lunes, 23 de mayo de 2016

ROCCO PERRO INMORTAL



ROCCO PERRO INMORTAL


(Poema dedicado a mi amigo Fernando Esteban Larrinaga Robles porque Rocco es también su amigo fiel. Rocco, quien trascendió el mundo el 16 de mayo de 2016).


                                            Poema de Martín Mérida


Por ti aprendí a ladrar
como observarme
en el lamer de tus grandes ojos fijos.
En el lamer de tus ojos pidiéndome una pata
y yo una de tus manos a convertirse en sonido de un rondó.

Rocco:
Ahora que mueres a lo material
exclamas que te gruñe en la oreja
una confirmación de amistad.

¡Rocco, amigo!:
Brinquemos hoy donde estábamos siempre
como cuando aprendiste a hablarme:
Loco,
perrucho de mi alma corazón.

Rocco:
Corazón arcángel de mi mocedad:
La historia de tus cejas es montaña
donde estamos siempre.
¡Oh, pelambre manto eternidad animal!

Rocco:
De mi alma,
la magia.
Nos sentimos ahora entre juegos del niño
que presintiendo al perro
y no sólo lo humano,
emprendió el vuelo de la creación.

Rocco, amigo:
Si el mundo no existe sin el perro
(Como el filósofo Unamuno expresó)
Tampoco habría cielo.
¡Tan
poco
sería yo!

Ahora que volvemos a empezar…
Paseemos allá
hablando tú,
ladrando yo,
ladrando tú,
hablando yo.
Ladrando y gruñendo los dos:
Guau
Gua
Gu
G
Grrrrr.



viernes, 22 de abril de 2016

LA PRESENTACIÓN DE MI NOVELA "EL POETA Y EL NIÑO DE LA PIEDRA," EN EL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, FUE UN RECIBIMIENTO CÁLIDO Y SIN AMBAGES

La presentación de mi novela “El poeta y el niño de la piedra,” en el Fondo de Cultura Económica, durante la noche del 15 de abril, fue un recibimiento lleno de música desprendida de actitudes cálidas y sin ambages.  Recibimiento, por parte de sus  presentadores (Jorge Orendáin, Ulises Corona, Galileo Contreras y Javier Goec) lleno de palabras y gestos que son vida y experiencia aprendida, por mucho,  en los brazos de esa dama generosa que solemos llamar Literatura. Recibimiento envuelto en la finura de almas grandes por parte del público asistente desde donde todos presenciamos la manifestación de Esteban colibrí (Fernando Esteban Larrinaga Robles) quien desde la vida más grande estuvo entre nosotros tomándonos en su regazo y brindándonos su canto-agua, sus versos-fuego, sus notas-aire. A mi amigo Fernando Esteban dediqué la novela y a él ofrecimos este acto de presentación. Además, llenándonos de magia,  el ambiente  estuvo acompasado por la banda de rock “Powerage.” Acompasamiento venido desde el corazón de los tres jóvenes que la integran: Francisco Hurtado, Omar Andoni Lomelí Ramírez, y Alejandro Gómez Cota. El grupo Powerage volvió canción mi poema “Esteban colibrí.” Poema que se cantó casi a la mitad de la presentación y que pudo leerse desde los separadores de libros que ofrecimos a cada uno de los asistentes. Aquí dejo el poema ahora también vuelto canción con ritmo de rock:

ESTEBAN  COLIBRÍ

Esteban, fiel a la tierra, 
en tu regreso del mar
la causa de Dios
te hizo más presente
vuelto colibrí.

Esteban canto del agua
en instantes de lo eterno.
Entre nosotros,
el cosmos te pronuncia
vuelto colibrí.

Esteban versos-fuego:
adentrado en las almas
nos pronuncias,
con un fino silencio,
vuelto colibrí.

Esteban notas-aire:
al percibir tu canto
estremece
el follaje de la música
vuelta colibrí.


Amigos:
 
¡Gracias de aquí hasta más allá del  infinito, y de regreso!

Martín Mérida















































 

martes, 12 de abril de 2016

LAS PUERTAS QUE SE CIERRAN




Doy gracias  a las puertas que se me cerraron, intentando romperme las narices, sin conocer la historia de mi rostro y, por supuesto, el de mi nombre Martín Mérida (no voy a desvelarme con lamentos ni reflexiones sobre su gran fragilidad constitutiva. Fragilidad dejándose entrever en sus dinteles oxidados) porque, gracias a ellas, pude quitar el cerrojo de  otras bienaventuradas puertas que encontré en el camino. Puertas que bendigo (como en mi ahora bendigo a ésta muy luminosa de abrirme sus hojas al alcázar).

Martín Mérida​ (venido de Chiapas para residir en Guadalajara entre los de corazón muy lejos del carbón apagado que se posicionó  en la oquedad del pecho de aquellos  de caminar con medias tintas y muecas que no  llegan ni a los callos a la bondad, cuando es auténtica).