martes, 28 de julio de 2009

Acamapixtli Alvarado (o algo sobre la historia de un recomenzar).

Veo la historia de Acamapixtli Alvarado como el advenimiento de un círculo de vida de llegar a ser lo que ya se era en el principio: el ser humano de la mirada que desde niño supo observar lo que vale la pena experimentar y fortalecer en términos existenciales. Para aclarar lo que aquí menciono es necesario comprender y reconocer al recién nacido que de la comunidad de Allende[1], situada en el municipio de Motozintla, Chiapas, México, estableció su casa,[2] siendo aún joven, en Chez Roux; lugar a su vez pertenciente al distrito de RUFFEC: municipio de Moutardon, Francia.

En la cima de la montaña del fondo se encuentra Allende y en la falda,
el barrio "Las canoas" de Motozintla de Mendoza, Chiapas, México.














Si menciono este crucial movimiento de traslado ejercido por Acamapixtli, no es con la intención de mostrar un lugar como mejor que otro; antes bien, me interesa subrayar nuestra pertenencia al mundo. Pertenencia a salvarnos de nacionalismos cerrados en el chauvinismo. Porque a veces, cuando las condiciones socioeconómicas, culturales y políticas muerden, movemos hilos a llevarnos donde bien puede abrirse un gran regalo como compensación de una lucha. En consecuencia, no pretendo escribir aquí la completa historia de vida de este hombre; historia que, como él mismo afirma, llevaría cientos de páginas. Libro a no pasar por alto un capítulo dedicado a la discriminación por parte de quienes no saben reconocer la alteridad y, de esa manera, ignoran las raíces sociales que nos constituyen y nos vuelven personas. Porque este ser humano, inscrito como ciudadano mexicano en el registro civil de Motozintla en el año de 1940, aún llevando en su rostro las huellas de lo profundo (y lo profundo es sencillo) constató en carne propia la violación a la igualdad de derechos a la que eran sometidas las familas campesinas. Violación que todavía constato y sobre la cual escribo en mi poema[3] "Tanma..."

De derecha a izquierda: Acamapixtli, Annie, mi persona e Iván. La
foto fue tomada en Chez Roux.














Para meternos un poco en la mirada de Acamapixtli pido tratar de sentir lo que experimentó cuando a sus 12 años caminó más o menos 53 sinuosos kilómetros, a través de montañas y en el afán de llegar de Motozintla a Huixtla, Chiapas, con la finalidad de tomar el primer tren al que seguirían otros, a través del tiempo y el destiempo, hasta arribar a París donde después de grandes vicisitudes se matricularía en la Universidad de la Sorbonne donde aprendió a dominar la lengua francesa. En esta travesía, Acamapixtli afirmó la grandeza de la vida campesina porque, como lo experimenta con su propia existencia, admirables son los movimientos de cortar leña, sembrar frutos y flores y vivir amando la lectura, el cine y el teatro. En efecto, Acamapixtli pronto aprendió que la vida es breve y la vivimos con más intensidad si nos volvemos lectores y amamos las expresiones artísticas; por ello, fue premiado con la medalla de oro en el “Primer Festival de Teatro de France-autre mer” y, aparte de amar la fotografía, es ávido lector de novela y poesía. Así, gracias a que Acamapixtli había leído algo de mi obra poética, comenzamos un intercambio de mensajes hasta darme cuenta que ya sabía de él y de Annie, su esposa de nacionalidad francesa. Pero sólo al estar por completo convencido de este conocimiento, decidí escribirle el siguiente mensaje:

Guadalajara, Jalisco.
Marzo 10 del 2008.


Apreciable Acamé:

Tus fotografías han hecho que otros tiempos me visiten y desde esos otros tiempos llegue un torrente de recuerdos… Sí, vienen a mi memoria los días en que mi madre Consuelo y mi abuelita Bonifacia Bartolomé, me enviaban cerca de la comunidad llamada Morelos para acompañar a la persona que traía hacia Motozintla una carga de leña para vender. Acompañarlo a fin de que otros niños no se adelantaran en esa misión y, de ese modo, la familia no se quedara sin leña. Fui, por fortuna, un niño de las últimas generaciones de niños motozintlecos que no sólo se encargaban de ir al cerro a apartar la leña sino que, también, llevaban el maíz y el café al molino. Así que la fotografía donde un niño va con su mula me habla mucho más de lo que ahora te cuento.

También tengo el recuerdo de haberte visto junto a tu esposa cuando yo era adolescente (lo recordé apenas anoche.) El escenario era el siguiente..: ustedes iban pasando justo al lado de la casa de los ahora finados don Beto Méndez y doña Gloria Pérez de Méndez: caminaban y al mismo tiempo comían cacahuates… Ahí alguien estaba escuchando un disco de Nana Mouskouri. Justo estaba la canción: "Le tournesol, le tournesol/N'a pas besoin d'une boussole/Ni d'arc-en-ciel, ni d'arc-en-ciel/ Pour se tourner vers le soleil..."/ Y, ustedes decidieron entrar a esa casa.
Les mando un abrazo.

Atte.

Martín Mérida.

Esta es la foto del niño llevando su burrito en una
de las calles de Mozintla. Foto enviada por Acamapixtli.










La respuesta a mi mensaje llegó al día siguiente y en ésta, Acamapixtli confirmaba mis recuerdos. Así, gracias a las puertas abiertas por la comunicación, aproveché mi viaje a Francia durante diciembre de 2008 para realizar una visita tanto a él y a Annie, su esposa. En esta visita en la que me acompañaron mis amigos Julien Collado (de nacionalidad francesa) y su hijo Iván (mexicano y francés) viví un paisaje parecido al cielo de tan bello, pues la región de la Charente está colmada de una luz que se recorre hasta posesionarse en todo nuestra estructura de ser. No menos bella es la casa de esta pareja que, para no hacer tan largo el presente escrito, describiré como una casa convertida en flor.

De derecha a izquierda, Julien con su hijo Iván, mi persona, Annie
y Acamapixtli. Estamos en Chez Roux y frente a la casa de la
pareja en cuestión.














Con Annie.














Con Acamé.















Ya en México, el miércoles 21 de enero del 2009, recibí un mensaje donde Acamé (así le nombran en Francia) hace alusión a uno de mis poemas:

Martín:

Esperamos que tu regreso haya sido satisfactorio y que las experiencias acumuladas estén digeridas ya que llegó el tiempo de la reflexión y, seguramente, de las conclusiones de tan largo viaje.

Tu libro "La pasión según un hombre cualquiera" se quedó dormido por algun tiempo en la mesita del centro de la sala. Durante ese lapso no se movió para nada, pero me esperaba para despertarlo: ¿Acaso Acamé me habrá olvidado?.. El libro tenía frío pues la casa no fue calentada durante diez días. Cuando decidí leerlo, me quedé clavado en la página 63 y ahora descansa en la biblioteca con un papelito donde está escrito PÁGINA 63.

Te saludamos con afecto, y hasta prontito.

Acamé y Annie.

Les comparto, pues, el poema extraído de mi libro "La pasión según un hombre cualquiera"[4] y que, en efecto, se encuentra en la página 63:


ORACIÓN DEL HUERTO


Tiempo amargo de ser
Derrumbe de ansiosos del milagro

Sed deseo de matar el deseo
Todos están dormidos y estar despierto podría ser sueño

Padre
¿te desdigo?

Alguien me ama hoy mientras me mata
Y la pureza es hija de mirada ambigua
imposible juzgar un beso que entrega al lugar de las calaveras

Tengo miedo de morir como semilla en un lugar sin agua
¿No he de encontrar raíces?

Padre que estás en el sin tiempo
Aunque el espacio es también tu cuerpo:
son urgentes tus manos

Transfigura el ansia de ser brote
Apaga esta pasión por las preguntas
Tú que a través de los grillos diste voz a las etrellas

Alguien me ama hoy mientras me mata
Mentira es la culpa
y verdad la zozobra de mi corazón inútil

**************************************************
[1] A La comunidad Allende se puede llegar subiendo una montaña de más o menos 2, 300 metros de altura sobre el nivel del mar.
[2] Acamapixtli, antes de establer su casa en Chez Roux, de Allende fue traido por sus padres, a vivir sus años de infancia en Motozintla. Luego, en su adolescencia y primeros años de juventud, radicó en varias ciudades de México. En Motozintla muchos recuerdan a su padre: don Lorenzo Alvarado.
[3] Para escuchar mi poema, usted puede acceder a la siguiente línea electrónica de YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=nyxlAiMJwnM
[4] MÉRIDA, Martín, (2002) La pasión según un hombre cualquiera. Mantis editores: México. ISBN 968-7859-26-1. D.R.

jueves, 18 de junio de 2009

A propósito del poeta-cantante Silvio Rodríguez (o algo sobre lo acontecido a mi Pegaso).




A propósito del poeta-cantante Silvio Rodríguez quien quizá pronto esté otra vez de visita en Guadalajara, Jalisco: les comparto una experiencia sentida e impresa hasta en mis manos; experiencia suscitada durante la Feria Internacional del Libro (FIL) en noviembre del 2002. Mi aprehensión de ese acontecimiento fue publicada en la revista literaria Tragaluz número 9:
Y trata también de una divergencia mientras mi corporalidad convergía con la luz desprendida del cubano cuyas canciones llenas de compromiso social han sido compañeras solidarias del transcurrir de muchos sobre este mundo. Mundo que a veces desespera por su terca sumisión al poder y al estúpido fetichismo al dios dinero. Les dejo, pues, mi vivencia como un pequeño homenaje al poeta, al cantante; "al compañero de riesgos/ al de la victoria."


RÉQUIEM POR UN CELULAR


¿Te cuento un secreto?: Mi celular se ahogó. Sí, se le fue champú de cacahuanache por todo el cuerpo durante mi espera en la explanada de la Expo Guadalajara el día dos de diciembre del 2002; lugar donde acudí con tres horas de anticipación dispuesto a soportar el aletargamiento del tiempo con tal de mirar y escuchar a Silvio Rodríguez quien a las 8:30 de la noche cantaría acompañado de la Sinfónica Nacional de Cuba. En esa espera, ya tumbado en el suelo, me dispuse a agarrar como almohada mi mochila compañera inseparable en mis travesías; sin acordarme que en su panza reposaba mi celular junto algunos libros y útiles deportivos. Cuando la función dio comienzo y la presencia del cantante cubano calmó la desesperación de más de siete mil asistentes, nos dispusimos a escuchar el repertorio de la orquesta que tenía programada más o menos cuatro piezas musicales antes de ser compañera de nuestro querido poeta-cantante. Al finalizar la pieza musical “Canción de gesta” dirigida por el director Leo Brower, el tan esperado Silvio Rodríguez inició su propio repertorio con la canción “El problema”. Llegado ese momento, yo todavía no gestaba la idea de lo aconteciendo en el interior de mi mochila ya referida. Así, dejándome contagiar por el ambiente: salté y aplaudí a quien considero uno de los más grandes cantautores de Latinoamérica. Pero cuando Silvio cantó “¡Oh, melancolía!", me di cuenta de una tragedia: mi celular se estaba ahogando porque a la botella de champú de cacahuananche se le ocurrió destaparse para escurrir su propia manera de estar en esta fiesta sin importarle la alteridad del celular muchachito a quien afectaría de manera mortal. No fue divertido constatar la realidad innegable de ver a mi amigo muriéndose. Realidad llevándome a efectuar acciones desesperantes para tratar de rescatarlo de su muerte inminente. A él no le hubiera dicho: “Ojalá por lo menos que te lleve la muerte.”

Después de no tan larga travesía en taxi; al llegar a mi departamento primero recosté a mi celular bajo la lámpara del escritorio; de esa manera, al recibir el calor eléctrico, comenzó a echar burbujitas tanto por la boca como a través de su única oreja. Pasados algunos minutos, como no constaté mejora alguna, lo conecté a un contacto para alimentarlo de luz… ¡Ay, error humano el mío!: mi celular se quejó con maullidos cada vez más débiles. Después, le dio por parpadear y encender signos como groserías en lugar de mostrarme su anterior bello rostro. Me sentí responsable por mi manera equivocada de devolverle la salud, pero no me gustaron sus groserías, pues yo lo quería de verdad. Para quitarme la contrariedad a causa de sus groserías, lo abandoné un momento y al regresar con un café que ya sabía a velorio, el pobre celular se dispuso a relampaguear y todos sus botoncitos se encendían y apagaban con fosforescencia. Sentí, entonces, que estaba lloviendo en su interior e imaginé la sensaciones de tempestad experimentadas ahí adentro.


Al terminar de beberme el café dulce por amargo, me di cuenta de su muerte. En su pequeña pantalla apareció una grotesca almohadilla de esponja como diciendo: “Tan-tan: fin.” Horrorizado hablé a la distribuidora Pegaso para ver si podían resucitarlo: les recordé que obtuve un celular Pegaso porque ese nombre es muy poético y si lo compré fue a causa de las alas. Quien me atendió, como si fuera secretaria de algún hospital de gobierno, dijo: “ ¿Y? Aquí ni ahogados ni electrocutados son atendidos; ni piense que le daremos uno nuevo”. Esas palabras soltadas como latigazo me hicieron acordarme del día cuando me estaba muriendo y mi sangre (como si no fuera suficiente con la derramada en todos los siglos) iba mojando la calle y sólo dijeron en el IMMSS: “¿Y? Aquí ya no hay camas!”.. ¡Ah, mi pobre Pegaso muerto! ¿Para qué podrá servirme ahora su cuerpo negro e inerte? Creo que trataré de hacerle una necropsia con la intención de quitarle su esponjilla inservible para colocar en ese lugar una pequeña fotografía de cuando yo era niño… o quizás deje ahí un poema de mi libro La pasión según un hombre cualquiera.


¡Ah, no se me olvida la respuesta de la ahora Funeraria de Pegasos!. En una veterinaria por lo menos te consuelan al ofrecerte otra mascota cuando tu animal preferido ya no tuvo remedio. Pero así es este mundo cuando despoja la realidad del misterio. Por lo pronto estoy pensado en comprarme un diminuto celular en Telcel. No se escucha tan poético: Tél-cel… No; eso suena a mecánica. Pero no importa, muchas veces lo poético brota de lo no poético. Después de todo, uno a veces no sabe de dónde vendrá el verdadero socorro. Menos mal: aún está vivo el teléfono amigo común y corriente instalado en mi departamento; se trata del amigo al que a veces amordazan el fin de mes porque olvido que me cobran por su presencia mágica.

A continuación puede usted disfrutar de la canción SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO, cantada por el propio Silvio Rodríguez.

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti en el silencio más alto





Cuando recién me iniciaba en la aventura de ser hospedado por quienes merecen la pena, un amigo que me recibió sin cortapisas para acompañarme mientras permanezco en mundos y realidades de existencia, es Poemas de otros del poeta uruguayo Mario Benedetti. Mario, camarada de no olvidar que nacimos más libres de lo que quisieran sapos y serpientes de estropear el caminar de los seres.





Ayer 17 de mayo el silencio más alto recibió a un hombre cuya pluma fuente —como el mismo expresó— piensa en español. Y, ¿cómo decirle al compañero de viaje, Mario Benedetti, mi agradecimiento si no es también con letras que no quieren conducirse por el caño del mundo cifrado en estupidez?





En el año 2005 el CECA , Jalisco, publicó mi primera novela( 2005: 76-77) (novela que habla de la fuerza poderosa de la poesía) cuyo título es “El poeta y el niño de la piedra”(1) donde uno de sus personajes es, con justicia, el poeta Mario. Aquí les comparto un fragmento de esas páginas que —¡Aleluya!—mientras las escribía me salvaron de los subterfugios de oropel de los agachados:



Alfonsina queda en un dulce silencio e intuyes que no llegaron frente a la enorme piedra nada más para contemplarla. Estás a punto de lanzarle otra pregunta cuando alguien se aproxima; se trata de Gabriela Mistral.


—Señores –dice esa poeta con fina y timbrada voz—: hoy cantaremos No te salves. Si alguien no recuerda el poema, Mario Benedetti tiene los folios con su poema impreso.

Poco a poco, te vas percibiendo no sólo entre poetas considerados muertos allá en lo ordinario del tiempo. Pues ahí, en efecto, se encuentra Mario Benedetti –el joven de más de ochenta años— quien dice desconcertado:

—Disculpen, confundí los poemas y en lugar de No te salves, traigo Todo es ronda de Gabriela Mistral

Los poetas vuelven a reír a carcajadas. Parecen niños encontrando gracia en todo. Pasadas las risas, discuten largo tiempo sobre cuál de los dos poemas habrá de cantarse.


Por fin logran ponerse de acuerdo: ¡Todos se saben el poema del poeta uruguayo!



_________________________





MÉRIDA, Martín (2005). El poeta y el niño de la piedra. CECA: Jal. México.

(1) Para mayor información sobre "El poeta y el niño de la piedra", puede darle un click a la siguiente línea electtrónica:
http://www.galeon.com/martinmerida/aficiones2015878.html



A continuación les dejo aquí las voces de Tania Libertad y Joan Manuel Serrat que cantan el poema de Mario Benedetti: Papel mojado. Poema y voces con el acompañamiento del pianista Víctor Merino:





martes, 14 de abril de 2009

Sobre la SEMANA SANTA, en Motozintla 2009, donde devine padrino de un niño.


Después de un parpadeo llegó abril de 2009, y me encontré en la ciudad de Motozintla (antes llamada San Francisco Motozintla) de hacer palpitar mi corazón con la fuerza de una frase desprendida del texto titulado Sendero de campo del filósofo Martin Heidegger. Frase que  ha ido cobrando sentido en mí, debido a algunas reflexiones efectuadas durante el mes de marzo desde mi ocupación como profesor y junto a mis estudiantes de las materias que, de una u otra manera, tocan el aspecto de la ética cívica (basada en los Derechos Humanos) que imparto en el TEC de Monterrey, campus Guadalajara:
 
“Al distraído lo sencillo le parece uniforme. Lo uniforme harta. Los hastiados encuentran solo lo indistinto. Lo sencillo escapó. Su quieta fuerza está agotada” (1) 
 
Esta aguda expresión de M. Heidegger, de cara al siglo XXI y en plena celebración cuyos actos conducen a los cristianos a celebrar la resurrección de Cristo (¿conducen a los cristianos a celebrar la resurrección de Cristo?), bien puede caer como látigo si el mundo y su espectáculo que caricaturiza a las personas ha logrado convertirnos en seres distraídos, uniformados y hastiados. Porque nada me parece peor a ser un infeliz (o un feliz de porquería) dentro del atrapamiento de las maquinaciones del mundito (que solo a los ciegos les parece grande) lanzándonos a ser danzantes de una farza. Danzantes como ser traidores de sí mismos. Danzantes cual Judas feliz y envenenado entre proyectos que pulverzian posibilidades de existencia digna.

 
 
Como no pretendo elaborar un escrito teológico sobre el hombre también Dios y resucitado después de tres días de ser sepultado: Jesús de Nazaret (según el relato cristiano; por supuesto) yo un ser humano viviendo entre lo días de crisis financiera mundial y de guerra donde, a pesar de que la palabra Pascua lleva el sentido de paso a una vida renovada, se sigue derramando sangre inocente, sólo estoy tratando de contarles mi experiencia en esos días de desear no ahogarme entre el polvo y, de esa manera, tener fuerza para vivir lo sencillo lejos del agotamiento del mundo. Y lo sencillo llegó gracias a los otros. Sí, llegó porque además de celebrar con mi familia el desayuno conteniendo pan, miel y chocolate que durante el día jueves santo se reparte entre familiares y amigos ( ojalá esta tradición abra sus puertas hasta saciar a todos los hambrientos y desarrapados, con proyectos no atrapados en el asistencialismo ni en los fatuos sueños de "las buenas gentes"): en el topós de una iglesia mostrando, en la vidiriera del ventanal principal, al poeta Francisco de Asís junto a un amansado lobo, fui padrino de bautizo de un niño cuyo misterio y desenvuelta presencia, revela haber venido del mar. En efecto, fui padrino de bautizo de un niño de nombre Enrique Pompilio Montesinos Fernández.

Si en este escrito he mencionado lo de iglesia sencilla es porque, siguiendo al filósofo Martín Heidegger, sólo entre lo sencillo se percibe la paz de lo profundo. Y porque no concibo una iglesia soberbia y sorda dándole la espalda al Concilio Vaticano II (por el contario, creo en una iglesia, con orientación a la justicia, que no desprecia lo histórico y lucha por vivir el espíritu de las bienaventuranzas, porque estamos hartos de sectarismos lanzando a la esquizofrenia de quienes, olvidando su tarea de mediación, suelen endiosarse creyéndose únicos e imprescindibles) para convertirse en espectáculo como aquel de pan y circo maquinado en el afán de adormecer a quienes desean ser tratados como tontos o a los enajenados de remate.

Así, el sábado por la mañana, mientras esperaba a que la señorita de la Notaría Parroquial, recibiera los papeles de hacer realidad lo del bautismo, tomé una foto a un detalle inscrito en una pintura sobre Francisco de Asís: patrón del pueblo (patrón para los que siguen la tradición católica; claro) y recordé cómo hacen falta hombres de la altura de quien alguna vez fue hijo del mercader Pedro Bernardone; pues Francisco, de corazón sencillo, supo con su vida entera denunciar, desde su praxis comprometida, lo podrido de las altas estructuras de la iglesia. Y lo vi siendo levantado (como a continuación muestro en la foto) por moros y toritos: siendo levantado como se hace con un niño a quien se le admira y porque ese mismo niño que se admira también está presto a ser moro o torito con ansias de levantar a otros y no se queda sentado sobre algún trono de reflejar decadencia, herrumbre y vacío.

Mientras tomaba la foto a Francisco el poeta instrumento de paz por defender lo digno, llegó el papá del niño ahora mi ahijado: mi compadre Pompilio Enrique Montesinos. Después seguiría el Kairós (2) de hacer brotar la risa.



DANZA (3)

I

El hombre agachado se desprende
lo aguarda un sendero de música imposible
Todo su impulso en deconstrucción del mundo
Es resurrección de carne-espíritu
Su osadia derrumba bestilidad del tiempo
Mientras sombras abren puertas donde alas

¿Pero cómo separarse de lo inútil?

Inicia fuego de la danza
No hay comienzo ni fin
El mar: su rostro
Un pie y una mano tensan desconcierto
del otro paso sólo en suspenso

II

El hombre agachado salta al corazón del público
Lo eterno en un instante se hace ritmo
Dios nace en el hombre y fluye entre la sangre
El hombre se hace Dios y vuela en la sonrisa


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(1) Tomada la palabra Kairós (de origen griego) como tiempo de gracia y oportunidad de mirar los detalles de la vida más allá de las imposiciones del tiempo como Kronos.

(2) De la experiencia del pensar y otros escritos afines, (1983). Santiago: Publicaciones Especiales No 26, serie Textos, facultad de Filosofía, Humanidades y educación, U. de Chile.
 
(3) MERIDA, Martín, (1999). El milagro de tu voz distinta. Guadalajara, Jalisco: ITESO, p.99.

lunes, 23 de marzo de 2009

La diversidad humana nos libra de quedar pendiendo de la nada




1.- INTRODUCCIÓN

Apoyado con una parte de la luz desprendida de los textos antropológicos escritos por Adam KUPPER (1999) y Michael CARRITHERS (1995) intentaré aquí dejar planteado cómo la antropología se fue haciendo consciente tanto de sus límites como también de la problemática al considerar el asunto de la diversidad humana[1]. Consciente como quien de pronto siente que "le ha caído el veinte. " Y cuando decimos: ¡Nos ha caído el veinte! sentimos expresar el momento de una revelación. Así, la puerta que se me abre, para la realización de este escrito, es un venero distinto al mundo del pensar meramente cuantitativo y... pues, los invito a pasar:

Los estudios antropológicos sobre la diversidad humana no han estado ausentes de las dificultades acarreadas por los enfoques con los que se les trata.

En efecto, el horizonte civilizatorio[2] fue erigido como el procedimiento para lograr una cultura universal. Respecto a esta cuestión y sieguiendo a KUPPER (op.cit): Quedaban, entonces, fuera de este horizonte universalista quienes se resistían o estaban lejos de alcanzar refinamiento y erudición. Para ser humano había que ser civilizado. Y se imponía como imprescindible esperar ese reconocimiento parecido a la expedición de un título universitario. Lo anterior queda ejemplificado en la película de Truffaut: L´enfant sauvage (1969) donde se narra la historia basada en hechos reales; película sobre lo acontecido al niño que pasó a la historia como “el pequeño salvaje de Aveyron”. Sí, pasó a la historia con ese nombre pues así lo señaló la barbarie de los domesticados para funcionar de manera "educada". El relato sobre este niño muestra el trato del mundo “civilizado” hacia un ser considerado salvaje por haber sido abandonado en el bosque con la edad aproximada de tres años y reencontrado a los once (edad también aproximada). Las actitudes de los científicos consistían, en ese nebuloso tiempo, en tratar de introyectarle el mundo ilustrado cuya racionalidad estaba lejos de escuchar la revelación de su ser distinto. Ser distinto, por supuesto, el del "niño salvaje" dejado en un paréntesis a pesar de algunas buenas intenciones manifestadas tanto por el doctor Jean Itard (de quien se dice fue el primer educador de niños inadaptados y quien, debido a intereses científicos, toma la tutela del niño) como por Madame Guérin: su ama de llaves.

La película L´enfant sauvage* muestra el horizonte intencional de cultura de principios del siglo XIX : horizonte que dejaba a un lado la alteridad y es apenas un botón de lo acontecido a otros seres también considerados salvajes. Por su parte, y continuando con el rubro de no respeto a la alteridad, en el libro de Carrithers --ya citado-- se desprende la importancia de conocer a los grupos humanos considerando la variabilidad y las diferencias. Y –se remarca-- no tratando de estatizarlos como si el elemento histórico no existiera:

"De este modo cuando los antropólogos aparecieron en escena (…) se encontraron con un mundo que no era antiguo ni intocado ni primitivo ni aislado, sino uno ya moldeado por el intercambio extensivo con las mismas sociedades de las que provenían los antropólogos" (Carrithers, op. cit: 46).

2.- INTERMEZZO

En algunas sesiones de diálogo con compañeros (as) comprometidos (as) con reflexiones sociales y filosóficas[3] pude aproximarme a varios enfoques en el momento de analizar un determinado grupo humano y fue interesante constatar cómo los primeros descubrimientos etnográficos se dieron desde una Europa interesada por el exotismo que les representaban las etnias aparecidas tras los periodos de conquista. Hoy los estudios antropológicos se pueden agrupar por las siguientes escuelas: evolucionista, americana, difusionista, sociológica francesa, funcionalista, estructuralista, dinamista, neoevolucionista, ecologista cultural, estructuralista marxista, neodifusionista; etcétera[4]. Por supuesto: estas escuelas no inventaron a las sociedades y a las culturas[5] en el sentido lato de esa expresión pero, de alguna manera, sus enfoques han inventado el modo de conocerlas. Ante estas consideraciones, está demás escribir sobre las pretensiones de esas formas de estudio. Pretensiones vigentes en algunas corrientes antropológicas alejadas por kilómetros de la realidad estudiada. Antropológicas corrientes dejando al descubierto aquellas cojeando de algún pie debido a su matrimonio cerrado con algún método (sin pretender minimizar la importancia de los métodos) y cuyas perspectivas suenan a imposiciones de maneras de ver y no hablan de la empatía necesaria para dejar hablar a la alteridad (aunque merecen admiración y respeto los estudios antropológicos en verdad tratando de insertarse en las realidades culturales. Estudios ricos en descubrimientos útiles y más allá de cualquier ciencia reduccionista). Pero mi intención --al menos en este espacio--no consiste en desfundamentalizar ese tipo de estudios (y por lo demás, muchos ya lo han hecho y otros continúan haciéndolo) sino aclararme cómo algunos de ellos inventan modos de apreciar grupos sociales y culturales. Para profundizar en estos aspectos, recomiendo el análisis que Michael Carrithers (op. cit ) realiza en los capítulos: 1.-La pregunta; 2.- El gran arco; 3.- Comenzando a hacer historia, de su libro: ¿Por qué los humanos tenemos cultura? y donde ya se entrevé la necesidad de reparar en lo histórico en los estudios antropológicos. En el análisis efectuado por este autor se dirá que la antropología como institución, antes de la segunda guerra mundial, se caracteriza por ser ahistórica tal como se demuestra en sus descripciones etnográficas siempre en presente del indicativo.

“Y, sin embargo, los antropólogos habían malgastado con anterioridad una parte de su credibilidad especulando libremente, pero sin base, en torno al pasado de los pueblos «primitivos» de modo que pareció lógico fundar la nueva antropología en lo que vino a denominarse un punto de vista del presente”. (Carrithers, op.cit: 29).

Por lo hasta aquí mencionado, parece ser que la necedad de querer encontrar un origen común entre los seres humanos (evolucionismo) y la pretensión de encontrar un modelo único de hombre[6] fueron instrumentos de las pretensiones imperialistas de los neoconquistadores favorecidos por la ceguera de muchos saberes estudiosos del hombre.

3.- TRASCENDIENDO LA PROPIA MIRADA

Tanto Adam Kupper como Michael Carrithers, en las obras citadas, nos advierten de manera sutil sobre la necesidad de borrar prejuicios si la verdadera intención de quien investiga es conocer a los grupos humanos en su diferencia. De tal manera que el antropólogo debe hacer esfuerzos por trascender su propia mirada y, gracias a ello, poder ver realidades latentes más allá de los encajonamientos en órdenes de discursos. En esta perspectiva no está de más subrayar la divergencia entre el conocimiento científico (con sus pretensiones naturalistas) y el conocimiento antropológico; pues mientras el primero busca saber con certeza cómo funcionan las culturas en la perspectiva de lograr leyes universales; el segundo, si hay escucha verdadera, quiere entender cómo es en realidad la cultura estudiada El antropólogo casado con alguna corriente de conocimiento (epistemología) corre el peligro de especular y de dar como real el resultado de su especualción.

En el estudio de Carrithers se analiza la necesidad del cambio de mirada del antropólogo. Cambio capaz de sobrepasar aptitudes univocas o equivocas para erigirse en portavoz de alguna sociedad cifrada en el etnocentrismo. O como explica Adam Kupper en el capítulo Guerras de cultura de su libro "Cultura, la versión de los antropólogos" (2001: 22): "Mucha gente cree que las culturas se pueden medir unas respecto de otras, y esta gente se siente inclinada a evaluar su propia cultura por encima de las de los otros". Al respecto, este autor también analiza de manera crítica la pretensión de algunas escuelas antropológicas (léase Darwinismo o evolucionismo; las ideas de Talcott Parsons; etcétera) como perspectivas que, en mucho, dejaban a un lado la realidad y, por lo tanto este autor las critica como reduccionistas y generalizadoras. En consecuencia, refiriéndose a las ideas de Lévi-Strauss nos dirá, por ejemplo:

“Si una nueva ciencia de la cultura iba a seguir los pasos de la lingüística, ambas disciplinas podrían establecer definitivamente la estructura profunda que todos los lenguajes y culturas compartían y, que con seguridad, estaba grabada en el cerebro. Una antropología cartesiana, científica, estaba esperando para nacer.” (KUPPER, op.cit: 36).

El autor Kupper critica la manera en que, por el afán de ser científicas y obtener leyes universales, se imponían modos de ver (aún hoy algunas corrientes antropológicas continúan con esa tradición) al estudio de los grupos humanos; estudios justificados por diversas prácticas científicas como si el foco principal de la antropología fuera hecho para el tipo de abordajes tales como la aplicación de la lingüística, la fonología, la gramática transformacional, el estructuralismo, la ciencia cognitiva, la pragmática, el postestructuralismo. Y, como contraparte, el idealismo omnipresente. La crítica de Kupper se conecta con la propia de Michael Carrithers (op.cit) cuando se plantea cómo los estudios antropológicos encuentran dificultad al dejar a un lado el pasado de las culturas; su origen y su cambio.

4.- CONCLUSIÓN: quien excluye lo histórico se queda colgado.

Resumiendo lo aquí dicho y a manera de conclusión, puedo decir: ambos autores coinciden en subrayar el olvido de lo histórico en algunos proyectos sobre estudiar antropológicamente las culturas. Al respecto, en los inicios de la antropología, los estudios del pasado eran meras especulaciones sin fundamentos; no obstante, la evidencia de lo histórico, siempre latente, hizo que la antropología necesitara cambiar de mirada. Surgiendo, de esta manera, una nueva conciencia capaz de valorar la diversidad humana. Así, las realidades distintas, aparecen para muchos antropólogos como el campo de trabajo. Campo de trabajo imposible de circunscribirse en el orden de quienes, al respecto, creen tener la última palabra, pues, todavía hoy se mantienen (o resurgen) nuevos enfoques en los estudios del hombre. Y algunos de ellos con marcadas tendencias ya sean cientificistas o idealistas como bien señala Adam Kupper (op.cit: p. 38) refiriéndose a ésta última perspectiva:

“En breve, la corriente central de la antropología cultural americana está todavía en manos de un idealismo omnipresente”.

No podía terminar esta reflexión sin exponer un poema a propósito de lo aquí planteado. El poema es parte de mi libro La pasión según un hombre cualquiera (MERIDA, 2002: 71).



HORA DE NONA


Un niño juega a orillas del desastre
mientras adultos se buscan bajo piedras
Abajo el río canta su inocencia
No escucha al que extravío su cuerpo
En la calle arrastrada alguien dice estar vivo
Y pretende desenterrar su casa
El niño ajeno al polvo mira hacia el poniente
E inexplicablemente salta




[1] En las lecturas antropológicas aquí sugeridas se comprende que lo sabido sobre muchos grupos humanos alude más a las invenciones que algunas antropologías han elaborado sobre sociedad y cultura y no tanto al aspecto del origen de las multiplicidad cultural impresa en nuestro mundo. Por lo tanto, no estoy aquí tratando de elucidar el aspecto concerniente a cómo se inventó la sociedad y la cultura en los contextos propios de cada grupo humano, pues esa es gigante tarea y aún no termina de realizarse.
[2] ...“el neologismo civilización consiguió su carta de ciudadanía en la década de 1770 y, en 1798, forzó su inclusión en el diccionario de la Academia Francesa” nos explica Kupper (op.cit: 43) cuando hace alusión tanto al instrumental técnico civilizatorio para algunos (Francia, por ejemplo) y refinamiento del espíritu para otros (Alemania; también por ejemplo).
[3] Muestro aquí dos fotografías de mi grupo conformado para dialogar temas tanto sociales como filosóficos:


[4] Véase de Adam Kupper (op.cit) todo el capítulo CULTURA Y CIVILIZACIÓN: INTELECTUALES FRANCESES E INGLESES, 1938-1950; pp.41-64, donde se desprende el concepto propio de cultura como los distintos mores, valores, tradiciones; etcétera, propios de cada grupo étnico y, por lo tanto válidos si optamos por anteponer el respeto por las diferencias. Europa, en un principio, entendió el concepto cultura desde un etnocentrismo cerrado y la definió como el cultivo de las bellas artes y el refinamiento en los modos de actuar. Desde esta concepción los demás pueblos eran considerados salvajes o bárbaros. Salvajes o bárbaros a los que había que ilustrar y civilizar.
[5] Comprendiendo aquí por cultura a las maneras de hacer cosas. Maneras que conlleva rasgos heredados de los ancestros y nuevas formas de fabricar instrumentos satisfactores de necesidades (es historia e innovación) y si definimos a la sociedad en referencia con las agrupaciones productoras de proyectos intencionales.
[6] Véase KUPPER, op. cit; pp. 29.30.
*Comparto aquí algunos extractos de la película L´Enfant Sauvage;
material encontrado en Youtube:


Bibliografía:

CARRITHERS, Michael, (1995). ¿Por qué los seres humanos tenemos cultura?.. Madrid: Alianza editorial.

MÉRIDA, Martín, (2002). La pasión según un hombre cualquiera. México: Mantis editores.

KUPPER, Adam, (1999). Cultura. La versión de los antropólogos. Barcelona: Madrid.

Filmografía:
L´enfant sauvage de Francois Truffaut. Producida por Francois Truffaut, C.B FILMS S. A. France, 1969.

viernes, 6 de marzo de 2009

La mujer profesionista (A propósito de este 8 de marzo de 2009: Día internacional de la mujer).

A través del espejo fragmentado de la realidad postmoderna podemos darnos cuenta que, desde antes de Christine de Pizan, conocida como unas de las primeras mujeres expertas en letras, pasando por Suzanne Erker quien, en las inmediaciones de Praga, dirigió una fábrica de monedas; hasta llegar más allá de la escritora Rosario Castellanos (bien llamada, aún después de muerta, como “La mujer que sabe latín”) nos encontramos en este aquí, del año 2009, con el trato proporcionado a la mujer traduciendo la magnitud decadente de los horizontes de mundo. Decadente porque como nos remarcó Paulo Freire (1995: 29-69) : nadie puede oprimir sin ser al mismo tiempo oprimido y la historia muestra la dialéctica en clave monstruosa de múltiples desprecios hacia lo femenino. Desprecios como puertas que se cierran pero que, por fortuna, no pueden impedir el movimiento de apertura de otras posibilidades, porque en nuestro ahora la mujer profesionista (cuando no vive deseosa de venganza imposible de sobrepasar la inversión del orden del poder opresor) muestra nuevas maneras de acontecer productoras de lumbre de justicia. Desde esta perspectiva y en el horizonte que no condena al amor, nos explica la filósofa Simone de Beauvoir (1981: 871):

"Es necesario, entre otras cosas, que, por encima de sus diferencias naturales, hombres y mujeres afirmen sin equívocos su fraternidad."

En la foto: Simone de Beauvoir.


























Si menciono en este escrito a la realidad postmoderna como espejo fragmentado, es para hacer alusión no sólo a sus múltiples fisuras; sino también a las crisis por ellas producidas dentro del mundo sosteniéndose en clave falocrática y sobre el que, no sólo mujeres profesionistas, lanzan su protesta a veces transparentando golpes, heridas y cicatrices. En efecto, si el escritor Víctor Hugo (quien en su obra novelística remarcó varios perfiles de lo femenino) viviera en nuestros días de crisis postmoderna y se le pidiera una descripción de la mujer contemporánea, con mucha probabilidad, guardando las distancias y considerado matices distintos propios de nuestra época, haría casi el mismo retrato de la mujer tal como la puso en escena en 1862 en su novela “Los Miserables.” Novela donde se lee cómo la mujer es convertida en medio para que el macho logre lo perverso[1]. Pero, ese gran autor, diría lo mismo de los hombres pasando por una cadena de seres hasta desembocar más allá de los peces. Sin embargo, en las formas de utilización nos haría sentir a la mujer como el ser a quien se le impone el yugo más terrible en sutiles formas de minimización. Y si este genio de la escritura eligiera sustentar sus palabras en alguna teoría ética, tal vez nos haría sensibles al abandono de la tierra porque, como es evidente, la tierra se pronuncia en femenino.

El autor de Los miserables no pasaría por alto la evidencia sobre lo concerniente a que, si bien en este siglo un considerable porcentaje de mujeres han realizado conquistas permitiéndoles salir al mundo de manera autónoma: las relaciones entre mujer y varón no parecen (salvo excepciones) alejadas de la forma de poder culpable de ocultar lo humano ahí donde reaparecemos como meros socios de contrato; porque más allá de pertenecer a determinado sexo, todos somos realidades necesitadas de recibimientos propios de proyectos cimentados en justicia solidaria. Por fortuna, la mujer profesionista (si, como se ha dicho tantas veces, profesión también significa inembargable responsabilidad hacia los otros) desde los escenarios propios de los distintos gremios de especialización, puede defender las causas contra cualquier forma de violencia impuesta a sus congéneres.


A propósito de la novela Los miserables: hace más o menos nueve años, a partir de un sueño, escribí el poema inspirado en el personaje Cosette y es parte de mi poemario El país de la mirada (2007: 77). Cosette es un poema que volví a leer en el foro --dedicado a Simone de Beauvoir-- sobre La mujer rota[2] durante la Fería internacional del libro (FIL) 2008 en Guadalajara, Jalisco. Poema que aquí les comparto:





Cosette con rumbo al agua
niña
lo incomprensible se hace manos
llega
donde sólo eres cosa
Su nombre es Jean-Valjean
y su destino
no sólo fue crearse en Victor-Hugo
Llegó hasta mi escritorio
y en su costumbre de dar con su mano marcada
me regaló el siglo XIX
mientras terminaba el XX

Cosette que te detienes frente al bosque sombrío
niña
lo incomprensible espantará demonios
Me lo dijo en el sueño
Y despertó en el espejo cuando dije quererte
abrió mi corazón
y con la tijera hecha braza se puso a escribir ahí adentro
como sembrar lágrimas

Cosette
el peso del mundo yace en el cántaro del agua
Niña
brotaste y te ha dado por mirarme
Te digo no soy Marius
Y afirmas que escribí Los miserables
de un tomo inexistente



Y para terminar este escrito, recomiendo la lectura del libro de poemas La mujer rota. Libro que hospeda a más de trescientos poetas (provenientes de casi todo el mundo) con sus poemas dedicados a la mujer y donde también soy participante.[3]







[1] En la novela Los Miserables (2007) también se proyecta el alma de una época donde la mujer se encuentra sometida a las decisiones de los hombres enceguecidos por el machismo. Léase, sobre todo, el caso de Fantine, la mamá de Cosette.
[2] Con respecto al Foro internacional La mujer rota puede leer, en la siguiente línea electrónica, una entrevista realizada por Léty Bárcenas: http://www.oem.com.mx/elheraldodechiapas/notas/n957812.htm


[3] Si desea leer mis poemas incluidos en este libro, sólo dele click a la siguiente línea electrónica
http://lamujerrota.blogspot.com/2008/04/martn-mrida.html



Bibliografía



DE BEAUVOIR, Simone. (1981). El segundo sexo. Madrid: Aguilar.

FREIRE. Paulo,(1995). La pedagogía del oprimido. Madrid: Siglo XXI.
HUGO, Víctor, (2007). Los miserables. Madrid: Plaza edición.

MÉRIDA, Martín , (2007). El país de la mirada: México: Literaria Editores. Segunda edición.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Crear a pesar y contra el mundo colgando de la nada

Al filósofo latinoamericano Ignacio Ellacuría, SJ: asesinado, por militares salvadoreños, el 16 de noviembre de 1989.
In Memoriam.

"...vi que la nada no tenia nada. Vi que a mi lado no tenía nada
y que no estaba para ver la nada" (José Gorostiza ).





I


No hace mucho tiempo pronuncié: Siento en mi vida un vacío a causa de mi necesidad de que Dios exista y, soltadas así estas palabras, algunos de mis interlocutores creyeron que esa manera de experimentarme se debió a una simple inconformidad presta a disolverse con alguna nadería; por ello, cuando algunos se interesaron en mi sentimiento (salvo excepciones) me soltaron recetas de esas proporcionadas como si uno se asemejara a una construcción imperiosa de llenar con algo. En efecto, si a un inmueble le faltan sillones, pues la solución salta a la vista.

Me ha pasado a veces que doy fin a tristezas (los sentimientos de tristeza —como es obvio— no siempre hablan de vacío) en soledad o recurriendo a mis amistades; comprándome algún libro o disco; saliendo de viaje; etcétera. No obstante, el vacío que en ese tiempo experimenté se configuró como hueco posesionado en el corazón. Vacío que no por ensartar sus uñas me privó de realizar proyectos tales como leer, escribir, subir montañas, vibrar ante una música, asombrarme de unas palabras, sumergirme en lecturas; reposar en miradas de hospitalidad y fenómenos de ese tipo. Y, parafraseando a Agustín de Hipona el que dijo, hablándole a Dios: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto mientras no descanse en ti" (Agustín, Confesiones, 2007, p.128) hoy puedo decir: mi realidad no lograría un poco de tranquilidad si no escribiera (puede sonar loco, pero así me vivo).







Me dolió que me doliera mi necesidad de que Dios exista porque se me derrumbaron los constructos conceptuales sobre su existencia. Y, a pesar del dolor experimentado ante la fragmentación de esa forma de asideros, pude luchar (como dejé explicado) para no quedarme en espera de posibilidades veleidosas. En mis creaciones literarias surgidas en ese tiempo, se manifiesta mi esfuerzo para no sucumbir; ahí delato querer atisbar el infinito en mi voluntad de salir hacia los otros. Hoy, dicho sea de paso, tengo confianza de que el tic-tac del polvo, tañendo el tiempo, no me ganará la carrera en mi afán de encontrar conformidad deseada en respuestas más allá de racionalidades.

Antes de seguir el camino de este escrito, debo manifestar una preocupación: hablar del motivo que me llevó a experimentar vacío existencial, me resulta un poco vergonzoso ante un mundo donde a muchos les muerde el hambre y mueren de maneras infrahumanas; no obstante, si uno debe hablar desde donde le aprieta el zapato, lo que aquí escribo está marcado por ese experimentado apretamiento. Y porque todavía no conozco termómetro alguno que pueda medir si el vacío vivido por un niño es menos importante que el de Cristo, en el Monte de los Olivos, un poco antes de ser aprehendido. Con lo anterior no estoy afirmando la inexistencia de dolores tan grandes como el órgano de una catedral y otros, del tamaño de un organillo de iglesia de pueblo.

Necesito del infinito
[1] lejos de las barbaridades provenientes de estructuras religiosas cuyo verdadero Dios termina siendo el poder que aplasta, y el dinero. Necesito del infinito como de la mirada hospitalaria de los otros y esa sed me lleva a percibir la filosofía cual dama que poco a poco va brindándome agua de esa “buena también para el corazón”[2] y no de aquella de las verdades eternas, de erudición apantalladora y simple contemplación de conceptos; por ello, hoy doy gracias por encontrarme con la sorpresa de grandes acompañamientos entre los cuales de manera especial me mira el texto de Ignacio Ellacuría: Función liberadora de la filosofía,[3] texto del que estoy siendo huésped bien recibido.


II


Debido a los sepulcros y los monumentos de Dios (este horizonte conceptual es nietzscheano) mi mirada está saliendo del peso de ciertas costumbres impuestas y ese estar saliendo no es una postura meramente intelectual sino toda una experiencia corporal que entre otras acciones me impulsa a realizar este escrito. Por otro lado, considero pasión inútil tejer palabras como mera elucubración erudita y enganchada con la costumbre de que lo filosófico debe ser enredoso y abstracto. De esta manera, por lo pronto, este escrito es sólo balbuceo. Balbuceo, no obstante, que no pretende quedarse estancado, pues con el ritmo de la paciencia he de seguir ahondando en un necesario diálogo enriquecido con todo lo latente tanto en mis experiencias reales como vicarias. Desde esa perspectiva pretendo, entre otros aspectos, recibir luz de lo que Ignacio Ellacuría menciona como la locura de la cruz. El horizonte de la Cruz bien puede ser utilizado desde una lógica de poder o como camino a favor de la persona considerada como exterioridad dentro de sistemas incapaces de respetar la dignidad humana. La perspectiva de I. Ellacuría está cifrada en el segundo horizonte y, por consecuencia, gracias a su mirada construyo aquí una posible puerta para darme paso en este escrito:

El vacío existencial es camino desde donde se puede comprender que el hombre entra a la casa de la emancipación gracias a la dialéctica entre reconocer la cruz impuesta (que es como tocar fondo) y la emergencia que empuja hacia proyectos donde los otros tienen un papel preponderante.

Antes de continuar balbuceando preciso esclarecer mi comprensión sobre el vacío existencial como impulso para emerger con mirada nueva. Veamos: el vacío existencial puede llegar a acontecer debido a lo que I. Ellacuría nombra como la nada con apariencia de ser; nada cuyos colmillos bien pueden arrastrar al sufrimiento. Y es el sufrimiento, llevado como cargar una cruz, a lo que nuestro filósofo
[4] hace mención al elegir el horizonte de la cruz como el desde dónde filosofar para hacerle resistencia a la nada. Aquí, y bebiendo también un poco de la fuente de mi experiencia personal, diré: no hay verdadero proceso de emancipación sin ese darse cuenta de la cruz (o de las cruces) impuesta (s) Y aunque I. Ellacuría hace mención a las praxis históricas de emancipación, yo sin perder de vista lo histórico en proyectos de justicia solidaria (justicia pensada más allá de la lógica del poder) me encuentro tratando de aplicar a mi realidad personal el proyecto de irme despojando de la nadería impuesta por el mundo y que, como ya expresaba, me llevó a la situación de experimentar mordidas del vacío; nadería que, en efecto, viví como una cruz. Para ser más preciso: hoy mi realidad sentiente[5] se vive como emancipación desde mi esfuerzo por construir proyectos exteriores a sistemas acostumbrados a crucificar con sus paquetes de realidad introyectados hasta en nuestras necesidades y deseos; cruz y emancipación: horizontes puestos en la perspectiva del servicio donde aprendo a liberarme y deseo ser acompañado por una ética disruptiva capaz de construir y crear con tramos de realidad y no como aquellas “éticas” llenas de palabras bonitas y de valores-máscaras favoreciendo maquinaciones de sistemas político-sociales subyugantes. Cruz y emancipación pensadas desde la alteridad. Así, el rostro de Dios impuesto como un rostro lejos de aquellos marcados por el sufrimiento es, desde mi actual perspectiva, un rostro a desenmascarar por tratarse de una maquinación de seres que a través de ese subterfugio quisieran la omnipotencia en sus procedimientos de volver polvo a la justicia solidaria.


“La ideologización nos enfrenta con la nada con apariencia de realidad, con la falsedad con apariencia de verdad, con el no ser con apariencia de ser"(Ellacuría, op. cit; p.7).

Reconocer a la nada que aplasta y omnibula lo real, nos permite romper con la lógica donde alguien –o el poder que no sabe mirar de frente-- se impone sobre el otro aún de las maneras más sutiles. Esa manera de reconocimiento nos esclarece la existencia mediante el descubrimiento de un nuevo sentido más allá del ser del sistema envuelto en una racionalidad contra toda exterioridad; se trata aquí de ir más allá (en palabras de M. Foucault) de la manera de pensar atada psíquicamente al sistema. (Véase Foucault, Vigiliar y castigar, 2002).

En el borrador de trabajo de Ignacio Ellacuría, uno puede darse cuenta de la función creadora de la filosofía. Función creadora que reconoce en quien sufre un potencial para el cambio y es, también, invitación a mirar al otro como otro a pesar de las maquinaciones del poder pretencioso de atraparlo en la nada. El filósofo, desde esta perspectiva, está posibilitado para ver la presencia distinta del que sufre; presencia otra a convertirse en fuerza utópica a trascender un mundo encerrado en la lógica de aquello mencionado por el filósofo F. Nietzsche como “ eterno retorno a lo mismo”; es decir, retorno cerrado a la esperanza. Se trata entonces de una filosofía abierta a mirar, escuchar y recibir a quienes cargan cruces impuestas. Filosofía esforzándose por expresar lo inexpresable de esa alteridad; alteridad imposible de ser explicada sólo a través del discurso lógico; filosofía para liberarnos de la condena expresada en lo que I. Ellacuría nombra como moralidad del que convoca; del que impone la cruz ideologizando:

“Este fenómeno de la ideologización es realmente peligroso porque está en estrecha conexión con realidades sociales muy configuradoras de las conciencias tanto colectivas como individuales. Así tenemos que cualquier sistema social o subsistema social busca una legitimación ideológica como parte necesaria de su subsitencia y/ o de su buen funcionamiento” (Ellacuría, op.cit; p. 5).

Sobre el fenómeno de la ideologización como configuración de las conciencia, hay gran paralelismo entre el horizonte reflexivo de Ignacio Ellacuría con lo dicho por E. Morin y M. Foucault.

E. Morin:

La ideología, como manifestación específica de una determinada cultura, forma parte del “código cultural”, que funciona a modo de “código genético” del sistema. (Morin, 1973, pp. 237-238).

Michel Foucault:

…el poder (…) es una compleja relación estratégica en una sociedad dada. (Foucault, 2000, p. 93).

Quien sufre una cruz impuesta tiene hambre de realidad distinta; hambre de otra suerte; hambre de que lo reprimido por el sistema imperante sea liberado; hambre de ser respetado y considerado en un mundo pensando más allá del egoísmo. En Función liberadora de la filosofía de I. Ellacuría se dice a este respecto:

“La locura de la cruz, por otra parte, fundamenta radicalmente el método dialéctico, que ya no es inicialmente un método lógico ni tampoco un método universal, aplicable a la naturaleza y a la historia, a cualquier individuo y a la persona, sino que es un método que sigue la historia y que la historia impone a quien la quiere manejar. Desde la inspiración cristiana puede afirmarse, además, que la cruz sitúa en el lugar privilegiado de la revelación de Dios y de la resurrección del hombre, poniendo en unidad y reconciliación lo absoluto y lo relativo, lo infinito y lo finito, lo político y lo religioso, etc. (Ellacuría, op.cit. p.18).

Poco a poco, el viaje por los linderos de mi pasado vacío existencial (¿a cuántos otras formas de vacío habrá de enfrentar mi ser mortal?) aquí considerado, me continúa ayudando a efectuar el despojamiento de falsos asideros impuestos a mi mirada mediante ideologización y, bajo esas circunstancias, mis preguntas han ido obteniendo respuestas. Respuestas dentro del horizonte remarcado por Ignacio Ellacuría en lo que él llama filosofía de la cruz. Filosofía de la cual se desprende el papel de buscar fundamentos desde la “des-fundamentación de los procesos ideologizadores”. Gracias a esta des-fundamentación he estado aprendiendo a mirar al otro como otro y a mirar al otro que soy yo mismo; pero como otro sagrado (lo sagrado considerado como la realidad que soy lejos de la lógica del ser fundamentador de sistemas subyugantes; lejos de quienes erigen a Dios como fetiche). Hombre sagrado absolutamente otro distinto de la mismicidad impuesta; realidad a convertirse en camino hacia el infinito inspirando a ser mejores que buenos en un mundo de justicia solidaria. En efecto, la realidad humana que se revela y pide justicia; el ser humano (como acostumbramos a decir) cuando entra en contacto verdadero con el otro (el ser humano es alteridad y, por lo tanto, fundamento de heteronomía más allá de la voluntad de poder) puede transfigurar la realidad monocorde e impuesta.


Transfigurar la realidad monocorde, he ahí un camino a vivir con intensidad. Camino convocando a desear dejar atrás la nadería y el vacío de pretender atisbar el infinito como mera abstracción ajena a los ojos de las realidades humanas. En esa perspectiva y debido a la alteridad que soy, gracias a la discusión metafísica de los fundamentos (la expresión es de I. Ellacuría) de mi manera de pensar y de mis creencias escribí un poema comprendido en mi libro “El milagro de tu voz distinta”. Libro editado y publicado por el ITESO en noviembre de 1999. En el tiempo de escribir los poemas ahí comprendidos, estaba pasando por el periodo hasta ahora quizás más difícil de mi discusión con “Dios” y fue la escritura de poesía –con su componente social explicito o implícito—la que me sirvió de soporte para soportar dicha pelea. Sí, la escritura de poesía es horizonte que me ayuda a vivir. De este horizonte comparto aquí uno de los poemas incluido en ese libro (Véase Mérida, El milagro de tu voz distinta, 1999, p. 23) pues lo considero en concordancia con lo que aquí voy tejiendo.

El mar tejió un camino

1
Se acrisoló el agua bajo innombrable saber
Y ficción donde odio ya no ahoga los sueños
De abismo a cima
Tu nombre
Misterio de los rostros
Cuando cizaña ahoga
Te transformas en filo
Tu fuerza es sed de montañas
Fuego de mirar profundo
Brota celeste a tu palabra
Mientras señor del Arco Iris se levanta
Arde pretérito presente
Suben ríos amargura
Indicio de llegar donde las olas
Y apacentar el alma transfigurada en pez

2
Un día todo calla
Sinaí Moab Siquén: tu corazón ilógico
Montaña donde amanece lo sagrado
Toda la tierra entre vida o muerte

Un día todo calla
No tu deseo de infinito
Cabalgata en el desierto de las voces
Marchas
El hombre se adentra en tu mirada
Avanza su ser barro
Principio y fin parten la roca
Manantial donde se nace

Frente a razón eriges una tienda
Sus pétalos al viento desmienten estatuaria
Y en arca alianza se inscribe la sonrisa

3
Corazón que das la cara
En ruta de tus ojos viajan siglos
Tejió el dolor tu entrega al sacrificio
Púrpura signo de encontrarse
Profeta flor entre la arena

Tu nombre se escribe en arrecifes
Cada humillado tú como un espejo
Los sin aliento tú canción de eterno
Cirio fulgor del paso hacia otra orilla
Oveja arrastrada al matadero

4
El tiempo aposenta en las cenizas
Humanidad se hunde en humareda
Sabiéndose de otro lugar camina escombros
La luna: luto entre sus horas
Entre la arena tu voz construye estrellas
Tu voz distinta y aún distante
Tu voz apedreada por la lógica
Tu voz que rompe desmemoria

5
En la tumba quedó sepultada la palabra
Y brotó a luz quien tiene nueva la mirada
Y naces entre ladrones amantes de lo puro
Eres sangre de Caín en guillotinas
Tu grito es Job vestido de miseria
¿Por qué tus llagas llagan el camino?
¿Resucitaste?
Jamás pregunta el mar
Ni rostros de hombres que trasegan
Un poema que ansía proclamarse:




Para el Filósofo latinoamericano Ignacio Ellacuría no sólo la filosofía tiene el papel de ayudar a vislumbrar caminos de emancipación, pues le hace justicia a la poesía, la novela… en suma, a la creación artística latinoamericana, como cuando dice: “…No basta a la hora de cumplir una función liberadora con hacer crítica de elementos que en ellos puedan ser retentivos, ocultadores o simplemente distractivos, sino que hay que crear, dar respuestas positivas o, cuando es el caso, decir positivamente porqué hay que callar. La realidad histórica latinoamericana y los hombres que la constituyen necesitan estas preguntas y es posible que en su preguntar lleven ya el inicio de respuestas, que necesitan tal vez mayor elaboración conceptual, pero que es seguro están cargadas de realidad y de verdad. Tal vez esa realidad y verdad ya la han expresado en cierta medida poetas, pintores y novelistas; también la han expresado los teólogos. Queda a la filosofía el expresar y reelaborarla al modo específico de la filosofía, cosa que no se ha hecho de forma mínimamente satisfactoria.” (Ellacuría, op. cit. p.19).

En mi oficio de escritor a veces me he orientado hacia lo que no se puede decir; para intentar percibir lo otro como alteridad. Alteridad imposible de ser comprendida desde las trampas de las cruces impuestas. La fe en un ser nuevo en un mundo nuevo, me conduce a respuestas no agotables por la racionalidad y en esto me siento revindicado por Ignacio Ellacurría porque conozco filósofos que desdeñan la creación artística presos como están en el cartesianismo y la soberbia entre otros horizontes donde bailan como títeres. Por tal motivo, el ser inalienable: el que sufre cruces impuestas, es referencia a una iniciativa no sólo en mi presente porque ese otro necesitado de justicia, se encuentra atrás, adelante y junto a mí… y no pienso abandonar su rostro en mis creaciones.


III

“La crítica de lo que somos sea al mismo tiempo análisis histórico de los límites que se nos imponen y experimentación de la posibilidad de transgredirlos.” (M. Foucault).


En el borrador de trabajo del filósofo latinoamericano Ignacio Ellacuría: Función liberadora de la filosofía existe, pues, una clara preocupación por denunciar sistemas que subyugan mediante mecanismos de ideologización. Sistemas prestos a ocultar al hombre deseoso de un mundo de paz cifrada en el respeto a la dignidad. Sistemas que, desde la óptica Foucaultiana, han sido impuestos en detrimento de una corporalidad liberada; pues el poder del sistema nos ha conducido a un horizonte impositor de cruces y no nos permite ver el rostro de quienes las sufren. Es tarea del filósofo comprometido con la realidad (pero también del artista) no perder tiempo en verborreas mentales y disquisiciones abstractas para, así, dedicarse a la tarea de des-fundamentalizar mentiras vendidas como verdades y donde se ha impuesto el yo (como voluntad de poder) de quienes dominan y nos condenan a arrastrarnos en calvarios.

Ignacio Ellacurría, quien en vida fue filósofo de verdadero compromiso con los que sufren, en su borrador de trabajo en cuestión (y en lo demás de su obra tanto filosófica como teológica) se erige en enérgica y preclara voz de quien sueña una corporalidad liberada al proponernos un método que consiste en, gracias a la “inconformidad con lo omnipresente develar la nada de lo ideologizado”. Método que como él mismo señala, no es paso del realismo al idealismo, sino del fisicismo al subjetivismo real donde no debe abandonarse lo histórico.

Para poner fin a este escrito y continuar con el tema en otro tiempo a desatarse, puedo decir en consonancia con I. Ellacuría y utilizando los versos del poeta José Gorostiza: no está mi ser para ver la nada, pues es el servicio al otro desde distintas perspectivas (perspectivas que también atañen a la creación literaria y al arte en general como hemos visto) lo que podría darle sentido a la existencia y, tal vez, éste sea el horizonte de mayor fuerza para superar vacíos.



[1] Y, por otra parte, sin ánimo de querer actuar de manera abrupta, a partir de este momento, dejaré de decirle Dios a mi ansia de infinito y me quedaré solo con la palabra infinito. Desde hace ya algún tiempo vengo cuestionando mis creencias y no soy de las filas de quienes creen y ya no se cuestionan nada y me sorprenden los que en un dos por tres pueden dejar de creer y no les pasa nada… yo no soy ni de los primeros ni de los últimos aquí caracterizados.

[2] Antoine de Saint-Exupery en su obra Le petit prince (1967) escribe sobre el agua que es buena para el corazón. Véanse, al respecto, los capítulos XXIV y XXV. De la parte traducida en este trabajo, soy responsable.

[3] Texto por demás iluminador ya que es del tipo donde encuentro respuestas a lo que mi realidad sentiente necesita en este ahora y aquí; respuestas que también estoy encontrando en mi relectura del texto Más allá del bien y del mal de F. Nietzsche, La microfísica del poder de M. Foucault y en una relectura con mirada filosófica del texto sobre Job, comprendido en la Biblia de Jerusalén, entre otras. Véase ELLACURÍA, Ignacio. (1985). Función liberadora de la filosofía (Borrador de trabajo). México: Iteso.

[4] Véase ELLACURÍA, Ignacio, op.cit, donde la criticidad y fundamentalidad son caminos para desideologizar y hallar en el sufrimiento los ingredientes para liberarse.

[5] Lo de la explicación del hombre como realidad inteligente sentiente se encuentra explicado en la trilogía de Xubiri Xavier, (2004). Inteligencia sentiente.


Bibliografía:

AGUSTÍN, st. (2007). Las confesiones. Madrid: Tecnos.

DE SAINT-EXUPERY, Antoine. (1967). Le petit prince. París: Gallimard.

ELLACURÍA, Ignacio. (1982). Función liberadora de la filosofía. Guadalajara, Jalisco, México: Biblioteca del ITESO,

FOUCAULT, Michel. (2002). Vigilar y castigar. México: Siglo XXI.

FOUCAULT, Michel. (2000). Historia de la sexualidad: la voluntad del saber, vol. 1. México: Fondo de Cultura Económica.

MORIN, Edgar. (1973). Le paradigme perdu: la nature humaine. París: Editions du senil.

MÉRIDA, Martín. (1999) El milagro de tu voz distinta. Guadalajara, Jalisco, México: ITESO.

XUBIRI, Xavier. (2004). Inteligencia sentiente. Madrid: Tecnos.