domingo, 24 de abril de 2011

Jesús, poeta defensor de la dignidad.

Cerca de la Semana Santa y dentro de unos de sus días leí dos libros sobre Jesús. Además de volver a leer el libro de poemas que escribí como consecuencia de la pasión de Jesús de carne y mundo (libros que recomendaré al final de este escrito). Ahora, persuadido por mi búsqueda, las lecturas y la astmósfera de estos días de abril, voy a escribir aquí sobre Jesús quien al efectuar alguna enseñanza muchas veces eligió la poesía para no malbaratar la palabra y no ser parte de los que pretendiendo decir mucho sólo justifican, con su vocinglería, su matar a la vaca o el jalarle la pata. Jesús quien fue también capaz de hablar con su silencio, porque siendo poeta siempre supo que el poeta también habla con sus acciones. Y el Galileo hizo del tema de la justicia solidaria la expresión de su visión y pasión. Extraordinario fue este hombre en quien, según explica la teología cristiana, Dios se hizo hombre y el hombre se hizo Dios, porque lo ordinario es el orden cargado de normas que no garantiza consecuencias dignificantes. Extraordinario porque el milagro consiste no en evadir la vida sino, como el mismo Jesús dejó planteado, que todos podamos tener vida en abundancia. Proyecto que, en nuestro ahora, nos lleva, de manera imperiosa, entre otras cuestiones de carácter también urgente, al tema de lo injusto en la distribución de los bienes y a dilucidar las causas que lo han generado porque en nuestro país, siguiendo los datos del CONEVAL, en el 2008 aparecen 50. 6 millones de pobres a la baja y 19. 5 millones de personas en la miseria. Situación por demás injusta si consideramos que unos pocos multimillonarios a precios descarados nos rentan los medios para seguir vivos. Si Jesús viviera en nuestro tiempo, con toda seguridad no elegiría ser un monopolista ni sería un rentista de los oligarcas acostumbrados a dar gato por liebre. Si Jesús viviera en nuestro tiempo lo constataríamos como un combatiente no violento, pero activo en orden a cambiar el horizonte que no sabe mirar el rostro de quienes sufren. Porque Jesús cuando habló lo hizo desde los empobrecidos, los hambrientos, los presos y de "todos los que tienen hambre y sed de justicia"; al respecto, si a alguien le parece ingenuo que en la actualidad se pueda combatir sin violencia para lograr causas justas, recomiendo que se revise la historia del alcalde Sergio Fajardo que logró transformar el rostro de Medellín, Colombia, actuando con principios. Él (doctor en matemáticas) y otros de sus colegas se dieron cuenta que estaban cansados de los ladrones profesionales con su manera de hacer política. Cansados pero entreviendo que, si se lo propusieran, los políticos tienen el poder real de hacer grandes beneficios a las comunidades necesitadas de justicia. Sergio Fajardo es de los pocos latinoamericanos que después de haber cumplido con un cargo político puede ir por las calles mientras la gente murmura: “Ahí va el mejor alcalde de Medellín; el alcalde honesto."

Junto a S. Fajardo y mis estudiantes de "Ética
persona y sociedad", luego de la conferencia del
propio S. Fajardo, dirigida a los jóvenes, el 14 de abril
en el TEC de Monterrey, Campus Guadalajara.











En resumen, para no perder el hilo de mis palabras y tomando en cuenta que reina el puritanismo en muchos de los que se dicen cristianos, es necesario subrayar que a Jesús le importaba satisfacer el hambre real de los pobres de este mundo, así como sanar sus heridas. Opción que tomó aún sabiendo que podría ser asesinado, pues con sus actos desafío la torpeza de quienes aplican la ley sin medir consecuencias. Actos que lo convertirían en reo de muerte para el sistema político-religioso de su tiempo. Al respecto, considero buena opción leer los libros (que al principió de este escrito expresé que recomendaría) sobre el Galileo asesinado por su opción hacia los necesitados de justicia integral. El primer libro, titulado La Ética de Cristo (2008) fue escrito por José María Castillo quien de manera sencilla por profunda, critica el modelo antropológico que subyace en las estructuras del mensaje transmitido por los “religiosos” dónde el Dios del deber (contrario al Dios transmitido por Jesús, porque el Dios del Galileo es el de los necesitados) nos cala hasta los huesos y nos lleva a las más estúpidas realizaciones.

“Porque como ya he dicho, el desde dónde se habla es una de las cosas que más influyen en lo que se quiere transmitir” (Castillo, 2008: 43).

El segundo libro Jesús el Galileo. Doce nuevas cartas (2009) lo escribió David Fernández Dávalos, y se trata de un libro donde brota la presencia de Jesús que no se impone; Jesús quien está fuera de los juegos de poder y actitudes megalómanas. Libro donde el autor, con un lenguaje diáfano, nos narra cómo a través de sus vivencias ha experimentado la presencia del resucitado.

“Creo que las nuevas ideas y concepciones sobre Dios y acerca de la fe
deberían irnos permeando de la misma manera que el calor y el sol: progresivamente, con dulzura y sosiego. Porque, por supuesto, poner en cuestión lo que hemos creído en la vida, la fe que nos ha sostenido en el trayecto recorrido, nos hace violencia y provoca naturalmente una fuerte sacudida vital, como si del asalto a una fortaleza se tratara. Pero una vez que el corazón se ha abierto, la paz debe llegar y un nuevo edificio ha de comenzar a edificarse. La promesa de Jesús es inequívoca: sólo la verdad nos hace libres” (Fernández, 2009: 101).

El tercer libro, pues se trata de mi poemario: La pasión según un hombre cualquiera (2002).
Libro que escribí en una etapa por demás crítica de mi existencia y donde la pasión de cualquier hombre es parecida a la de Jesus de carne y mundo. De este libro les ofrezco aquí un poema:



Pedro

No quiero hablar de Pedro ni de su negación
En verdad deseo referirme al gallo
Duende parlante desde antes del lenguaje
Maestro de música del cromagnon
Cierra sus ojos para cantar poesía
Y sentir su sangre caliente como el sol
Por ello su lira nos hace recordar
Pedro es sólo un hombre que no quiere morir
El gallo es un poema
fiel a su escritor.

**********************
Bibliografía:

Castillo, José María. (2008). “La ética de Cristo.” España. Desclée de Brouwer.
Fernández Dávalos, David. 2009). "Jesús el Galileo: Doce nuevas cartas." México. Lupus Magister.
Mérida, Martín. (2002). “La pasión según un hombre cualquiera”. México. Mantis Editores.


miércoles, 6 de abril de 2011

"De paisajes infinitos" ("D’infinis paysages.")

Résumé.


[Le 30 mars, à l´occasion du 13e Printemps des Poètes 2011, sous le titre " D´infinis paysages," qui a eu lieu en France et dans les associations françaises dans 60 pays dans le monde (dans les écoles, les lycées, les théâtres…), le Lycée Franco Mexicain (Lycée français de Guadalajara) m´a invité à exposer mes poèmes inspirés dans la nature «pour faire écouter la voix d'un poète ». Dans la bibliothèque du Lycée j´ai dit quelques-uns de mes poèmes publiés dans mon livre « Le pays du regard ». Les enfants ont beaucoup apprécié et bien participé. Je remercie Gaelle Bunouf (professeure responsable de la bibliothèque ) qui a rendu possible la réalisation de ce projet.]

El 30 de marzo, debido a la XIII celebración de la Primavera de los Poetas 2011 que tuvo lugar en Francia y en las asociaciones francesas en 60 países del mundo (en las escuelas, los liceos, los teatros…), el Liceo Franco Mexicano (Liceo francés en Guadalajara) me invitó a exponer mis poemas inspirados en la naturaleza « para escuchar la voz de un poeta ».

Dentro de la biblioteca del Liceo dije algunos poemas publicados en mi libro « El país de la mirada ». Los niños apreciaron el evento y lo demostraron con su entusiasta participación. Agradezco a Gaelle Bunouf (profesora encargada de la biblioteca) por ser la mediadora para la realización de este proyecto. En efecto, cuando faltaban cuarenta minutos para las ocho de la mañana, hora en que comenzaría mi participación, me encontraba en las instalaciones del Liceo. Instalaciones dejando al descubierto una gran variedad de flores primaverales. Desde la segunda planta de uno de los edificios donde se encuentra ubicada la biblioteca, pude visualizar el Bosque de la Primavera donde lo verde ha vuelto a nacer.

Poco a poco, fueron llegando los profesores que se comunicaban en lengua francesa mediante una simpática camaradería. Después los niños arribarían al nuevo día escolar con el Bonjour! en múltiples tonos y ritmos. De pronto, entre los profesores brota la profesora Gaelle Bunouf quien me recibe con amabilidad de primavera y me conduce a la biblioteca.

Mi participación fluye en un ambiente alegre donde los niños se conducen atentos y participativos. En ese espacio trato de traducirles con toda mi existencia que la poesía es expresión libertaria y estoy con ellos porque me interesa depositar mi granito de arena para seguir entusiasmando no sólo a la lectura de poemas sino también a escribirlos.

Casi al final de mi exposición una niña pregunta: ¿Y cómo uno se convierte en poeta? Mi respuesta le satisface: Para ser poeta primero se necesita haber nacido al asombro y luego habremos de ser preguntones como los niños. Tan preguntones como afirmar con nuestros actos que no venimos al mundo para agregarle basura. Pero no bastará con vivir en poesía; también será necesario aprender a escribirla.

sábado, 26 de marzo de 2011

Para no navegar en el “Titanic planetario". (”Pour ne pas naviguer à bord du “Titanic planétaire” ).

Résumé.

[ Hier, 25 mars, j’ai eu l’honneur de présenter le philosophe et conteur François Vallaeys venu spécialement de France au Tec de Monterrey, campus Guadalajara, pour nous faire une conférence-conte intitulée: Bonté, responsabilité et durabilité. Voici mon commentaire à ce sujet :

Nous remercions la chaire universitaire Alfonso Reyes, toutes celles et ceux et plus particulièrement Violeta Sandoval qui ont rendu possible la rencontre avec le philosophe, frère de voix, François Vallaeys. ]

El día 25 de marzo, de este 2011, tuve el honor de presentar al filósofo y extraordinario cuenta-cuentos, François Vallaeys quien desde Francia vino al Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara, a brindarnos una cuento-conferencia titulada: Bondad, responsabilidad y sostenibilidad. Aquí dejo mis palabras:

Agradecemos a la Cátedra Alfonso Reyes y a las mediaciones de nuestro campus, en especial a Violeta Sandoval, por hacer posible este encuentro con el filósofo-artista Francois Vallaeys, quien es un hermano de voz. Hermano de voz reitero porque como dijera el poeta Jibran Jalil Gibran: “Sólo quien ha muerto puede decir algo en las páginas de la vida".

















Al escribir la frase anterior del gran Gibran, que quizás puede sonar grave, lo hago para expresar la necesidad de morir a las falsas pretensiones (las falsas pretensiones incluso academicistas) para no encubrir con nuestros actos la muerte real o simbólica del otro. Porque, como el mismo Vallaeys expresa: “Es necesario cambiar de mundo para que éste no desaparezca”.

Violeta Sandoval junto a Francois Vallaeys.


Y ojalá todos los que estamos reunidos aquí donde, queramos o no, también se desamarra el pasado y el futuro, seamos lo suficientemente autocríticos para negarnos a navegar en el horizonte del “Titanic Planetario” como nombra el filósofo Edgar Morin (citado en varias ocasiones por Francois Vallaeys) al mundo de hoy puesto en crisis. En efecto, sólo siendo autocríticos podremos poner nuestro granito de arena más allá de egocentrismos, narcicismos y enfoques etnocentristas. Hago votos para que a quienes verdaderamente nos concierne esta casa de estudios, con actos valientes nos neguemos a estar en el “Titanic planetario” y sintamos la necesidad de navegar con un corazón ético en un barco distinto. Con un corazón de saber enlazar las tres responsabilidades necesarias para no hundirnos: la responsabilidad moral; la responsabilidad jurídica y la responsabilidad global; pues como bien enfatiza el filósofo artista Francois Vallaeys, citando al poeta Paul Valéry: "El hombre sabe lo que hace/ Nunca sabe qué hace lo que él hace.” Palabras certeras éstas del poeta P. Valéry sobre todo, en lo que concierne a lo que aquí vengo diciendo, porque quizás muchas veces navegamos sin tratar de ahondar en el camino aunque éste bien pudiera llevarnos al hundimiento.


Apreciables estudiantes, profesores y público en general: por todos los motivos que nos trajeron aquí para escuchar la mirada ética de Francois Vallaeys, deseo que con una voluntad en pie desprendamos la fuerza necesaria para crear proyectos solidarios cifrados en la justicia.

Gracias.

La persona que estoy siendo con Francois Vallaeys.









Por último, les brindo mi poema El país de la mirada. Poema que se incluye en mi lbro "El país de la mirada," cuya primera edición fue publicada por Literaralia Editores y la Universidad Autónoma de Nayarit en el 2003:


El país de la mirada se descubre paso a paso

Ajeno a la guerra aparece con voces de lo intrépido

Asusta a quien no encuentra el mapa para hallarlo

Y es territorio sin aburrimiento de las horas

Y es un presente vestido de madrugada


El país de la mirada

nace si me uno a tus ojos

Y necesito de ti

para encontrar la voz del agua


El país de la mirada es como una ronda

que nos nombra niños sin fronteras

Ahí entramos al poema donde no falta

la sala donde se juega

miércoles, 16 de marzo de 2011

Sobre LA IMPORTANCIA DE NO VERLO CLARO del autor Rubert de Ventós.


Cuando recién inicié mi maestría en Filosofía y Ciencias Sociales, en el ITESO, la profesora encargada del curso propedéutico nos pidió la lectura del primer capítulo del libro escrito por Xavier Rubert De Ventós (2004): Por qué Filosofía. El capítulo se llama: De la importancia de no verlo claro. Y, a manera de resumen, puedo decir que contraria a la actitud filosófica existe una tendencia, por parte de muchos, a no poner entre paréntesis los preconceptos respecto a lo que se mira. Actitud evidenciando una terrible falta de respeto; pues mejor sería adoptar una actitud investigadora si al mostrarnos como conocedores sólo dejamos entrever nuestra ignorancia. O si al hablar destruimos sin ánimos de edificar. Y, lo aún peor, por horror al vacío o temor a la vulnerabilidad, podemos jactarnos de ser profundos conocedores de determinados temas sin cuestionar si dichos conocimientos pueden en verdad fundamentarse (al respecto, un título universitario tampoco nos da derecho a proferir sandeces). Así, como señala nuestro autor catalán: creyendo mirar con claridad bien podemos estar navegando entre un cúmulo de creencias y supersticiones. Además, si un tema, una circunstancia o alguien nos parece sin importancia, lo despachamos arrojándole calumnias y alejándonos de una verdadera búsqueda filosófica; pues "sólo cuando comenzamos a querer de verdad a una persona o una cosa es cuando sentimos los límites de nuestro conocimiento de ella". En efecto, en este primer capítulo del libro Por qué Filosofía, aquí mencionado, se subraya que el colmo radica en las graves calumnias arrojadas contra quienes nos parecen extraños. Ante esto, Rubert de Ventós al remarcar lo amado como lo susceptible de ser verdaderamente conocido; también subraya: “Solo la ternura del corazón nos da la medida de la dureza y torpeza del entendimiento”. Este autor efectuando un análisis de las supersticiones y creencias, también interroga nuestras propias creencias en plena posmodernidad, pues como los primitivos, pensamos saberlo todo y nos preocupa tener siempre la razón. En este capítulo se dice que ahora basta con hacer referencia a una universidad considerada prestigiosa; a un determinado autor o fuente bibliográfica, para pensarnos en lo cierto; como el caso del padre Ocaña que en sus clases de filosofía decía: Este argumento, como demostración, es en Latín. Así, para muchos, algo es cierto si suena raro o complejo. Ante esta forma de actuación el mismo De Ventós nos señala, cuando menciona a Gracian: aunque muchos son sabios en Latín, suelen ser grandes necios en romance.
Pretender verlo todo claro y tener respuestas para todo, es una necesidad compulsiva y neurótica de quien no ha aprendido a reconocer sus límites como queda ilustrado en el capítulo en cuestión con el ejemplo de Mafalda y Susanita, donde la segunda responde a una sentencia, dicha por la primera, con una respuesta embustera, pero con pretensiones de ser superior a la primera. (La caricatura de Quino que muestro a continuación, viene incluida en el libro de Rubert de Ventós).


Contrario a estas tendencias, se erige el proceder filosófico; proceder que requiere de humildad y valentía para no ceder a las falsas seguridades: “llegar a poner en contacto lo que sabemos con lo que sentimos, lo que pensamos con lo que hacemos; es desconfiar de las explicaciones que satisfacen, arriesgarse a menudo a ver más, o menos, de lo que quisiéramos ver.”
Bibliografía:
De Ventós Rubert (2004): Por qué filosofía, Sexto piso, México.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Algo sobre la luz desprendida del poemario "Alucinacimiento" de Julio César Aguilar.

El 4 de diciembre de 2010 en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL 2010) el poeta Julio César Aguilar, a través de la editorial Literalia Editores cuya directora es la poeta Patricia Medina, me invitó a presentar su libro Alucinacimiento. Presentación que efectuamos en el salón “C” de la Expo-Guadalajara. Aquí expongo mis palabras.

Desde el escenario milenario no sólo escenario sino también punto de partida: en un alucinacimiento y dentro de un paisaje oriental, Matsuo Basho después de sentir el vuelo de una mariposa, despertó hoy en la mirada del poeta Julio César Aguilar en el salón “C” de la expo Guadalajara en esta Feria Internacional del Libro (FIL 2010), pues Julio César vino a sacudir las ramas de ese árbol literario de la tradición japonesa llamada haikú, y en esa sacudida caen hojas sin precio; hojas de diecisiete sílabas repartidas en tres versos. ¿Alguien las quiere recoger para llevarlas en su bolsillo como un niño guarda lo que no puede decirse con palabras traidoras de la luz?

Al abrir el libro de Julio César, la luz perteneciente a todos los tiempos me hizo renacer la experiencia obtenida hace algunos años mientras aprendía una milenaria técnica Zen, de curación oriental, cuyo centro es la poesía (y los haikús –no olvidemos— tienen fundamentación en la sabiduría Zen). Aprendizaje que me valió la burla de algunos “filósofos” indiferentes a la sabiduría oriental como si lo imposible de caber en su cajón de seguridades, pudiera ser desechado en un basurero del logos. No obstante, a decir verdad, vi en el trasfondo de esos rostros burlones el miedo platónico ante lo distinto (miedo a las voces no asumibles en lo Uno).


En efecto, quienes no saben del poder de la poesía jamás podrán abrevar la luz para atisbar lo innombrable. Lo innombrable también revelándose ahora en el poemario Alucinacimiento; libro transfigurando el dolor y la alegría para mostrar lo maravilloso. Porque ese nombrar lo innombrable —respetables señores— es trabajo de los poetas y de algunos filósofos; de algunos, digo, porque muchos de estos últimos, como ya dejé aclarado, hablan sólo para negar lo exterior a su mundo cerrado. Por ello el poeta Julio César Aguilar, dice:

“dios eres tú
mas no todo filósofo
es un poeta"


En los poemas nacidos del árbol Alucinacimiento no encontramos una convocación a meramente estudiar objetos ni para adentrarnos en juegos de palabras propios de holgazanes. Aquí, sólo hay motivos para vislumbrarnos a partir de la innegable alteridad que constituye al poeta Julio César Aguilar quien, con exquisita sensibilidad, ha dedicado su libro a la memoria de su abuelita Soledad Zúñiga Álzaga, sabiendo que cuando la injusticia se convierte en perro ansioso de mordernos, los abuelos (dicho sea de paso: Matsuo Basho es uno de los abuelos de los poetas que nos señalaron por primera vez la rama haikú; rama del árbol poesía) aún desde el más allá nos defienden con lengua de manantiales, astros y flores.

“A la memoria de
Soledad Zúñiga Álzaga
—mi abuelita—
por su sabiduría elemental”

El poeta Julio César Aguilar muestra con sus versos, respetuosos de la altura de los otros, que la faena poética no apunta a lugares comunes y apuntar fuera de ese horizonte, cuando una parte del mundo sólo se alucina ante imágenes semejantes a las televisivas, a veces significa portar en el corazón el dolor de niños quienes, de manera incansable, muestran las pequeñas cosas; me refiero a los niños mancillados por adultos de rebuznar en lugar de amar.

Cada haikú comprendido en Alucinacimiento no lleva el sentido de producir seguridades ni respuestas en el orden del ser filosófico; antes bien, el poeta Julio César ha sembrado, en este libro, flores abiertas para resignificar el mundo.

“entre los sueños
hacen su realidad
los soñadores”

El trabajo poético explicito en el poemario Alucinacimiento está basado en el constante desbaratamiento de las verdades preestablecidas y, por lo tanto, insisto, ni uno sólo de estos poemas puede quedar apresado en la racionalidad que rebuzna, porque Julio César Aguilar muestra de manera lúcida que el poeta no es sirviente de nadie ni de nada. Antes bien, el poeta alejado del pragmatismo del mundo tecnificado, nombra a la naturaleza y su manera de nombrarla (como hicieran los sabios Zen) dignifica a la vida. Lo anterior, está por demás decirlo, se puede constatar en el poemario Alucinacimiento donde se sugiere que la actitud poética apunta a no dar nada por determinado. En este sentido, la poesía es una reconstrucción de la realidad que nos proporciona el miramiento necesario para habitar el mundo con oídos atentos. Y, por ello, el poeta sugiere:

“mientras los muertos
a sus muertos sepultan
vivir la vida”

domingo, 6 de febrero de 2011

Mi encuentro con Maru y Fefo (o algo sobre Uruguay en Guadalajara, Jalisco, México).

Maru y Fefo son existencias con capacidad de interrelación, pues se conducen hacia los otros sin violencia. Sin violencia sí, pero no viven en la paz de las charcas. Es decir, no despliegan sus alas en la conformista-acomodaticia ventana empañada de cristal. Fefo y Maru son jóvenes profesores de dar la cara por los niños sabiendo a pie juntillas que éstos no vinieron a este mundo a hacerle al tonto.


En la foto: Fausto Rafael Cházaro Pinto..

Estas joviales existencias nacieron en Uruguay, pero se trata de existencias cosmopolitas-éticas; es decir, aprendieron con el poeta Mario Benedetti la noción de patria:

Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.

Aprecio a Maru y a Fefo aunque sólo se instalaron en mi refugio unos días para contarse con los dedos de una mano; sólo unos días de este enero lúcidamente enropado en el 2011 (únicamente unos días sí, pero vuelvo a sentir: la eternidad se vive en un instante si --sin veleidosidades-- nos lo proponemos). Aprecio a estos uruguayos porque en algún instante de sus vidas posibles (la frase instante de sus vidas posibles, se la pedí prestada a mi amigo Mario Benedetti que desde el mas-acá-allá-más, me dijo: Tomála vos botija chiapaneco) volvieron a ser niños. Los aprecio –re-insisto-- como a todos a quienes sin miedo nombro amigos. Y porque, apreciables lectores, ese volverse niños es una empresa tan filosóficamente vedada para señorcitos y señorcitas enfrascados en una conciencia moral acomadada en la edad de los injustos, que uno puede darse cuenta de manera sobrada: los señorcitos y señorcitas viven la libertad como imposible y ahí nomás quedarán enterrados junto a sus cacharros.

Estos más que seres humanos (porque, ¿cuántos de quienes se dicen gente son en verdad humanos?) llamados Maru y Fefo, residen en Uruguay. Y Uruguay, como sabemos, fue cuna de indígenas tapes, arachanes, charrúas, chanaes, y guaraníes.
Me refiero a indígenas inmortales porque –lo afirmo de manera comprometida-- uno puede ver en el trasfondo de ojos uruguayos, abiertas ventanas europeas donde –gracias a la vida—nos encaran los indígenas. Creo que el escritor Eduardo Galeano, el venturoso viajero de escribir “Las venas abiertas de América Latina”--- estará de acuerdo conmigo; si así no fuera, pues puede hacérmelo saber para responderle con uno de sus escritos de “El libro de los abrazos”.

Maru y Fefo, con sus diferencias y coincidencias, se manifiestan con intereses propios de personas cuya opción es la inteligencia sentiente. Cuando dialogan, la carga emotiva deriva en política; pero, aunque uno no esté de acuerdo con algunos de sus centros y ángulos (no estar de acuerdo, a veces, con ciertos argumentos de los otros, es trayecto normal en el curso que atraviesa el horizonte posibilitador de la dialéctica) lo importante es el devenir revelándose en el diálogo; proceso delatándolos como corporalidades abiertas a aceptar la alteridad. En resumen: se trata de personas ya con vuelos de viajeros con la talla de Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt.

Me sentí muy bien con las presencias de Maru y Fefo y les ofrecí las habitaciones del corazón. ¿Acaso hay otras?.. Pero sobre el inmueble situado frente a un parque arboleado, pues les di las llaves a fin de que la libertad siga siendo libre. El inmueble, donde suelo habitar en horas para escuchar, es bello porque lo ahí reunido tiene el sentido de mi estar existiendo con la palabra libertad impregnada en todo su fondo y sus colores. Y lo que estoy existiendo (mi identidad narrativa sobre la que soy testigo ante Dios y ante quien se me pegue la gana. Me refiero aquí a mi identidad jamás cerrada y que seguiré construyendo, de ser posible, más allá de la muerte) no posee cerraduras. Mi verdadera casa soy yo. Lo anterior suelo ahora decírmelo en imperativo dentro de la resonancia del silencio: ¡Mi verdadera casa soy yo! En efecto, haber realizado ese sencillo, pero tremendo descubrimiento, sin falsa postura intelectual, me hace brotar la sonrisa. Y aquí debo reconocer que quien me guío a efectuar ese descubrimiento es mi amigo defensor de los Derechos Humanos: David Fernandez Dávalos, quien es un acompañante de Jesús el liberador (un auténtico jesuita, pues), quien con sus actos subraya que, como los niños, no vino a este mundo a hacerle al tonto.

Algunas veces acompañé a Maru y a Fefo en travesías (el viaje a Tapalpa fue excepcional y estuvo lleno de enigmas y milagros) vividos como acontecimientos experimentados con mi corporalidad situada tanto en el ahora, como en mi amanecer que recibió y sigue recibiendo aprendizaje de la noche más fuerte que la esperanza.

























Antes de terminar mi escrito, también agradezco a la antropóloga Astrid Pinto Durán (antropóloga comprometida con las causas justas en estos tiempos del crimen) por presentarme a personas casas para el recibimiento y no inmuebles con apariencias de gente. ¡Ah!.. También saludo con alegría a Mario un ex-jesuita que a decir de Maru y Fefo es una super-persona y fue quien, a la antropóloga Astrid, hizo la revelación de sus uruguayas presencias.

Un abrazo a mis lectores (en este dos mil once suman más de seis mil quienes me han visitado en mi casa blog: ¡Aleluya!). Un abrazo sin ambages ni cortapisas.


miércoles, 29 de diciembre de 2010

Jesús, ¿quién eres tú?. ( A propósito de Navidad).

Dedico este escrito a la familia Perianza Jiménez y en especial a Elí.

Transcurría aproximadamente el año 1124 cuando, según la tradición cristiana, el poeta, defensor de la ecología, Francisco de Asís, el burgués que se hizo pobre y cambió de piel para convertirse en un revolucionario del amor al Reino de Dios, inició la representación del pesebre de Belén en Greccio, Italia, diciéndole a un buen hombre: “Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, vete y haz presto los preparativos como yo te digo; porque intento hacer una representación del niño que nació en Belén, de modo que se vea corporalmente como fue reclinado sobre el pesebre (1). Sin duda, el poeta Francisco contempló aquel pesebre con un corazón dispuesto a la exigencia, responsabilidad y (aunque parezca paradójico) jovialidad, que implica el seguimiento a la llamada radical de Jesús. La conciencia de este singular poeta no estaba manchada por la edad del crimen organizado y estaba exigua del ambiguo lenguaje de las tecnologías modernas; sin embargo, a los 25 años decide renunciar a la deshonra impresa en su ser a causa de pertenecer a la clase de los opulentos y descarados comerciantes que malgastaban su efemeridad en el deseo estúpido de ser más poderosos que el prójimo. Contraria a esta actitud, el poeta Francisco de Asís desde una mágica dimensión poética, cuyo centro fue Dios, actúa sin dobleces en el servició a lo despreciados de su época: los leprosos, los hambrientos, los empobrecidos; etcétera. A ejemplo de este extraordinario hombre, no encuentro una fiesta más simbólica que la Navidad, como oportunidad de renacer habiendo destruido al hombre viejo para volver a ser como niños: “De cierto os digo que quien no recibe el Reino de Dios como un niño no entrará en él” (Lucas 18, 17). O si se prefieren las palabras del gran Federico Nietzsche: “La madurez del hombre consiste en haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño.”

A propósito de la Navidad con horizonte mercantilizado, Pablo Latapí en el periódico Excelsior del 12 de julio de 1975, con severa actitud preguntaba: “Al típico hombre de hoy ¿llega la Navidad?”. Este intelectual mexicano responde que la Navidad en su verdadero sentido sólo pertenece a los hombres auténticos y profundamente religiosos. Es curioso, los típicos hombres de hoy, emboscados de tecno-mercancía, también se preocupan por construir nacimientos
adornándolos de múltiples artificios, entre los cuales se destacan los foquitos que se encienden y apagan; foquitos muy lejos de simbolizar a las estrellas que quizás nos conducirían a una necesaria reflexión sobre el misterio del universo
y tal vez nos llevarían a exclamar como el Físico-filósofo-místico, Albert Einstein: “La emoción más hermosa y profunda que podemos experimentar es la sensación de lo místico. Es la semilla de toda ciencia verdadera. Aquel que es ajeno a esta emoción, que no puede maravillarse y quedar sobrecogido de terror, está de hecho muerto...” (2) Foquitos o flores de pascua que de escucharlas bien podríamos percibir que nos gritan: ¡Muere y vuelve a nacer!, porque “si el grano de trigo no muere, no da fruto” (Juan 12, 24).

En muchas partes, una gran multitud traerá a sus casas el heno y el musgo de los árboles para erigir el pesebre. ¿Acaso para honrar la sencillez y la moderación?.. ¿O sólo para decorar y de esa manera estar a la usanza decembrina? ¿Para qué despojar árboles de su hermosura si nuestro corazón está hipnotizado por el consumismo y somos indiferentes a encontrarnos presos de las maquinaciones de los dueños del desarrollo económico global y nos importa “un comino” sabernos seres que obnubilan lo esencial, como bien nos enseñó el extraordinario escritor Antoine de Saint-Exupery en su libro ( en verdad es un poema) El principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Desafortunadamente, en nuestro a punto de acabar el 2010, la mayoría de los seres humanos nos negamos a ver con el corazón y lo esencial continúa siendo invisible a los ojos de quienes han perdido al hombre como hermano y lo han vuelto a encontrar como lobo, perro, infierno o un semejante a quien pisotear. Los filósofos T. Hobbes y J. P. Sartre, en mucho no se equivocaron al explicar la situación del hombre contemporáneo. En efecto, ambos coinciden en la necesidad de destruir la mugre superficial de un mundo para comenzar a ver el rostro del hombre más allá de las apariencias.

Es penoso observar a empobrecidos tirar a la basura sus endebles aguinaldos; da coraje saber a los enriquecidos olvidados de la viuda, del huérfano, del que gana un salario indigno, del encarcelado, de quien se debate en la crueldad del hambre, del ciudadano que sin ton ni son es asesinado en la calle; etcétera.

Próximo a ser rebasado el primer decenio de esta era cifrada en la violencia, celebraremos el acontecimiento más sorprendente sobre la tierra (al menos para la tradición cristiana; claro): Dios que se hizo hombre para nacer entre los pobres. Sí, En el fugaz 25 de diciembre de 2010, celebraremos 787 (setecientos ochenta y siete años) de simbolizar, año tras año, el nacimiento del niño Dios en el pesebre de Belén, quizás sólo para sublimar la impotencia de no tener el coraje suficiente de mirarnos con honestidad y, por fin, hacer del mundo la fiesta verdadera. La fiesta donde se derrumben muros y cada quien se quite los gusanos obtenidos en el sepulcro llamado establishment para levantarnos revitalizados como Lázaro bíblico (que no creo se haya enojado por vivir nuevamente) para alabar, por fin, al sol, al agua; a la magia y riqueza verdadera de todas las maravillas naturales. Bien preguntaba el viejo Whitman en su Canto de la Tierra que Gira: “¿Dejarás que se pudra en ti tu propio fruto?/ ¿Lo dejarás agazaparse y hundirse?.”

Duele ver el Reino de Dios atacado por malévolos que desearían dejarlo en un paréntesis. Duele ver el Reino de Dios desechado por millones de gente como fábula o basura. Duele ver el Reino de Dios que pretenden partir quienes están partidos por partidos políticos acostumbrados a la traición y al crimen. Duele encontrar la Navidad reducida a navidería o a mero intercambio de regalos donde no existe el corazón. Duele ver expresiones navideñas envueltas en el sentimentalismo y romanticismo que no conducen a Dios. Pero el Reino de Dios que es como un ya está aquí pero todavía no, canta y vibra porque tiene la fuerza de lo que no puede explicarse sólo mediante la razón y porque (siguiendo otra vez al viejo Whitman en el poema citado):

¡Quien quiera que seas!
Es para ti hombre o mujer
Que el sol y la luna penden del cielo,
Pues nadie más que tú es presente y pretérito,
Pues nadie más que tú es la inmortalidad.

Lector apreciable: como ya te diste cuenta, la intención de mi reflexión pretende despertar en ti, en mí y en todos, el sentido verdadero de la Navidad por si lo hemos perdido. Si así no fuera: ¡Alabado sea pensar actuar y vivir!.. Pues como nos indica el filósofo y teólogo brasileño, Leonardo Boff: “…Ante el pesebre, con el niño entre el buey y el asno, la virgen y el buen José, los pastores y las ovejas, la estrella y las profesiones, la naturaleza, las montañas, las aguas, el universo de las cosas y de los hombres, todo se congracia y se reconcilia ante el Recién nacido” (3).
Con espíritu de verdadero cristianismo (para los que aún somos cristianos a pesar de tanta impunidad dentro, inclusive, de las estructuras eclesiásticas) o para quienes no son cristianos, pero buscan ser hombres libres, justos y responsables: ¡Construyamos pesebres! ¡Qué retumbe la tierra, pues es Dios quien nace! ¡Qué sonría el Niño Dios que llevamos dentro y sostengamos su sonrisa una y otra vez!

Lector, apreciable, si por casualidad mis letras te parecen desatinadas, no está demás seguir el consejo del corrupto rey Herodes (4): “Vayan y averigüen que hay de ese niño." (Mateo 2, 8). Si eres sensato, al acercarte al pesebre y mirar de frente al recién-nacido, cuando menos preguntarás (porque es de sabios y magos preguntar): Jesús, ¿quién eres tú?.. Y si él te responde con cualquiera de las múltiples formas que tiene Dios de responder, quizás no desees devorarlo.

Citas:
(1) Florecillas de San Francisco. Ediciones paulinas. México, 1978. pp. 254.
(2) L. Barnett. El Universo y el doctor Einstein. F.C.E. México 1973. p 95.
(3) Boff, Leonardo. Jesucristo el liberador, Sal Terrae. España, 1995.pp. 170-171.
(4) Misal. 1995, Obra Nacional de la Buena Prensa. México, 1994, p.25.