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domingo, 9 de octubre de 2016

El TÉ QUE BEBÍ CON MI AMIGO EL MALÉ


Lo primero que recuerdo de lo que puedo recordar de mis primeros años en la tierra, es la montaña el Malé. Montaña tan alta cuya polifacética magnitud se podía ver desde el patio de la casa de mis padres; allá en Motozintla de Mendoza, Chiapas. El Malé era (y por fortuna conservo su amistad) el amigo que acostumbraba darme respuestas satisfactorias a mis preguntas más allá de la lógica. Y eran respuestas tipo caleidoscopio mandálico de dejarme satisfecho.

Un día, decidí beber con mi amigo Malé (yo desde el patio de mi casa y él desde algunos considerables kilómetros que para mi mirada infantil eran kilómetros de nada, pues yo lo sentía tan próximo a mí como lo está un verdadero amigo) un té de hojas de naranja, con miel y un poquito de leche. Claro, le serví té a mi amigo montaña en un vaso de barro gigante. Mientras bebíamos, las nubes se juntaron tanto que formaron, un poco arriba de la cabeza de mi amigo, dos manos tan juntas que sostenían un enorme pan de compartirnos. Así, mientras bebíamos el té, mi amigo y yo comíamos pan con sabor a misterio.

Prometo que desde entonces busco probar en el té aquella experiencia junto al Malé, mi amigo
.

miércoles, 5 de octubre de 2016

LOLIS



El viento, aunque magnánimo de rebasar su fuerza de lo que estamos acostumbrados, me concedió permiso de esparcir hacia los lugares sagrados del Padre de Bondad, las partículas de estrellas de tu hijo, mi amigo-hermano Fernado Esteban Larrinaga Robles. En efecto, el viento al principio parecía impedir, en la parte más alta de nuestra amada montaña Iztaccíhuatl, sostenernos de pie mientras el frío casi congelaba nuestras gargantas de tal manera que era difícil pronunciar sonidos. No obstante, pidiéndole permiso a nuestro hermano Viento me incorporé sin experimentar ningún sentimiento de miedo... Y más bien, escuchando desde la fuerza del misterio que también soy viento, inicié la ceremonia de esparcimiento de partículas de estrellas con palabras precisas y llenas de luz venidas desde lo alto y no solamente de mi cerebro (al Gran Creador doy gracias). Y mis amigos estudiantes, y los alpinistas de gran altura, respondían de pie, y sin miedo, con excelso corazón, desbloqueando sus gargantas de los grados de frío bajo cero:

¡Fernando Esteban!; ¡Gracias por existir y bendecirnos desde la luz de la montaña más alta!

Recibe un abrazo grande, Lolis.

Martín Mérida 





















CEREMONIA PARA PEDIR PERMISO A NUESTRA MADRE TIERRA DE SUBIR AL VOLCÁN IZTACCÍHUATL Y PARA HONRAR A FERNANDO ESTEBAN LARRINAGA ROBLES


(...)

Y el día 26 de septiembre, muy de madrugada, nos fuimos rumbo al refugio Altzomoni, situado a 4.025 metros de altitud y ubicado entre el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. Después de habernos hospedado en ese bendito refugio de nueva cuenta hicimos senderismo cuya meta consistió en dirigirnos a una pequeña montaña con la intención de realizar una ceremonia para pedir permiso a nuestra Madre Tierra de subir al volcán Iztaccíhuatl y también para honrar a mi hermano-amigo Fernando Esteban Larrinaga Robles, antes de esparcir en la cima de Iztaccíhuatl las partículas de estrellas –cenizas— de su anterior cuerpo; porque él tiene ya uno nuevo allá donde no se muere nunca más. En la ceremonia, depositamos flores y caramelos que nuestra Madre tierra recibió con agrado. Posteriormente cada uno de los participantes de nuestro grupo, luego de darle un beso y un abrazo a nuestra Madre, en silenció le contó sus propósitos a lograr en nuestro inolvidable viaje.

Martín Mérida