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martes, 12 de abril de 2016

SOBRE LAS ALMAS TOCADAS POR LA DIVINIDAD



Las almas tocadas por la divinidad conmueven a los gatos (y demás criaturas de naturaleza inteligente aunque no necesariamente racional). Los gatos como las almas tocadas por la voluntad divina (semejante al niño que aparece en la imagen fotográfica) quedan pagadas con divinidad misma como bien solía y suele decir el amigo San Juan de la Cruz:

“Que estando la voluntad
de divinidad tocada,
no puede quedar pagada
sino con divinidad;
más, por ser tal su hermosura,
que sólo se ve por fe,
gústala de un no sé qué
que se halla por ventura.”

Mi amigo Fernando Esteban Larrinaga Robles quien fue y ahora es –luego de su trascendencia-- músico por excelencia, es una de esas almas tocadas por lo divino. Por consecuencia, sigue conmoviendo tanto a los animales que habitan en el arco-iris y en otras dimensiones de fantásticos colores, como a otros seres de naturaleza distinta aunque hermanos de ellos. Por consecuencia, estos seres continúan dándole regalos de finura de ángeles como el que proporciona la verdadera escucha.

Amigos: ¡Gracias por hacerse cargo del corazón que Dios nos concedió!

Martín Mérida


miércoles, 8 de abril de 2015

TU VOZ Y EL GATO




TU VOZ Y EL GATO


(Poema de Martín Mérida)


Rehén de tu voz,
el gato irrumpe vuelto música
al escuchar su nombre
durante la tarde arcángel.

Rehén de tu voz,
el gato muestra su ser mago.
Así no brota sólo como felis silvestris catus, 
para resolverse en la gatuneidad 
de sonidos ordinarios.

Rehén de tu voz,
el gato despierta en el proyecto
de una visión de otro mundo.





lunes, 16 de febrero de 2015

UN CUÁNTICO RATÓN


La compañía de fumigaciones SPIDER no pudo cazar al ratón que todas las mañanas trotaba sobre el plafón del techo de las oficinas del Departamento de Física de Materia Condensada, y concluyeron su trabajo arguyendo que los sonidos eran ajenos a seres de este mundo. Escépticos a explicaciones sobrenaturales, algunos profesores olvidados del ratón empezaban a traducir esos ruidos como parte de un fenómeno normal para la Física Cuántica; hasta que Estefanía, la encargada de limpieza, se le ocurrió traer un gato que, ni tardo ni perezoso, bajó del plafón con el ratón más grande nunca antes visto en la Escuela Superior de Física y Matemáticas “Johannes  Kepler”.