la que aquí convergen edificios de ese inmediato ayer delatándose en el hoy. Estoy aquí porque me encargaron desde el TEC, campus Guadalajara, tomar el Taller para el Debate Ético en el Aula. Mientras me encuentro en esta real-realidad, mi corazón parece gritar: ¡Faltan pocos días para mi cumplir años sobre la tierra! Ante estas circunstancias: ¿cómo me vivo?.. Bueno, uno a cada instante se encuentra fruto del devenir tanto de los botones presionados con permiso de nuestro libre albedrío, como de las palancas movidas dentro de un contexto socio-político-cultural con gran peso dentro de nuestras frágiles neuronas cerebrales. Por fortuna, antes de que cante un gallo, la fragilidad se vuelve la fuerza más grande y comenzamos a considerar el destino personal histórico al que se puede burlar si a uno se le pega la gana. Aunque a veces burlar este tipo de destino nos haga brotar considerables golpes y raspaduras. ¿No?.. Por otra parte, mejor salir aporreado y raspado que dejarse ser pisoteado. En resumen: uno suele mirarse entre convergencias y virajes dentro de la realidades sociales, y porque, además, como dijo don José Ortega y Gasset: “El hombre es él y sus circunstancias…”

En gran porcentaje no estoy arrojado aquí, pues viene con los pies de mi íntimo consentimiento; menos mal. Estar sobre este terreno hace experimentarme rodeado por más de treinta profesores pertenecientes a diferentes Campus del TEC. Campus instalados en muchas ciudades del país. Afuera: las montañas derivan un ensueño tan otro que ya me dan ganas de subirlas.

¿Todo mundo se sentirá rodeado por los otros como aquella historia de los gatos: “Estos eran cuatro gatos/cada gato en su rincón/ cada gato ve tres gratos…?" Aunque los conozco bien, debido a su misterio no sé con exactitud sobre la manera de conocer de los gatos; pero necesito reconocer que los humanos no podemos ser, vivir ni existir sin las redes echadas en la mar de los otros. Dicho lo anterior, a partir de este momento, no me siento en ningún rincón sino en mi altura y a cada uno los veo desde su altura (no me refiero a la estatura; ustedes lo saben) aunque de vez en cuando me da por maullar y en otras ocasiones por rugir y realizar virajes de ese tipo (muchas veces también me he convertido en mago, equilibrista y hasta en domador de circo).

Desde mi altura observo al profesor Galo Bilbao Alberdi quien ha llegado de la universidad de Deusto, España, con expectativas definidas en los objetivos: Formular los contenidos de teoría ética, definir una metodología básica y establecer un proceso de organización. ¿Lograremos aterrizar?.. No lo sé, pues a lo mejor agarraremos tanta altura hasta instalarnos en el territorio donde la tierra ya no es metapunto… ¿Cómo saberlo si apenas es el primer alba de los cuatro días que durará este vuelo? Conocer un poco la biografía del profesor Galo me inspira confianza, pues es un hombre comprometido con las causas sociales y, además, es intelectual escritor de temas éticos apasionantes: memoria y tolerancia. En efecto, sus escritos me hacen recordar mi reciente libro de poesía: “El viaje que no elegimos;” libro donde pretendo que hable el Auschwitz que llevamos dentro.




E
l vuelo ha comenzado con una pregunta: “El debate ético: ¿se produce o no en el aula?.. y un viento fuerte ha sacudido esta sala haciendo que mis compañeros profesores (¿algunos con miedo?) comiencen a proporcionar sus respuestas con afán de querer equilibrar su estancia en estas fechas y en esta dialéctica travesía del horizonte de nuestras esperanzas.

M
ientras escribo, mi amigo Sócrates el hijo de Faenarete y Sofronisco ha entrado a esta sala. No me extraña, pues me explicó que haría oídos sordos a los temores de Xantipa, su esposa (Xantipa tiene miedo debido a la situación de inseguridad en Monterrey y a mi amigo le dijo con fiereza: ¡Viejo: no te olvides que el día 19 de marzo de este 2010, en la entrada del TEC mataron a los estudiantes Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Arredondo Verdugo!.. ¡Por favor!: ¡Viejo!: ¡Ya en Atenas te obligaron a beber la mentada sicuta y no quiero que te vuelvan a matar!.. ¿Eh?..) y, en verdad, cumplió la promesa que me hizo mientras tomábamos un café en la sala de mi casa allá en Guadalajara, Jalisco: apoyarme en una parte de esta jornada. Sócrates ha llegado con su desafiante serenidad y su microfísico poder corporal (microfísico poder que no abandona la sonrisa… ¡Ah!: microfísico fue el poder del pequeño David que resquebrajó la cabeza al macrofísico Goliath). Al pasar por el pasillo de la sala mi fiel amigo Sócrates me ha guiñado un ojo y le he correspondido entrando ambos en analéctica complicidad.

Sócrates se ha sentado en el ala derecha muy cerca del alimentador eléctrico porque porta una Laptop cuya marca es Oráculo de Delfos. Esa maravillosa marca me da un poco de envidia porque la mía es una DELL. (Humm, aquí entre nosotros, contaré un secreto: a mi Lap le falta ya muy poco para convertirse en una completa Oráculo de Delfos).

Sócrates,
La presencia del Filósofo que nació por primera vez en Atenas, me hace sentir reconfortado. Con su mirada situada en el ahora, Sócrates lo ha trastocado todo.

Mientras este filósofo --que sabe meter la filosofía hasta dónde los enforrados “especialistas” protestarían-- veo que también ha llegado el filósofo Emmanuel Lévinas quien me saluda con un sutil gesto. Emmanuel se posiciona cercano a Sócrates. Sé de sobra que son amigos a pesar de las diferencias. Amigos de fundamentalmente compartir el respeto ante las revelaciones del otro. Con Emmanuel acordamos vernos aquí mientras me enseñaba una técnica respiratoria cuando trotábamos en el parque Metropolitano de Guadalajara.





Emanuel Lévinas.

E
l taller comenzó a las nueve y quince minutos y ahora el tema versa sobre la diferencia entre Ética y Moral y la parte donde se explica lo de reconocer el argumento del otro por la razón suficiente que conlleva, me hace comprender la insistencia del profesor Galo respecto a la fraterna convivencia a lograr si en lugar de esperar convencer a los otros, fuéramos capaces de proporcionar suficientes razones y todos también ejerciéramos de reguladores, para llegar a las ultimidades, sin necesidad de que el otro tenga que asumir nuestras posturas y viceversa.

Hace frío aquí adentro aunque afuera el sol retumbe. Pudiera en este momento pedir una pausa en la discusión que ahora versa sobre la diferencia entre el razonamiento moral y ético; una pausa para ver la posibilidad de bajarle un poco a lo frío del acondicionado aire, pero mi estilo de vida prefiere, al menos hoy, plegarse al dicho: “En tierra que fueres haz lo que vieres; así que mejor voy por un café incondicional.

Monterrey, Nuevo Léon.
25 de mayo del 2010.

Monterrey ha llovido: huele a humedad y las calles espejean un cielo donde el sol mira, con cara de pillo, a través de las cortinas. ¿Volverá a salir con su fuerza abrazadora o se mantendrá así, tras esos trapos que pronto se convierten en dinosaurios, dragones, arcángelas y arcángeles.?
Hoy en el salón mitad sala de cine de pueblo y mitad sala de la ONU, tres palabras han desapresado el tiempo: REALIDAD—RESPONSABILIDAD—RESPUESTA. Estas palabras comienzan con R, por ello me gustan. La R siempre me ha parecido dispuesta a darle una patada a lo innecesario para seguir siendo humano o, mejor dicho, para dejar de serlo y comenzar a vivirnos mejores que buenos: Justos y solidarios. La R es tan bella que cuando alguien ha intentado regañarme (regañan los ciegos de mente cuya imbecilidad no les permite ver las puertas del diálogo… Regañan los estudiados en las aulas de Hitler) para mis adentros canto la canción que aprendí en mi infancia:

Erre con erre cigarro
Erre con erre barril
Qué rápido corren los carros
Llevando el azúcar del ferrocarril.


Mientras, poco a poco, voy transcurriendo en este ahora, percibo que, ya pasados los minutos concedidos para el recreo: Sócrates y Emmanuel Lévinas no han llegado y no me parece tan extraño porque sé que tarde o temprano, llegan. Hoy desayuné con ellos y hablamos de intensificar más nuestros ejercicios porque el seis de junio correremos el medio maratón “San Javier.” Me parece que a estos filósofos los dejó el camión porque hoy bajamos a desayunar un poco tarde (a las 7:40 A. M) y la hora de llegada a las instalaciones del TEC fue a las nueve. No lo había mencionado: estamos instalados en el NOVOTEL y hay una buena cantidad de kilómetros para llegar de ahí a este sitio. Un Novotel debería tener buenas nuevas, y aunque es bonito y cómodo éste no es más que un Novotel. Con toda seguridad Sócrates y Emmanuel Lévinas fueron a correr al parque Rufino Tamayo; parque situado a pocos metros de nuestra residencia fugaz. ¡El parque es tan bello que me regaló un recuerdo!



En este nuevo día en el Taller de Ética comenzamos a discurrir sobre acontecimientos morales siempre presentes y, por supuesto, también reflexionamos sobre el aspecto que alude a la reflexión de esos aconteceres. Reflexión imposible de abandonarla sólo en manos de “especialistas” en ética. Dentro de esta perspicacia: el profesor Galo Bilbao nos ha ofrecido un esquema donde se resaltan maneras de resolver hechos concretos acontecidos en el aula; presupuestos éticos implícitos en el ejercicio de la disciplina académica; acontecimientos pasados, históricos, vinculados a la materia; análisis de textos propios; acontecimientos sociales relevantes en la actualidad; etcétera.

Junto a mis compañeros (as) en el último día del viaje que es también el primer día.



Acaban de llegar Sócrates y Emmanuel Lévinas y, en efecto, por sus gestos puedo comprender que les dejó el camión. Y, así fue. Sócrates ha pasado a decirme a la oreja que, gracias a ese pequeño atraso, el taxista informó sobre la balacera reciente en un centro comercial y sobre un muchacho asesinado justo en ese lugar. Y si Sócrates da gracias, es porque les interesa el profundo estudio de la inseguridad en México y, junto a Lévinas, está realizando investigaciones al respecto. Sócrates me sugiere también que no me vaya a comportar como insensato y no olvide la razón de fondo en mi íntimo acto de estar aquí tomando un taller de Ética. Capto el sentido de su recordatorio; sentido que comparto: ¿De qué sirve la reflexión ética sino se centra en lo que en verdad nos sucede y pasa? ¡Maldigo a la ética, y a su madre, si se convirtieran en vil juego abstracto de quienes se enforran con conceptos y títulos o en cualquier forro de hacer imposible la verdadera develación del otro.


En este momento el profesor Galo se está extendiendo en la explicación de la no visceralidad en el transcurso de un debate para que, en esta forma de diálogo, no se vulneren normas de justicia. Luego vendrá lo de la importancia de diferenciar razonamientos morales de los propiamente éticos y aquello del uso del método analítico. Y, de pronto, miro como Sócrates y Emmanuel Lévinas poco a poco se convierten en humo. Mientras pasan el proceso de aparentemente desaparecer por completo, Emmanuel Lévinas me explica con señales sin significado para los que sólo buscan significados, que asistirán a un congreso de filósofos muertos donde el tema será “Lo posible de lo imposible en el hecho de morir”. El tema me interesa, pero asumí el compromiso de estar por completo aquí durante los días del taller y hoy no se me pega la gana convertirme en humo. ¿Vendrán mañana?.. No lo sé; no nos pusimos de acuerdo respecto a esa posibilidad; en todo caso los invité a celebrar mi cumpleaños (celebración que se adelantó dos días porque mi cumplir años cae en día laboral. Pero mis dos amigos filósofos un poco con cinismo –bien recibido-- me dijeron que también vendrán a celebrar el mismísimo día de mi nacimiento).

Monterrey, Nuevo León.
Mayo 26 del 2010.

“La voluntad no puede recibir la orden de otra voluntad a no ser que se encuentre dicha orden en sí misma. La exterioridad del mandato no es más que una interioridad. Si la orden es contraria a la razón, chocará absolutamente con la razón.”
Emmanuel Lévinas
Ayer soñé las palabras de Emmanuel Lévinas vueltas pista para caminar y correr. Tan intenso fue el sueño que las he colocado aquí a manera de epígrafe; palabras que E. Lévinas también supo colocar en su libro La realidad y su sombra (2001). E. Lévinas es muestra clara de cómo una ausencia se puede volver presencia o, dicho con exactitud: una ausencia es presencia. Ni él ni Sócrates llegarán hoy a este espacio mitad cine de pueblo y mitad sala de la ONU, pero de todas maneras están aquí.

H
oy es 26 de mayo y no es un día cualquiera, tan no cualquiera es que me sumergí en el agua de la tina de baño para conversar un poco con el agua. Lo hice después de realizar ejercicios de estiramientos porque ayer corrí en el parque Rufino Tamayo y no me dio tiempo de estirarme después de correr a causa de la lluvia que cayó con su sagrada forma de comportarse. Y el agua me dijo sin decir lo que ya estaba impreso en mí. Y el agua me hizo llegar a lo imposible que ya comenzaba a extrañar. El agua y yo tenemos un pacto de representación, comprensión y construcción de un mundo cifrado en la justicia.

Aquí ya no hace tanto frío ni el incondicional café sabe mal. Me experimento re-energetizado. Además de las bendiciones del agua, ¿mi bienestar se deberá también a que el profesor Galo está tocando el tema de la hermenéutica como método interpretativo y este camino me ha ayudado en mis cursos, pues, desde hace mucho, he apostado porque el texto más bello es la realidad del otro?.. Del otro que jamás podré agotar; el otro con su resto de extrañeza; el otro extraordinario océano-continente de lo nuevo.

M
añana se habrá acabado el taller, mañana me embarcaré en otro ahora y habré de experimentarme otra vez en el avión que, a pesar de estrecho, tiene panza y hoy no sé si las azafatas serán amables o si quien estará a mi lado tendrá buen humor… Pero… ¡Qué demonios me importa el mañana! El mañana se puede ir al infierno junto a ese falso presente predicado por los dulces profetas del derrumbe. El presente sí, pero sin cortapisas como me lo dijo Emmanuel Lévinas (2001): “El pasado es un presente por desatar y el futuro es un presente por venir.” Invoco ese presente… Quiero estar en ese presente… Estoy en ese presente… ¡Ojalá!

Afuera llueve. Adentro también, un poco, aunque no se note. Y no me refiero a lágrimas; simplemente llueve porque lo he visto afuera y he traído la lluvia como se transporta una canción que no sale de los labios.


Bajo la lluvia caminé porque como el elefante del libro de José Saramago: El viaje del elefante: “Uno termina llegando donde le esperan”. Voy a explicarme: en el tiempo libre del taller, junto a La profesora Patricia Venegas Santiesteban y la profesora Lucero Miranda, fui a visitar la librería Gandhi; libreria que está casi dentro de las instalaciones del TEC y, justamente, en esa pequeña librería me esperaban: El mago de Michael Scott (2008) y La historia más bella del hombre de André Langaney, Jean Clottes, et all (1999). Todavía no entro a esas casas-textos, pero ya toqué sus puertas y, desde ahí adentro, me han dicho que ya me sienta huésped porque en sus habitaciones la calidez no es posesiva. Después vendrá la maravilla de estar aquí junto a grandes personalidades… Bueno, me reservaré algunos nombres para escribir para ellos, en el ahora de un después.


Monterrey, Nuevo León.
Mayo 27 del 2010.

Ayer, después del taller, tenía inquietud de ver un filme: “el poema que salva” puesto que lo vi anunciado en un Cinépolis mientras nos transportábamos del Novotel al TEC. Deseaba verlo (todavía sin tener ninguna referencia respecto a su contenido) puesto que lo imaginé pleno de la maravilla del horizonte poético; porque, en efecto, soy testigo viviente del poder rescatador de la poesía.


Mientras caminaba rumbo al filme, el Cerro de la Silla me salió al paso con un traje tan nuevo como lo imposible-posible y más que mostrarse como una silla yo vi que en su cúspide resaltaba dos personas en diálogo. Si me hubieran preguntado sobre qué nombre ponerle a esa montaña, si me hubieran tomado en cuenta en ese tiempo originario, en efecto, lo hubiera nombrado: Cerro del Diálogo. Y, por supuesto, como siempre pretendo experimentarme cual dialogante ético: me tomé una foto junto a él soñando con venir muy pronto a subirme en cada cima dialogante de sus componentes discursivos; porque las montañas –está demás decirlo—son maestras y no siempre lo son quienes regresan con un título de Harvard. Sí, en un hoy que ha de venir, primero me subiré a los hombros de una de sus personas para poder meterme en sus zapatos; luego: al subir a hombros y zapatos de la otra, le diré en una de sus orejas cuanto me agrada su distinción en la multiplicidad y ( no es lo mismo decir distinción en la unidad que distinción en la multiplicidad: ¿cierto?) se lo diré en poema. Y después con los brazos en alto gritaré lo que en mi libro El viaje que no elegimos escribí sobre LIBERTAD.

Al llegar al Cinépolis y leer la sinopsis del filme comprendí decepcionado que no cumplía mis expectativas. Como no entré a ver esa cinta, no puedo hacerle una crítica que valga, mejor me prendí de Violines en el cielo (recomiendo este filme) y desde ese prendimiento, después llegué a una colonia llamada Country Sol para constatar el lugar donde comienza el ascenso a lo que aquí nombré el Cerro del Diálogo (y no importa que se le siga llamando cerro de la Silla): ¡Oh!: ¡Sentí ganas de llorar! y mejor me incliné ante su majestuoso encanto y el cerro me dijo: ¡Vuelve otra vez!



En este instante fecundo por instante, son las once trece de la mañana y el profesor Ricardo López nos está recordando que vamos a replicar este taller con los profesores de nuestro propio Campus. Agradezco al profesor Ricardo la gentileza de su recordatorio; pero, me niego a replicar algo si no lo vuelvo parte mía y esta perspectiva me trae el futuro en este hoy y ya me miro en el proceso de ajustar el taller a mi propia altura.

A las 7: 10 me devolveré a Guadalajara junto al profesor Pablo Ayala quien es el director del Departamento de Formación Humanística y Ciudadana de nuestro Campus. Es agradable conversar con este profesor porque no se comporta como señorcito. Señorcito es por ejemplo aquel imbécil-orgulloso que mientras pasa por un pasillo o ocupa un lugar entre los otros, su corporalidad lo delata “holgazán tierno” --la expresión es de I. Kant-- o "Chango orgulloso.”--lo había ya remarcado F. Nietszche-- (¡Oh, cerro del diálogo-cerro de la silla: intercede por mí ante la vida para que yo quiera siempre estar entre montañas como tú y nunca con señorcitos!).

Mas o menos A las 7:10, pues, me encontraré en la panza del estrecho avión que, en verdad, no por ser estrecho deja de ser una maravilla desgastándose para que cumplamos nuestros proyectos. (Cuántos de los viajeros serán ¿padrotes de la muerte? (la expresión padrote de la muerte es de mi paisano Jaime Sabines y es un amigo que de vez en cuando junto a su tía Chofi, baja del más allá a tomar conmigo algunas tazas de café en el más acá) y, ¿cuántos viajarán desde la altura de Sócrates: libre de las imposiciones del mundo acostumbrado a lo vil y cobarde?

Faltan unas horas para experimentarme entre las cosas y los seres de mi departamento. Pero mi casa soy yo y ahora estoy aquí considerando que el profesor Galo Bilbao está aterrizando el taller sin imponerse como suelen hacer los imbéciles. Y desde aquí, antes de partir, ya me veo comiendo cabrito en el restaurante “El Rey del cabrito” y disfrutando de una amarga-bella cerveza porque antes de estar aquí o allá: soy alteridad.
















Bibliografía que mencioné en este escrito:

Lévinas, Emmanuel. La realidad y su sombra. Madrid: Minima Trotta, 2001.
Langaney, André; Clottes Jean, et all. La historia más bella del hombre. Cómo la tierra se hizo humana, Barcelona: Anagrama, 1999.
Scott, Michael. El mago. Los secretos del inmortal Nicolás Flamel. Barcelona: Roca editorial de libros, 2008.

miércoles, 22 de octubre de 2008

"PORQUE SUEÑO... NO EXISTO."

(Una reflexión acerca del pequeño poeta Léolo; personaje de la película Léolo –porque sueño no existo– de Jean-Claude Lauzon. Película emitida por Productions du Verseau MEDIA S.L –Canadá 1992– ).*

Hace 10 años llegaba a la ciudad de Guadalajara, Jalisco, desembarcado de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Sí, y entré visionándola como un breve pasaje donde, a lo sumo, duraría siete meses. Pero la vida desvió algunos objetivos de mi antiguo proyecto de vida y, por ello, aún estoy aquí.

En los primeros días de desempacar no sólo las maletas, pues traía envuelto mi corazón en la crisis del cambio, en el cinematógrafo de la Universidad de Guadalajara (U.D.G) se exhibía la película "Léolo", con el subtítulo: “Porque sueño no existo”. Película de despertar mi asombro. Asombro convertido en este escrito y porque, por ahora, es la manera de mostrar mi agradecimiento por la existencia de esta producción cinematográfica conservada en el cofre de mis mejores tesoros.

A diferencia de su familia, en este artículo, no llamaré al niño Léolo, Léo. Porque deseo tener oídos no para convertirlos en garras de sujetarse a eruditas abstracciones sino, y sobre todo, para disponerme a hablar de realidades latentes; tan latentes como desear convertir mi escrito en casa de quienes buscan con desesperación tener un verdadero hogar. No me refiero aquí sólo al aspecto material de esa construcción; sino al hogar cuya fundación es posible si nos alejamos de actos cobardes. Pero, ¿qué podrá mi escrito ante un mundo sin techo?.. Al respecto, ojalá mis letras colaboraran en los cimientos del contrapoder tan necesario para fundar un mundo sin maltrato hacia los niños. Después de esta aclaración estoy preparado para decir:
 
Va aquí mi escrito dirigido a cualquiera que como tú, Léolo, no se cansa de luchar para no ser pisoteado en su dignidad. Como tú, quien frente a la imposición del yugo familiar (o de cualquier yugo) dice algo parecido a: ¡No soy Léo. Me llamo Léolo... Léolo Lozone!
 
 
Tratemos de ponernos en ojos de un niño. Recuperemos la mirada de ese infantil tiempo. Pongámonos como nombre, Léolo, y en hojas de cuaderno expresemos nuestro sentir sobre el mundo. Si esto se nos dificulta, entonces salgamos, por un momento, del escenario donde se derrumba la vida y los Derechos de los niños son aspiración no tomada en cuenta. Seamos, un poco, espectadores para regresar a la realidad sin olvidar el corazón. Esto puede ser difícil, pero... detengámonos: el sentido impuesto sobre el mundo, ¿no es, pues, un horizonte sin corazón? ¿Acaso las posibilidades de nuestra existencia se han agotado en esa visión donde la demencia nos cala hasta el cobarde silencio de arrastranos donde reina lo estúpido?

Ahora entremos a la película para sentir, desde el principio, la música de lartir un desastre. Música cuyos sonidos nos ponen en alerta ante el frágil cuerpo infantil de Léolo. Música después productora de impacto cuando nos volvemos testigos de la libertad de un niño revelándose en el afán de no ser domesticado y, más aún, cuando es reprendido con histéricos gritos por la voz adulta nombrándole Léo para inducirlo a horarios de llegar a nada. Ante este realidad, el pequeño poeta (porque pronto nos damos cuenta que este niño descubre el arte de escribir poesía) protesta y su voz infantil nos taladra el alma: ¡¡Léolo. Me llamo Léolo... Léolo Lozone!!
          En esa protesta infantil nunca sólo deseo por recuperar sus orígenes sicilianos, desocultamos el inconsciente contenido donde se grita: soy otro; soy distinto. ¿Por qué no aman mi diferencia?.. ¡Soy un niño!

La familia de Léolo está circunscrita en la demencia. Tarde o temprano cada uno de sus miembros, con excepción de la madre, será tratado en un hospital psiquiátrico. En efecto, aquí somos testigos del declive de unos seres unidos por lazos de sangre. Pero el contenido de esta historia no para ahí, pues también muestra distintas formas de patología en otros ámbitos de nuestras sociedades como lo son la escuela, la calle y el centro de trabajo. Al hablar de la escuela no nos es ajeno cómo a través del curriculum oculto muchas veces se enseña sin importar el destino de lo que se dice y se hace; destino sobre el cual un niño es capaz de percibir y dolerse. Otra esfera, digna de análisis, es la calle dominada por los prepotentes sacando a relucir sus sentimientos de inferioridad. Y ya no se diga el centro de trabajo convertido en olvido de la historia y esfuerzo de cada ser humano. Pero, regresemos a hablar sobre la familia; ese espacio tantas veces sometido al cruel eterno retorno de ignominia, depravación y toda forma de degradación humana. La familia revestida con formas sutiles de “amor por los hijos.” Espacio de amor de las charcas. "Amor" convertido en crimen ante la desaparición de lo distinto. La familia (con excepción de las familias liberadas –o que luchan por serlo– sobre las cuales no conozco estadísticas y a quienes dirijo mi admiración porque creo en la pulsión hacia la vida basada en el respeto hacia la alteridad): horizonte de preparación subliminal para ser ciudadano donde se justifica la traición y el crimen. Familia circulo vicioso: políticadeshonesta-familiadeshonesta. O si se quiere: familiadeshonesta-políticadeshonesta en un mundo in-humano. Familia hoguera, sala de tormentos, guillotina, látigo para el espíritu. Familia incapaz de oír el grito ante el cual hasta las flores se encrespan: ¡No soy Léo! ¡Me llamo Léolo!.. ¡Léolo Lozone!... No obstante, familia ingenua víctima en un mundo extraviado en apariencias.

Como por complot del destino, Léolo encuentra un libro. El único libro que alguien desconocido extravió en esa imposible de ser una casa (imposible porque, no olvidemos: las apariencias engañan). Se trata de un libro amigo. Al principio Léolo no comprende lo escrito en sus páginas, pero lo intuye como ventana donde, poco a poco, verá asomar su propio destino. Libro objeto sagrado ante la vulgaridad del espacio del hogar paterno. Libro objeto precioso con dirección aparte a esas rosas de artificio a las cuales Léolo odia y detesta, aún más por su ridículo letrero pendiendo como bofetada y donde se traduce de manera sintética el gusto de los enajenados en tontas presencias: Made in… Made in: burla a la vida; sarcasmo ante el pequeño poeta capaz de percibir lienzos invisibles en la visibilidad. Libro alteridad como la corporalidad de este niño creador de un tiempo y espacio donde la vida recupera su poética fuerza. Libro refugio-oráculo: resumen del milagro de su infantil existencia mediante la frase:
 
                                                                Porque sueño, no existo.

          Porque existir bajo la mirada de un abuelo con máscara de bueno, para luego descubrirlo como viejo libidinoso capaz de prostituir a Bianca (la muchacha italiana, de dieciséis años, vuelta horizonte de amor sublime y platónico en la inicial experiencia sexual de nuestro infantil héroe) es vivir resignado a caminar aunque se esté muerto. Además, existir bajo la mirada coprófaga del padre, significaría vivir condenado a sucios olores de una vida in abstracto, como lo haría un marrano en el chiquero. Abuelo y padre: gerontocracia; imposición del recuerdo de lo viejo donde “nada es nuevo bajo el sol” y, por lo tanto, se come y se bebe porque el mañana es victoria de la muerte.

¿Qué podría Léolo a los seis años, ante las manos del abuelo que tratan de ahogarlo en la bañera, sino soñar con un tesoro jamás tenido; con un tesoro de cuento de naufragio para ignorar al lobo hundiendo a su pequeña presa? ¿Qué debería de hacer ante esa realidad un niño convocado a la poesía?, sino soñar para mirar la luz bella y extraña del deseo de todo eterno resumido en Bianca. Bianca tan blanca como luz canción de levantar con una fuerza extraña. La magnífica Bianca: flor verdadera en el basurero. Bianca imposible de ser cierta como “la Italia que de tan bella no puede ser sólo para los Italianos.” Bianca, mujer que camina hacia Léolo para luego alejarse porque es poesía subsumida en las fangosas manos del abuelo? ¿Bianca de dieciséis años y él con la edad de un niño?
 
A sus hermanos, Léolo los sabe víctimas del miedo. Más, a pesar de su edad, es la única existencia humana capaz de brindarles un abrazo verdadero; una mirada de auténtica ternura, una caricia donde quizás el Dios de justicia muestra su comprensión infinita.
 
Délima, la madre de nuestro pequeño poeta, encarna a la mujer resignada a ser continuadora del martirio impuesto por el mundo de los machos. Mujer también mostrando la diferencia de pertenecer jamás al sexo débil al soportar las embestidas producto de la falocracia. Délima, mujer exenta de la locura psiquiátrica, pero dentro de otra cadena víctimizándola hasta ser incapaz de pensar por sí misma sin dejar de ser mujer-amor de proteger a sus hijos.

Jean-Claude Lauzon, el niño terrible del cine canadiense; el joven-niño extinto, cuando apenas tenía treinta y siete años, quiso salvar a Délima de los espacios psiquiátricos y nos la entrega como “La piedad” de Miguel Ángel (sólo que sin esa dolorosa contrastante armonía caracterizando a la estatua imposible de cansarse de hablar) ante Léolo, su hijo que yace convulsionado y, después, catatónico para nacer a la demencia. Quien haya visto la película, no podrá olvidar los gritos de dolor de esa madre; gritos de quien siente perder lo más valioso: ¡Tú no te puedes ir! ¡¡Tú eres más fuerte que esto!

Sin idealizar el reino de la infancia, pero rescatando sus auténticos dones: ¿quién no ha captado el modo de ser en el mundo de un niño?.. Porque los niños, al vivir lo eterno en la magia de sus juegos, viven la delicia de sentirse dentro de un estado de sorpresa donde todos los elementos de la tierra son poesía. Por supuesto, el niño vive la poesía y él es su imagen-realidad más bella. Recordemos los adultos cuando siendo pequeños al caminar por una calle pronto percibíamos la vida como una aventura más allá de este mundo y sus colapsos.

Léolo (porque sueño no existo) es una película donde se traduce el alma del hombre contemporáneo. Proyección que, además de develar fisuras de nuestra condición de fragilidad, se transforma en sueño liberador al descubrirnos parte de la luz blanquísima de un mundo si la palabra amor no fuera prostituida.
 
 
 
 
Extracto de "Léolo", Canción de Bianca:

martes, 24 de junio de 2008

En "Todo sobre mi madre"[1], El personaje de nombre Manuela hace posible el milagro.







Dentro de los horizontes de la vulnerabilidad lanzándonos a perspectivas de desear devenir mejores que buenos, aparecen los rostros innolvidables de Manuela, Esteban, Agrado, Huma, Nina, Rosa, Lola y un bebé que tal vez vivirá… Innolvidables, digo, porque al navegar en el sueño de sostenerse libres, se transparentan asumiendo el dolor.

Es poco o casi nada lo que voy a decir en este espacio (a veces le robo tiempo al tiempo para hacer brotar lo que no puedo dejar apolillándose en los baúles de mi corazón) sobre este filme magnífico como una casa; casa punto de partida para hablar sobre diversidad de temas que atañen tanto al asunto de la pluralidad humana como a la realidad más real desprendiéndose de nuestra condición de fragilidad.

Desde la vulnerabilidad puedo hablar de la libertad expresada en el filme Todo sobre mi madre y escojo ese aspecto no sólo porque le encuentro gran relación con el texto de Juan María Cloavel (Madrid 1997)[2] que de manera reciente leí en mi clase de Filosofía y Cine tomada en el ITESO; sino y, sobre todo, porque la vulnerabilidad es un tema central en la ética; en la ética de la hospitalidad; al menos. Y es la ética que hace disrupción con los mecanismos de poder, la que obtiene mi interés.

El buen anfitrión de los rostros antes mencionados es el prestigioso director de cine Pedro Almodóvar, quien ha sabido leer la grandeza impresa en el dolor de los otros y nos la muestra sin cortapisas dentro de una historia que bien puedo categorizar perteneciente a los territorios de la hospitalidad; territorios donde, en efecto, la literatura y el cine han hecho geniales atribuciones.

Puedo sintetizar la historia en la que se basa Todo sobre mi madre como una historia de recomenzamientos. Al respecto, La filósofa Hannah Arendt mencionó alguna vez que “la libertad es la capacidad de comenzar;" así lo creo. Y, también, desde esa perspectiva, un día escribí un poema cuyo inicio dice:


Encontrar es morir

no hallar remedio

El poema es más largo y si lo menciono es porque creo con firmeza que después de vivir la amargura es posible encontrar un territorio libertario. Territorio desde donde podemos ir dejando atrás cautiverios y, de esa manera, tener la posibilidad de experimentarnos como humanos en busca de más libertad. Humanos-libres-frágiles, pero construyendo proyectos con los valores de valentía, perdón, y fe; como lo sabe hacer Manuela: mujer cuya grandeza sólo puede ser entendida más allá de la lógica condenada y condenatoria. Sí, la libertad manifestada en este más que ser, me partió el alma y, ¿cómo no habría de hacerlo si después de un duro proceso de duelo, no sólo por la muerte de su hijo Esteban (aún adolescente) recibe a Lola quien le hizo tanto daño y lo hace desde el fondo más amplio del recibimiento: el perdón que no se proporciona con palabrería?



Manuela no se cansa de valorar lo humano por lo frágil y, dejando atrás reduccionismos con los que muchas veces el mundo se hunde en un vaso de agua, recibe y por lo tanto es recibida no sólo por esas personas a quienes ampara, pues es recibida por la vida y con el regalo misterioso de otra vez ser madre. Manuela como el personaje Agrado, están libres del miedo y esa perspectiva produce el milagro que salva.

[1] Filme de producciones El deseo, Pedro Almodóvar. Todo sobre mi madre (España 1999).
[2] Clavel Juan Masía, El animal vulnerable, Universidad Pontificia de Comillas, Madrid 1997.