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sábado, 8 de agosto de 2020

BORREGOS EN EL CAMINO DE «EL PORVENIR» CHIAPAS

BORREGOS EN EL CAMINO DE «EL PORVENIR» CHIAPAS

Poema de Martín Mérida




No tengo metida la cabeza bajo la almohada
Y sin embargo brotan borregos
Entre nubes lanudas afelpadas
Por tanto andar rondando de la temperatura el cero
Borregos en duelo por un ser fallecido
Borregos en fiesta donde ofrecerán bolitas de chipilín y tamales
Borregos corrigiendo la perspectiva histórica
Borregos artistas donde sobresalen músicos
Borregos sociolingüistas expresando con tono universitario:
    «Porvenir no es lo mismo que Por venir»
Borregos autodidactas de saberes distintos a los de las sucursales
Borregos rezando en lengua mame español y tibetano:
    ¡Líbranos Dios de pastores amargos de tantos rencores!
Mientras las montañas cantan junto a una marimba:


    Un día llegaste a El Porvenir Chiapas
    Muy cerca de la Grandeza
    Porque en la calle Esperanza
    Hay llaves para abrir futuro


No tengo metida la cabeza bajo la almohada
Y sin embargo brotan borregos
Entre nubes lanudas afelpadas
Por tanto andar rondando de la temperatura el cero
En esta Ciudad de los Cielos
Borregos mesopotámicos griegos románicos góticos
barrócos modernos contemporáneos
Y esotéricos
Borregos de profesión Empatía enseñando a bípedos
animales racionales
A no ver al lobo en el extraño


Hermanos povenirenses y aquellos de todos los mundos:

Vengo de Motozintla pero como ustedes soy del universo
Y llevo en mi corazón un cordero esquivando el matadero
Un cordero sin tiempo de calendario
Cordero de venir a tierras de El Porvenir como a sus cielos
Su oficio es escribir poemas y relatos
Posee ojos azul avellana y tiene piel tabaco oscuro
Cuando me siento triste siempre me dice ingrávido:
Bee-eee





lunes, 17 de marzo de 2014

ALGO SOBRE POMPILIO ENRIQUE MONTESINOS ROBLERO, ADEMÁS DE SUS PALABRAS A PROPÓSITO DE MI LIBRO DE POEMAS “LOS ZAPATOS DEL NIÑO GUERRERO.”

   
Hace algunos meses mientras nos conducíamos al volcán Nevado de Colima, al preguntarle a mi amigo (amante de las montañas) Esteban Robles cómo se encontraba, me respondió con alegría serena: “Estoy viajando en este mundo en un tren de primera clase”. Respuesta que de inmediato enlacé con una afirmación del filósofo jesuita Jorge Manzano (amigo que nos dijo a-Dios al trascender esta vida el 21 de septiembre de 2013): “Dios sólo da regalos de primera clase.” Tanto en la frase de Esteban, como en la de Jorge, al hablar de clases en la manera de vivir no hay ninguna referencia a exclusivismos ni lucha de clases ni a elitismos de ningún tipo, pues los trenes para viajar en esta vida son gratuitos y de libre acceso. Pero optar por una u otra clase de tren obedece a nuestra manera de vivir desde nuestros adentros. En todo caso, las respuestas de Esteban y de Jorge hoy me hacen palpable el modo de vida de un amigo que desde niño aprendió a viajar en tren de primera clase, me refiero a Pompilio Enrique Montesinos Roblero quien, además de actuar de manera universalizable, pues estudió para poner en práctica la licenciatura en Derecho, disfruta dedicarle especial atención a los pacientes desde la farmacia "Nacional" que heredó de su padre: don Pompilio Montesinos (otro de los admirables hombres que Motozintla, Chiapas, ha tenido gracias a la autenticidad de su servicio). En efecto, Pompilio Enrique transparenta cómo la mejor opción es la vivencia de los bienes internos de la profesión que se ha elegido. Entendiendo por viviencia de los bienes internos actuar dentro del proyecto mismo que la da sentido a la profesión y aplicando los principios que desde el Informe de Belmont (publicado en 1979) se vieron como insoslayables no sólo para la Bioética: 1) principio de beneficencia, 2) principio de respeto a la autonomía; 3) principio de aplicación imparcial de la justicia. Gracias a este modo de proceder, Pompilio ha beneficiado a miles de personas tanto de Motozintla de Mendoza, como a los habitantes de los múltiples pueblos de la Sierra Madre de Chiapas. Además, quienes lo conocemos, constatamos a este joven profesionista desenvolviéndose cual verdadero cosmopolita ético al darse a entender con los seres humanos venidos de cualquiera de los puntos cardinales. Y no sólo se comunica con ellos. No. Pompilio Enrique es capaz también de comprender a los otros.

Pero, ¿qué significa viajar en primera clase?.. Sin ánimo de pretender agotar la respuesta, hoy bien puedo decir que es viajero de primera clase quien vive los siguientes horizontes:

1.- Posee capacidad de asombro.

2.- Sabe dar gracias a la vida.

3.- No erige su proyecto de vida fincado en la venganza (en franca consonancia con Frederich Nietszche cuando explica el eterno retorno a la inocencia).

4.- Ha conquistado su servicio disfrutando de los bienes internos de su profesión (o de cualquier otra opción laboral).

5.- Actúa sabiendo que el ser humano está por encima de cualquier institución, sistema político, creencia religiosa; práctica ascética y dogma de cualquier tipo.

6.- Etcétera.

Por consecuencia, mi libro "Los Zapatos del niño guerrero" tuvo un gran presentador, pues fue Pompilio Enrique quien estuvo a cargo de este horizonte en la innolvidable noche del 30 de diciembre de 2011. Dejo aquí sus palabras. 


Palabras escritas por Pompilio Enrique Montesinos Roblero a propósito de la presentación de mi libro “Los zapatos del niño guerrero” en la Casa de la Cultura de Motozintla de Mendoza, Chiapas, el día 30 de diciembre de 2011:  

Patricia Medina dice: “los poemas se comienzan solos. Cuando llego a la cita, ya se dijeron sin mi permiso las primeras palabras”.

Este poemario que hoy nos presenta Martin Mérida surge como esa verdad que nos abre los ojos al mundo que a veces ignoramos. Se lo dedica a ese mundo que a veces, con nuestra mirada ignoramos o con nuestra indiferencia rechazamos, el libro está consagrado al niño que escoge una banca de hierro, como su dormitorio huella y estigma mientras el policía le grita “niño fuera de aquí” porque el policía pertenece al país protector de las cosas; este poemario nos abre los ojos a los lectores mientras se lo brinda al niño de nueve años que “desde hace seis meses atrás, el fuego ha comenzado a tragarlo porque advino en traga-fuegos; se lo escribe al niño que por maltrato busca calor en las alcantarillas o al niño que desde las 5:30 eleva su voz en un camión, cantando como regalo el fruto de lo que su voz desprende para que unas cuantas monedas lleguen a la cita de sus manos, este poemario también lo convida a los niños que como él los llama “con zapatos de andar descalzos que llegando a convertirse en piel encallada, se presentan al final del día llenos de polvo y de cansancio pero también encuentran un lugar para dejarse debajo de la cama”. Por lo tanto, este poemario surge se lanza y se proyecta en búsqueda ilimitada de hacernos despertar profanando nuestros destinos de aprendizaje progresivo en el que todos nos pertenecemos a todos, combatiendo en retirada lo que no pregona con la estética dictada por nuestras conciencias y circunspecciones. Estos “Zapatos del niño guerrero” nos calza a todos con calcetas o calcetines de mayor o menor elástico, es aplicable, adaptable y ajustable a todas las latitudes, le pertenece al norte y al sur, al oriente o al occidente, al cielo matutino o al elegantemente vestido de luna en la oscuridad de la noche.

Martín, que tu voz sea escuchada por los niños a quienes va dedicado! Por los tuyos y los nuestros y que esa voz se haga respetar!

Señoras y Señores, con la venia de todos ustedes voy a permitirme, haciendo síntesis de la palabra, recapitular brevemente la biografía de nuestro autor.

Una de las realidades más difíciles y trascendentales a la que Martín Mérida tuvo que enfrentarse hace algunos años, fue: cambiar decisivamente su lugar de residencia, lo que lógicamente significaba, marcharse de Chiapas. Sin embargo, este éxodo perseguía esa afanosa búsqueda de ese futuro que pretendía beber los aires literarios de otras dimensiones y a su vez, contribuir categóricamente, aportando lo suyo.

A mediados de 1998, Martín llegaba a Guadalajara de la mano de una licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana alumbrada por la UNACH, y otra más, en Filosofía por la UNIVA. Exploraba a su vez la posibilidad de una oportunidad que se le presentara con la naturalidad y desenvoltura de una vivencia espontánea, sin recurrir a las dimensiones de entelequias forzadas o compelidas en el afán de ser ocupadas. ¡No! Martín deseaba conquistar, no invadir ni acometer con prisas ni tropelías, para adquirir su futuro de escritor. En ese entonces, la templanza de su perfil se constituía ya, con decenas de libros y millones de letras enlazadas en la vastedad de su patrimonio filosófico intelectual; hoy, ha expandido esa dimensión académica añadiendo una Maestría en Desarrollo Humano por el ITESO, una Maestría en Educación por la UNIVA, una Maestría en Filosofía y Ciencias Sociales por el ITESO. Paralelamente nuestro autor publica artículos a nivel nacional, en periódicos y revistas especializadas e igualmente, labra con su prosa inacabable, escritos imperecederos en su pagina electrónica que todos podemos visitar a diario en : http://martinmerida.blogspot.mx/

Además de haber escrito "Los zapatos del niño guerrero" (2011). Es autor de los siguientes libros de poesía: “Donde convoca el alma” (1996), “El milagro de tu voz distinta” (1998), “ La pasión según un hombre cualquiera” (2002), “El país de la mirada” (2003 y 2008) y “El viaje que no elegimos” (2009). Y en ese deseo ilimitado de infundir a Motozintla desde su propio ámbito, advino novelista con “El poeta y el niño de la piedra” editado en 2005 y sus obras se han colocado ya, en librerías de New York, Madrid, Paris y Berlín.

Hoy por hoy, Martín ha labrado su porvenir “deseando ser una persona del presente, con su pasado desatándose mientras su futuro va llegando” incumbido por la razón única de la autenticidad incansable de Ser Él mismo, diariamente, sin poses ni cliches, pugnando siempre por la autenticidad, la justicia humana, la búsqueda de la verdad y del respeto hacia cada quién; es profesor de planta en el ITESM campus Guadalajara, Premio Nacional de Poesía UdM en Monterrey, Nuevo León en 1999, Ganador de los XVll Juegos Florales Amado Nervo en 2003, Premio para la publicación de novela en 2005 convocado por el Consejo Estatal para la Cultura y las del Estado de Jalisco, pero su corazón aun reside en esta “tierra de las ardillas grises” y auqnue en la actualidad continua viviendo en Guadalajara, Jalisco, dice su blogspot que “habita una casa desde cuya ventana le saludan arboles que vuelan en un parque que suele desprender un tiempo que no se mide”. Hace unos pocos días, entregó su más reciente obra a la editora de su primacía y su deseos más altos y generosos eran, que si la oportunidad se lo permitía, estaría presentando este trabajo reciente, a finales de diciembre: aquí en Motozintla! Pues bien, Señoras y Señores, hoy nuestro destacado Autor nos viene a presentar “Los zapatos del niño guerrero”. Recordemos solamente que Martín Mérida es hijo de la profesora. Consuelo Mayorga Bartolomé y del profesor Manuel Merida Figueroa, pero ante todo, Martín es hijo de esta “ladera de las ardillas grises” y uno de los hijos predilectos de la literatura y de la poseía universal contemporánea.

Señoras y Señores les pido un aplauso de bienvenida a nuestro poeta: Martín Mérida.
 
En la foto: Pompilio Enrique Montesinos Roblero.

















Centro profesional desde donde labora Pompilio Enrique
. 





 
 

 

lunes, 6 de enero de 2014

ESCUCHANDO LA MIRADA DEL OTRO Y DE LO OTRO. (CRÓNICA DE MI VIAJE A CHIAPAS).


1
Es innegable que “comenzamos a existir por la mirada del otro” como bien apunta Tzvetan Todorov en su obra “La vida en común” (2009: 87-93) donde este autor privilegia la relación por ser fundamento de múltiples búsquedas incluidas las propias de los placeres, pues el autor siguiendo al filósofo y psicoterapeuta Fairbairn, llega a decir que el deseo no busca el placer sino la relación. Dentro de esta perspectiva, este sentimiento de relación como meta fue lo que experimenté en mi viaje a Chiapas en estas vacaciones decembrinas donde los otros y lo otro me llevaron también al quinto, sexto y séptimo punto cardinal (arriba, abajo y dentro de uno mismo) que bien ha subrayado la tradición de los indios cherokees. Así, hoy experimento que la frase de Todorov queda para mi gusto completa si la formulo de este modo: Comenzamos a existir por la mirada del otro y de lo otro.
En efecto, al otro día de haber celebrado, junto a compañeros profesores del TEC de Monterrey, campus Guadalajara, el cumpleaños del profesor Martín Deloya Bernabé (desde una altura donde se puede ver gran parte del lago de Chapala, Jalisco) partiría rumbo a Chiapas. Y, así fue, pues el día 22 de diciembre de 2013 a las 10: 45 a. m, me encontraba en la panza de un Boeing 737-300. Sólo que, debido a la espesura de la neblina, no salimos sino después de una hora del horario señalado en nuestros pases de abordar.

Durante la espera para despegar, gracias al aéreo pájaro de acero, la llegada de las fiestas decembrinas y junto a ellas la eminencia de la llegada del año 2014, revoloteaban en mi cabeza con un aleteo repitiendo: “la felicidad consiste en llevar a la plenitud las capacidades que ya poseemos”… Aleteo que me condujo a un sueño donde a través de la frase sobre la felicidad apareció Georg  Friedrich Händel dirigiendo la melodía “Y la gloria del Señor” perteneciente a su obra “El Mesias” donde se repite “Juntos: porque la boca del señor lo ha hablado. (Debo aquí remarcar que muy a menudo me sueño entre orquestas sinfónicas de animales).

Cuando en mi sueño Händel se convierte en un enorme jaguar director de orquesta y los músicos en venados, conejos, gallos, gallinas, ardillas y un largo etcétera: despierto y me doy cuenta de varios niños, entre la edad de  cuatro y cinco años, extasiados con la altura que el avión ha logrado permitiendo la visibilidad de majestuosas nubes tan cercanas. Los niños gritan junto a las ventanas: ¡Ahí está papá diosito!... ¡Ahí está papá diosito!.. Y a mí me nace, entre otros sentimientos, el deseo de tomar una fotografía a las nubes donde los niños han mirado a Dios. De este modo, en un abrir y cerrar de ojos, el tiempo dejó de ser implacable para convertirse en gracia de colaborar a descender el pájaro de acero en el aeropuerto internacional de Tuxtla Gutiérrez.


Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en ese ahora, nos regalaba un cielo esplendido. Y, aunque había aminorado el calor, la temperatura se desplegaba a 26 °C.  Clima bondadoso fue ese cual manos admirables permitiendo el paso a lo nuevo como la decisión de ir directamente a San Cristóbal de las Casas donde me esperaba mi amigo Elí Perianza junto a su novia Lily Santiago. Dicho sea de paso, a Elí Perianza, quien ahora es médico comprometido con la salud de la comunidad de Sitalá, es amigo a  quien conocí cuando él era niño e iniciaba su educación primaria. Y, a su vez, Elí es hijo del doctor Orlando Perianza y de la química-Maestra Angelita Jiménez de Perianza; ambos más que humanos y, cuyo transcurrir del tiempo, desde el misterio se me han remarcado como amigos extraordinarios. Para poder reunirme con Elí y su novia, abordé en el aeropuerto un taxi colectivo. Taxi donde coincidí con una familia que también había viajado desde Guadalajara, Jalisco. Familia que me platicó algunas de sus vivencias en la perla tapatía. Después de haber intercambiado con ellos algunas impresiones sobre el fallecimiento del  filósofo Jorge Manzano (sacerdote jesuita más que reconocido y quien –gracias al Padre Bueno-- fue mi amigo y gran maestro de continuar siéndolo desde el más allá) me despedí de ellos haciéndoles manifiesta mi alegría por la suscitación de este encuentro.

2
Para quienes estamos hartos de lo peor de la cultura mercantilista, ensartándose en las ciudades del entero mundo como siendo lo mejor para los pobres de espíritu: San Cristóbal de las Casas, Chiapas, continúa develándose como ciudad joya lejos de lo pudriéndose. Joya donde, junto a la armoniosa colonial arquitectura y la riqueza cultural de varias etnias indígenas que ahí suelen concentrarse, palpita el corazón de Tatic (don Samuel Ruiz) obispo de los empobrecidos quien ahora descansa en la paz de quienes nunca han de morir. Al respecto, bien pensando, por ejemplo: lo mejor de las ciudades, como las propias de  los Estados unidos de Norteamérica, no permanece en sus fieros edificios, ni en sus costumbres culinarias con olor a hamburguesa y grasas de engordar, ni en su electrónica embrutecedora nada; ni muchos menos en seres histéricos deseando saltar su absurda realidad con técnicas muy lejos de eliminar el egocentrismo. Lo mejor de Estados Unidos, reafirmo, palpita, además de su bello contexto geográfico, tanto en sus revoluciones (antecedentes de aquella inspiradora de los Derechos Universales del Hombre), como en sus verdaderos líderes políticos y espirituales; sus geniales artistas, literatos y sus hombres y mujeres conscientes de que la mejor postura no es la de un nacionalismo exacerbado, sino en experimentarse como ciudadanos del mundo. 


Ya desembarcado en San Cristóbal, llegaron las cuatro de la tarde y después de haberme alojado en el hotel que puso en su lugar a Lucifer por llamarse “San Miguel Arcángel”,  mi amigo Elí Perianza junto a su novia Lily, vino por mí para conducirme al restaurante “Los Alcanfores”  que se encuentra en medio de un bosque. En “Los Alcanfores” nos esperaba la familia de la novia de mi amigo en cuestión. “Los Alcanfores,” se ubica entre árboles alcanfores y dentro de un camino misterioso. En este restaurante, gracias a la fibra óptica, me localizaron los padres de nuestro Elí para invitarme, en la noche de este día, a la realización de una fiesta en casa de la profesora Paquita Robles Morgan en la ciudad de Comitán, Chiapas. Fiesta a la que no tuve reparos en acudir. ¿Lo sabían?.. Paquita Robles Morgan trabajó en el equipo de Tatic (el obispo Samuel Ruiz García) y sigue siendo ahora una grandiosa maestra-mujer de celebrar la vida cantando junto al cantante-autor Alberto Cortez: “Qué suerte he tenido de nacer.” En la casa colonial donde mora Paquita, me encontré bien recibido (¿verdad que desde el inicio de una llegada uno es capaz de sentir un verdadero recibimiento?) pues ahí entre interesantes diálogos, junto a los padres de Elí, su hermana Marigel (quien es  una destacada psiquiatra y gran lectora) y su hermano Orly (un informático y empresario brillante) recordamos poemas de varios poetas chiapanecos, entre los cuales no podía faltar Jaime Sabines.

3
El día 23 de diciembre olvidé en qué día estábamos y sólo así de pronto regresé a San Cristóbal para coincidir con la antropóloga Astrid Pinto y su hijo Fausto: amigos extraordinarios que la vida me ha concedido conocer. Con ellos tuve larga plática tanto en su propia casa como en la Casa Ultrilla, la librería Chilam Balam y el restaurante El Tuluk. Y la gran sorpresa: Fausto –a quien conocí cuando éste era recién nacido— ahora  es un muchacho a punto de iniciar la educación secundaria y ya toca la guitarra eléctrica. Fausto es muchacho de noble corazón y de armonizada inteligencia emocional.

4
Del 24 de diciembre del 2013 al 2 de enero del 2014, todo se confabuló para encontrar una piedra de ayudar a hacer más grande mi corazón. Piedra que encontré mientras corría por una vereda de una montaña de Motozintla de Mendoza, Chiapas. Era una piedra tan necesaria después de constatarme más vivo que vivo gracias a los acontecimientos en San Cristóbal donde el día 24, durante la noche, luego de instalarme en el hotel “Catedral”, fui a presenciar la fiesta del nacimiento del niño Jesús en la catedral de San Cristóbal. Ese nacimiento fue tan necesario en mi vida que hasta los juegos artificiales ayudaron a reafirmar las palabras del evangelio: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. No entiendo mucho lo que pasó (ni estoy preocupado por entenderlo) pero, por primera vez me encontré frente  al recién nacido Dios, lejos de familiares, amigos y conocidos. Y ahí, de pie frente al pesebre, dentro de la Catedral de la Paz, con renovada magia después de decirle al niño Jesús: ¡Gracias por existir!, recordé la tercera parte del poema  que escribí en diciembre del 2002 y que titulé “Los magos”:

Belén es noche donde los ciegos miran
Y bailan con los cojos
Es locura de todas las palabras
El agua refleja miles reyes magos
La nieve habla de amor que sabe convertirse en agua
Y mirra es bálsamo para quien entristece
¡Se enreda una estrella en nuestros brazos
Y es necesario elevarla como papalote!

Toc-toc
En el pesebre nadie pregunta:
¿Quién llama y osa decir que sois vosotros?
Nadie duda en cobijar también al burro
En el pesebre
Con la boca abierta he de mirarte:
Monedas de oro es risa de pastores
Venados que vuelan brotan del incienso
Y los sentimientos de la mirra
Son semillas ojos borregos
Rebuzna el burro
Batalla el animal para dar calor al pesebre
Sopla y resopla
Porque hoy es noche de tu nacimiento


Después de lo aquí narrado y de lo indecible, me conduje al hotel “Catedral” donde desde la ventana de la habitación número 8 que me destinaron, pude mirar  más y más luz desprendiéndose de los juegos artificiales dedicados al niño Dios. Fue entonces que sentí dolor y alegría conjugándose en este corazón de carne  que a veces no se da abasto y, debido a ello, pocos días después, encontré el corazón de piedra donde está inscrito el bello número que desde niño decidió acompañarme.


5
En el amanecer del día 25 me trasladé con todo y maletas a la hostería “María Chamula.” Hostería ubicada en el Andador Eclesiástico, cerca del Arco del Carmen. Luego de recibir las llaves de mi nueva habitación me dispuse a correr por varias calles de San Cristóbal hasta efectuar diez kilómetros. En ese lapso, fue magnífico encontrarme a otras personas de compartir la alegría  del deporte de correr.  Magnífico porque se trata de corredores provenientes de Lyon, Francia.  Corredores con quienes, mientras corríamos, intercambiamos algunas impresiones de viaje.

Luego de haber salido a correr y de disfrutar un baño con agua templada me conduje a conocer al  príncipe maya Pakal quien nació el 23 de marzo del año 603. Príncipe que cuando llegó a rey fue un gobernante sabio y justo de justicia solidaria. Es tan buen ángel  Pakal que, como Señor de la Selva, prometió acompañarme en mis correrías sobre todo las más intricadas. Me cayó tan bien Pakal que hasta acepté danzar junto a él en una ceremonia curativa.

Al otro día (el 26 de diciembre muy temprano) después de correr, fui a comprar algunos encargos al tianguis de Santo Domingo porque a las 7 de la noche estaría en Motozintla de Mendoza Chiapas y en la fiesta de cumpleaños de mi mamá Consuelo Mayorga Bartolomé donde, entre todos los ahí reunidos, me aumentaría la felicidad ver a Dennis – uno de mis sobrinos-- con su hija, mi sobrina Nicole.  Dennis está otra vez de visita después de seis años de sólo interactuar con él mediante los medios electrónicos. Dennis vive en Carolina del Norte y ahora posee tanto la nacionalidad mexicana como la norteamericana.

6
Lo demás vivido en Motozintla, lo iré narrando poco a poco en otro momento; pues respecto a lo ahí acontecido traigo un largo escrito en el corazón. Escrito donde sobresale la manera en que mi madre de edad avanzada, pero siempre joven (gracias a su fe en Dios que no envejece) subió varios tramos de montaña hasta llegar a un terrenito que la vida me concedió el año pasado y donde estoy perfilando la construcción de una cabañita. Mi madre al llegar a la ventana de la casita que me vendieron con todo y terreno, exclamó: ¡He subido hasta aquí pese a mi edad! Exclamación más que verdadera, pues tanto en la subida  como en la bajada, cualquier montañista, por más experimentado, bien podría resbalar debido a las condiciones del camino
    Otros acontecimientos inolvidables fueron: a) el baile del Club de Leones organizado de manera principal por mi compadre Pompilio Montesinos. Baile donde mi ahijado Enrique Pompilio tuvo un papel importante durante la coronación de la reina; b) la misa de los nueve días de haber trascendido este mundo el inolvidable hombre don Rafael Montesinos. Misa donde, de manera previa a su realización, encontré a mi padrino Jorge Montesinos con quien, por segunda ocasión en la vida, entramos juntos a la iglesia de Motozintla. En efecto, la primera vez fue cuando fungió como mi padrino de confirmación cuando yo cumplí siete años; c) la subida a mi terrenito tanto por una buena parte de mi familia (donde tuvieron un papel importante mi hermano Manuel de Jesús --hermano a quien admiro, cada vez más, por haber logrado forjarse un carácter  fuerte como afable---  y mis sobrinos más que agradables)  como por mi compadre Pompilio, junto a su familia, donde nos alegraron la vida con sus ocurrencias mi ahijado Enrique Pompilio y su primo Emilio; d) la fiesta de quince años de mi sobrina Daniela Elizabeth Mayorga Aguirre. Fiesta enternecedora por ser fiesta liberadora donde, entre su belleza, lo más importante fue la auténtica comunicación. Fiesta donde puede encontrarme con gran parte de mi familia que todavía no había podido contactar. En esta fiesta, la maestra de ceremonias fue mi prima Virginia Guadalupe (Vicky) Liy Mayorga a quien, por el gran apreció que le tengo debido a su carisma y a su corazón musical, sólo dos días antes de esta fiesta le conté un sueño estremecedor donde la divinidad me regaló una canción; e) la alegría de saber que mi sobrino Dennis es un trabajador inteligente, honesto y responsable en una empresa de Carolina del Norte y de volver a mirar tanto a él como a  su hija Nicole, ahora más grande; f) el baile navideño alrededor de la cama de mi tía Emperatriz quien, pese a yacer enferma levantó los brazos hasta hacerlos mover en giros de acompañar nuestro baile dedicado a su salud. Sí, junto a mi hermana Luz del Carmen y mis sobrinas Ivonne e Ivette bailé para que mi bella tía recobre su salud; g) cómo mi amigo y primo Fredy Viterbo Mayorga se está recuperando (¡Gracias al Padre Bueno!) de una grave enfermedad; h) el viaje a Niquivil con afán de conseguir el pan de trigo llamado semita; i) etcétera.


 7
El día tres de enero, de nuevo llegué a la ciudad de Tuxtla Gutiérrez y después de visitar a Ade quien es mamá de mis sobrinos Aldo, Tzanya y Jennifer, me conduje al aeropuerto para regresar a mi amada Guadalajara. En este aeropuerto los aduaneros me quitaron la piedra que, de manera natural, posee mi número.
        
           --¡No me quiten la piedra es piedra de mi suerte, y no tiene valor arqueológico! –expresé.
           ---Si no fuera arqueológica no sonaría y resonaría –exclamó un aduanero.
En un instante de ese lapso, la piedra me dijo (sin que nadie lo advirtiera):
           ---Martín: no importa quedarme por aquí. Siempre estaré contigo cuando me necesites. Por algo soy una piedra y una piedra es una piedra.
El aduanero cuando percibió que besaba a la piedra (pobrecito: no sabe nada sobre mi relación con las piedras) me miró con unos ojos peor que los propios de los demonios.


8
Ahora, mientras termino esta crónica, recuerdo a Emmanuel Lévinas (otro de mis grandes maestros) y palpita en mi cerebro una de sus enseñanzas donde es importante más que mirar, escuchar al otro, porque – como bien dijera este genial maestro desde un libro de Reyes Mate (1999: 24) y a propósito de la salvación—: la salvación es “la interrupción del tiempo presente.”
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Bibliografía:
Todorov, Tzvetan. (2009). “La vida en común”. Madrid: Taurus.
Mate, Reyes. (1991).  “La razón de los vencidos.” Barcelona: Anthropos.