viernes, 30 de enero de 2009

El muchacho de cabellos color verde entre las flores del mal

(Aquí expongo mis palabras, dichas durante el Symposium sobre Literatura y Adicciones en el Colegio de Jalisco, el día 27 de julio del 2008).












Dentro del symposium sobre Literatura y adicciones,[1]me corresponde hablar del muchacho que se teñía el pelo de color verde y cuyos ojos clarividentes denunciaban la nada impresa en una época acostumbrada a juzgar con colmillos moralistas. Pintarse el cabello de color verde, fue parte de su heme aquí difícil de comprender con un manotazo de interpretación conceptual. Al respecto, dicho sea de paso, soy testigo de seres que subrayan tanto su diferencia hasta quedar sin ojos para mirar que todos somos diferentes. Pero Charles Pierre Baudelaire[2], el poeta en cuestión, no padecía la enfermedad de quienes no sólo no saben mirar al otro, sino que lo empujan para atropellarlo;[3] pues, en plena época atestada de azúcar romántica (donde se ofrecía amargura a pobres y humillados) escribe poemas desafiantes de miradas acostumbradas a engrilletar realidades en calabozos conceptuales. Por otra parte, es legítimo que los seres busquen trascendencia construyendo diversas maneras de subjetividad.[4] Pues bien, por más extravagante que a alguien pudiera parecer su manera de abrirse al mundo, el muchacho Baudelaire trascendió tanto en el horizonte poético como en su extraordinaria crítica social (ojalá que todos los seres gustosos de pintarse el cabello, las uñas, la cara o donde mejor les plazca, prestaran su voz a marginados en el horizonte de mundo hundido en la sordera).

Yo carga tal no soporto:
Sísifo, dame tu valor;
que aun cuando lucho con vigor
el Arte es largo, el tiempo es corto
… (LA MALA SUERTE).

Si fuera forzoso encajar algún marco conceptual para describir el libro de vida de este poeta, podríamos decir que alude a sufrimientos propios de un Chivo expiatorio. En efecto, digno hasta las consecuencias últimas: Baudelaire, a pesar de vivir situaciones de extremo sufrimiento, nunca buscó la felicidad de los puercos; antes bien, el dolor que experimentó no le impidió brotar flores reinvindicadoras de la luz de lo oscuro; flores provocando incomprensión de quienes imponían rutas al oficio de escribir poemas.

Como ha sucedido con muchos de nuestros genios maltratados, Baudelaire, desde muy temprana edad, se supo signo de contradicción en un enfermo horizonte de mundo. Sí, Charles Pierre Baudelaire fue signo de contradicción como Sócrates, Rimbaud, Mozart, Nietzsche y tantos otros. Por ello, ante el tiempo pudriéndose el alma por su adicción al dios-dinero, no me toca condenar desde esa totalidad cerrada a un hombre que, además de haberse pintado el pelo de color verde y tener sus propias adicciones, escribió poesía social que continúa estremeciendo los siglos. Poesía cuya fuerza desenmascara el reloj de una modernidad asesina de la cual no hemos podido arrancarnos por mas postmodernos que nos asumamos.

¡Reloj, deidad siniestra, inmutable, impasible,
Cuyo dedo amenaza y nos dice: “¡haz memoria!”
Bien pronto en el combado círculo de tu gloria
Plantarán los dolores su dardo ineludible
… (EL RELOJ).

Contra la doble moral (adicción de los hipócritas) y la censura a las expresiones de su escritura, el poeta-guerrero defendió sin tapujos que la poesía no tolera cárceles ni almidonamientos. Debido a ello, sus poemas no son entelequias ni palabrería en búsqueda de complacencia.
Muchos poemas de Baudelaire manifiestan su compromiso con los despreciados; aquellos que bien quisieran ignorar quienes se pintan de blanco las fachadas, pero se pudren el alma desde burgos reales como los conceptuales justificadores de la razón de la modernidad monótona capaz de producir una literatura mercantilista contra la que, este auténtico poeta, abrió las puertas de su refugio intersubjetivo para ofrecernos Las flores del mal (1999): obra conteniendo, en su versión definitiva, 151 poemas que nadie ha podido borrar. En estas flores encontramos una crítica al tiempo como proyecto de mundo que se impone[5] ocasionando dolor en quien (como el yo poético Baudeleriano) lo percibe vuelto maquinaria destructora de las posibilidades de ser.

¡Oh, Dolor ! Hila el Tiempo su gran tela de araña
y el Enemigo obscuro, que nos muerde la entraña,
Crece y se nutre con la sangre que perdemos
... (EL ENEMIGO).

Sólo cinco años atrás de la aparición de Las flores del mal, Federico Nietzsche había escrito “Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado” No sé si Baudelaire había leído a Nietzsche, pero sorprende ver como poeta y filósofo ponen el dedo en la misma llaga: la destrucción de la alteridad por medio de la imposición de un tiempo (el europeo) que hilando su tela continuaba tejiendo una empolvada lógica de muerte. Lógica de muerte como teje y maneje propios de una “araña” ante la que el yo poético se revela como exterioridad tratando de librarse de ese modo de hilar. Desde esta perspectiva, el yo poético bien puede ser visto como otra flor del mal y en el sentido donde quienes son considerados malos por una mirada totalizadora, unos ojos liberadores los descubre llenos de bondad.

Muchas joyas duermen enterradas
en las tinieblas y el olvido
completamente lejos de azadones y sondas
… (LA MALA SUERTE)

El yo poético, entre los múltiples rostros de flores colocadas en el florero del mal, es quien pone en evidencia algún hecho indigno (“¡Oh, Dolor! Hila el Tiempo su gran tela de araña”) con una subsecuente protesta que a veces es queja y, en otras ocasiones, toma la forma de plegaria. Protesta, queja o plegaria que al evidenciar barbaridades, traduce un tiempo que no permite vivir en plenitud: tiempo envuelto en el tedio hacia la destrucción. Ante esa manera monocorde de vivir, el poeta se presenta, como exterioridad que genera resistencia entre los considerados miserables e intuye que tiene derecho, como todo ser humano, a vivir su propio proyecto de vida.

Tres mil seiscientas veces en cada hora el segundero grita:
“¡Haz memoria!” Mueve las antenas vibrantes
de mosquito y añade: “Ahora, yo soy antes
y mi trompa le chupa toda la sangre al mundo
… (EL RELOJ).

El poemario Las flores del mal, entre múltiples horizontes de interpretación, bien puede experimentarse vuelto puente donde late la propuesta de una realidad distinta a la que devora el corazón del hombre; realidad como gracia para escuchar los rostros de quienes sufren las consecuencias del poder dominador.

Que el espíritu del muchacho que alguna vez se tiñó los cabellos de color verde, siga diciendo su No contundente a lectores tales como poetas, escritores, políticos, filósofos, psicólogos, etcétera; si la intención de éstos, fuera colocarse en floreros de ornato para complacer a gusanos en templos de lo indigno.

Pero si sabes contemplar,
Sin espantarte, los abismos,
Lee y aprenderás a amar
…(EPÍGRAFE PARA UN LIBRO CONDENADO).

[1] En efecto, el presente escrito fue mi ponencia durante el Symposium sobre Literatura y Adicciones en homenaje al escritor jalisciense Enrique Macias. El symposium estuvo organizado por DIF Zapopan, Secretaría de Cultura de Jalisco, El Colegio de Jalisco, Literalia editores y el Periódico Cultural “La Manzana.” Mi participación se efectuó el día 27 de junio del 2008 y fue una más entre las propias de María Esther Guzmán (La pasión por la madre); Rosa Chávez Cárdenas (Paranoia y adicción) y Blas Roldan (la videoadicción alcoholizada.) La mesa fue coordinada por Patricia Medina, directora de la editorial Literalia.

[2] Ya sabemos que Rimbaud, Verlaine, Mallarmé, Tristán Corbière, Jules Laforgue y Charles Cros (a mi parecer jamás decadentes como muchos suelen decir sobre ellos) siguiendo a Baudelaire, se opondrán al parnasianismo; desencadenando a la poesía del tedio implicado en las cadenas de las formas clásicas. Nuestros poetas, además, serán los pioneros en decirnos a través de su poesía, que la realidad es simbólica

[3] Con lo que aquí vengo diciendo, no pretendo abarcar el amplio horizonte de sentidos que podríamos hallar en los poemas escritos por el poeta rebelde que sufrió la humillación y la intolerancia de un París embobado con el artificio de la industria bajo el imperio de una Burguesía que privilegiaba lo inauténtico.

[4] Sólo en una sociedad moralista como hipócrita, se señala con crueldad aspectos tales como ciertas maneras de vestir o de llevar el cabello mientras se calla ante el crimen o la deshonestidad de quien roba el crédito público, por ejemplo. Cada ser humano tiene derecho a crearse a sí mismo (en lo que pueda, pues somos entes sociales) siempre y cuando tenga claro que los otros tienen el mismo derecho y existen formas éticas para no hacernos la guerra. Sobre el deseo de trascendencia como forma de subjetividad, recomiendo la lectura de LEVINAS, Emmanuel, (1997). De la existencia a lo existente.

[5] Sobre las imposiciones del poder, véase: FOUCAULT, Michel, (1981). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión.
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Bibliografía:
BAUDELAIRE, Charles, (1999). Las flores del mal. Madrid: Mestas.
FOUCAULT, Michel, (1981). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI.
LEVINAS, Emmanuel, (1997). De la existencia a lo existente. Madrid: Arena Libros.

viernes, 12 de diciembre de 2008

La casa de mi abuela (poema dicho en el foro internacional erigido en homenaje a Simone de Beauvoir).


A Bonifacia Bartolomé Roblero. In memoriam.



En la casa de mi abuela están sus cabellos cortados desde cuando era niña y, junto a otros misterios, retozan en un cofre ballena de color vino.

Los libros sobre Poetas de América se pueden ver sobre la mesa junto al retrato ovalado desde donde sonríe mi bisabuela Tiburcia. Y no me canso de pedirlos prestados para leer Los motivos del lobo. Abuelita Boni: ¿le leo un poema?..

Mi abuela me escucha y después canta una canción de Agustín Lara y me gusta observarla desde un escalón de ladrillo recién barrido. Su voz se va haciendo tan delgada que, de repente, se confunde con los grillos. Entonces me mira y sonríe con la transparencia de sus ojos negros; ignaurando, de esa manera, el momento de hacerle preguntas que responde con relatos ciertos como secretos para espantar tempestades.

La casa de mi abuela huele a pan horneándose y a humo de hierbas y de café tostado. En un pasillo de esa casa hecha con adobes, mis hermanos y primos descascaran cacahuates para la confección de dulces. Y la más chica de mis tías; mi tía Emperatriz, bate claras: a ver si pega el turrón. Mi tía cada vez tiene más ocurrencias sobre como forjar figuras de gatos que después da tristeza comerlos.

De pronto mi abuela brota hacia el patio, rumbo al horno de barro, con una paleta de madera larguísima. Y me causa admiración lo de su fuerza para meter y sacar del horno tantas bandejas pesadas. La miro, y como alas de lo irreal llega a mis ojos la palabra artesa:

Artesa arca para amasar y dar forma a perritos, cuernos, conchas bizcochos, morelianas... Artesa: poemario de madera en el centro de estas horas en que mi abuela hace pan y eso no es poco.


Este poema pertenece a mi poemario "El país de la mirada" editado en el 2003 --en su primera edición- por Universidad Autónoma de Nayarit y Literaria Editores y, en su segunda edición por Literaria Editores. D.R. 2007 ISBN: 968-5544-06-9

Para saber más sobre el foro Internacional dedicado a "La mujer rota". Foro en homenaje a la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir llevado a cabo en el marco de de la Feria Internacional del Libro 2008 ( FIL 2008), puede leer la siguiente entrevista en la línea electrónica:
http://www.oem.com.mx/elheraldodechiapas/notas/n957812.htm

lunes, 17 de noviembre de 2008

RETAPALPA



El más allá se puede encontrar en el más acá si buscamos subir no por los elevadores de la costumbre. Sólo así una piedra, por ejemplo, puede poseer el encanto de hacernos llevar por sus interiores donde el tiempo del reloj se vuelve polvo (o simplemente se queda mudo).



Una piedra puede hacer llover poemas, claro está. Pero, los ojos de las personas son inagotables y los poetas de la sabiduría tanto Maya como Azteca siempre vieron piedras preciosas en los ojos. Dudo que la torre Eiffel (en verdad no me cae tan mal esa araña patona) el Washington Monument o Batman con su Batimovil (o cosas por el estilo) tengan esa chispa de infinito brotando en ojos de hombres y mujeres verdaderos. ¿Por qué estoy hablando así?... Hablo así nada más porque antier y ayer no me encontré en Tapalpa; no. El sábado y el domingo me reencontré en Retapalpa y hablé de nuevo con las Retepiedras y las Retepersonas y con mis Reteamigos entre los cuales me ven con toda claridad Daira, una Reteniña y un Retebebé de nombre Yarik. Y aquí le paro a este movimiento de escribir Re antes de las palabras porque ya está dado por supuesto.

En el camino frente a las piedras bolas llegaron volando caballos con los jinetes Julien Collado, Itzia Baltodano, Daira, Yarik, Toño y yo mismo.


Aterrizaje del caballo blanco.

Itzia, bebé Yarik, Julien, Daira. Y los caballos que vuelan y bailan.
Toño, nuestro guía.

Voy cantando "Cielito lindo" mientras mi corcel escucha (luego este noble ser me llenó de preguntas).





Por otra parte, los caballos son poemas que poseen sentimientos y tal vez por eso el gran Friedrich Nietzsche lloró abrazado al cuello de un corcel al que castigaba un hombre con ojos racionalistas del demonio. ¡Ah, qué ojos tan nobles poseen los caballos! Ojos que los cartesianos difícilmente llegarán a ver.

Después de muchas trepadas, pronto se abrió una piedra y apareció un bebé de Dios naciendo (Yarik).


Sí, brotó un bebé en una piedra situada entre espinas que no son la maldad de las flores, sino pequeños obstáculos para que no se acerquen esnobs, destructores de la vida y quienes están incapacitados para hablar con espinas y piedras.





Mi emoción ---en este momento—forja en mi corazón una música donde un bongo resuena entre yemas de dedos de guitarra porque Daira me miró directamente a los ojos; Daira tan mágica que hasta la luna resplandeciente se embelesa al contemplarla.



Sobre mis sentimientos generados en Tapalpa de otra ocasión (Tlapalpan en Nahuatl) puede darle un clic a la siguiente línea electrónica:
http://hi5.com/friend/profile/displayJournalDetail.do?ownerId=190353840&journalId=34988334




Gracias.

martes, 4 de noviembre de 2008

Zempaxúchitl*

Olor a flor de vida
en manos de la muerte
Alegretriste conjunción de pétalos
Porque es noviembre
Y noviembre desea llorar
Y ríe
Y a todos les brota ramos de amarillo

Los muertos llevan a camposanto
zempaxúchitl a los vivos
los vivos bajo las tumbas
matan gusanos

Olor a flor de vida
en manos de la muerte
mientras voy tras la marcha se apaga el polvo
Hoy transitan almas del limbo y purgatorio
Y algunas con ojos del infierno

Este olor recuerda savia que nadie sabe
Mientras se aspira
La tierra se descarna
Y nos muestra su cráneo como una cueva
Me gusta –digo—
También se come –dices—
la flor de muerto
D.R.©ISBN 968-5087-11-3 *


*Zempaxúchitl es un poema incluido en la sección "Deja que los niños regresen a casa" de mi libro “El milagro de tu voz distinta” editado por Editorial ITESO en el año de 1999. El prólogo de El milagro... fue escrito por David Fernández Dávalos, SJ.

(Tomé Las fotografías --que acompañan al poema-- en el cementerio de Chiapa de Corzo, Chiapas, el día sábado dos de noviembre del 2008).

miércoles, 29 de octubre de 2008

Hacia el Segundo Festival Internacional de Letras, Jaime Sabines 2008.





La poeta estadounidense EMILY Dickinson (1830-1886) escribió: "Ninguna otra fragata nos lleva a todas partes como el libro." Otros escritores en lugar de la palabra fragata bien pueden escribir tren o avión; por mi parte, en estos instantes y aquí desde el escritorio ubicado en una oficina del centro de mi trabajo, me gusta decir casa y, de esa manera, experimento el libro literario como un hogar con un gran patio; patio pronto a convertirse en bosque inmenso donde me espera un caballo numinoso que ha de llevarme a todas partes; pues como bien interrogó MARGUERITE Yourcenar (1903-1987) al hacer patente su necesidad de viajar: “¿Quién consentiría morirse sin haber hecho, al menos, el viaje de su prisión?”

Gracias a la casa-patio-bosque-país-universo, llamada Literatura, tengo posibilidad de cabalgar por páginas de percibir a los otros más allá de horizontes incapaces de mirar con deferencia la diferencia y porque, así, puedo recorrer senderos productores de la magia precisa para romper las barreras de lo mismo; toda vez que deseo conducirme por donde el hombre deja de ser mediación mercadotécnica. En efecto, la Literatura nos lanza a la consecución de proyectos nuevos y es bálsamo más allá de la basura del mundo. La Literatura --y de manera especial ese género que llamamos Poesía-- es fuerza para olvidarnos del olvido. El olvido, vil amnesia impuesta por sociedades que de tan narcisistas hoy se encuentran en fatal quiebra económica.

La Poesía, el cuento, la novela, el ensayo... suelen guardar secretos como aquel para encontrar los ojos de sus escritores y son también sutiles invitaciones para hacer justicia-con solidaridad. Gracias a proponerme desear escuchar esas miradas-voces, estoy cabalgando de Guadalajara, Jalisco, rumbo a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde fui invitado a participar en el Segundo Festival internacional de Letras Jaime Sabines. Mi participación se llevará a efecto el día sábado 1 de noviembre a las 7 de la noche, en el Centro Cultural de Chiapas, Jaime Sabines.

Por último --y a propósito del poeta que le da nombre a este segundo festival- en mi poemario para niños El país de la mirada, escribí un poema que a continuación les comparto.



Quien tiene todas las páginas para escribir
viene desde la palabra indecible
Cruza vías intrasupragalácticas
Y sigue de pie tras el naufragio
para escribir el poema
sobre como bailar después de muerto

Quien tiene todas las páginas para escribir
llega hasta el niño pobre de una ciudad desconocida
Y desenreda su lengua
hasta mostrarle el tararí, tuí, tuí
que hilvana junto a un relámpago

Quien tiene todas las páginas para escribir
Posee la costumbre de marcharse nunca
Encontró la manera de cumplir la profecía
Regresa en el maullido del gato
o en el nuevo camino de las hormigas

Quien tiene todas las páginas para escribir
encuentra sus cenizas
y comienza a repartirlas convertidas en poemas
en la calle que conduce al mar

Quien tiene todas las páginas para escribir
tiende su nombre en la procesión de estrellas
para bajar con frecuencia a los pueblos de Chiapas

Quien tiene todas las páginas para escribir
se llama Jaime Sabines
y a veces llega junto a su tía Chofi
al cine de Berriozabal


(De mi libro El país de la mirada, Literaria editores, Guadalajara, Jalisco, 2007. p. 55. D.R. 2007. ISBN 968-5544-06-9.)

miércoles, 22 de octubre de 2008

"PORQUE SUEÑO... NO EXISTO."

(Una reflexión acerca del pequeño poeta Léolo; personaje de la película Léolo –porque sueño no existo– de Jean-Claude Lauzon. Película emitida por Productions du Verseau MEDIA S.L –Canadá 1992– ).*

Hace 10 años llegaba a la ciudad de Guadalajara, Jalisco, desembarcado de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Sí, y entré visionándola como un breve pasaje donde, a lo sumo, duraría siete meses. Pero la vida desvió algunos objetivos de mi antiguo proyecto de vida y, por ello, aún estoy aquí.

En los primeros días de desempacar no sólo las maletas, pues traía envuelto mi corazón en la crisis del cambio, en el cinematógrafo de la Universidad de Guadalajara (U.D.G) se exhibía la película "Léolo", con el subtítulo: “Porque sueño no existo”. Película de despertar mi asombro. Asombro convertido en este escrito y porque, por ahora, es la manera de mostrar mi agradecimiento por la existencia de esta producción cinematográfica conservada en el cofre de mis mejores tesoros.

A diferencia de su familia, en este artículo, no llamaré al niño Léolo, Léo. Porque deseo tener oídos no para convertirlos en garras de sujetarse a eruditas abstracciones sino, y sobre todo, para disponerme a hablar de realidades latentes; tan latentes como desear convertir mi escrito en casa de quienes buscan con desesperación tener un verdadero hogar. No me refiero aquí sólo al aspecto material de esa construcción; sino al hogar cuya fundación es posible si nos alejamos de actos cobardes. Pero, ¿qué podrá mi escrito ante un mundo sin techo?.. Al respecto, ojalá mis letras colaboraran en los cimientos del contrapoder tan necesario para fundar un mundo sin maltrato hacia los niños. Después de esta aclaración estoy preparado para decir:
 
Va aquí mi escrito dirigido a cualquiera que como tú, Léolo, no se cansa de luchar para no ser pisoteado en su dignidad. Como tú, quien frente a la imposición del yugo familiar (o de cualquier yugo) dice algo parecido a: ¡No soy Léo. Me llamo Léolo... Léolo Lozone!
 
 
Tratemos de ponernos en ojos de un niño. Recuperemos la mirada de ese infantil tiempo. Pongámonos como nombre, Léolo, y en hojas de cuaderno expresemos nuestro sentir sobre el mundo. Si esto se nos dificulta, entonces salgamos, por un momento, del escenario donde se derrumba la vida y los Derechos de los niños son aspiración no tomada en cuenta. Seamos, un poco, espectadores para regresar a la realidad sin olvidar el corazón. Esto puede ser difícil, pero... detengámonos: el sentido impuesto sobre el mundo, ¿no es, pues, un horizonte sin corazón? ¿Acaso las posibilidades de nuestra existencia se han agotado en esa visión donde la demencia nos cala hasta el cobarde silencio de arrastranos donde reina lo estúpido?

Ahora entremos a la película para sentir, desde el principio, la música de lartir un desastre. Música cuyos sonidos nos ponen en alerta ante el frágil cuerpo infantil de Léolo. Música después productora de impacto cuando nos volvemos testigos de la libertad de un niño revelándose en el afán de no ser domesticado y, más aún, cuando es reprendido con histéricos gritos por la voz adulta nombrándole Léo para inducirlo a horarios de llegar a nada. Ante este realidad, el pequeño poeta (porque pronto nos damos cuenta que este niño descubre el arte de escribir poesía) protesta y su voz infantil nos taladra el alma: ¡¡Léolo. Me llamo Léolo... Léolo Lozone!!
          En esa protesta infantil nunca sólo deseo por recuperar sus orígenes sicilianos, desocultamos el inconsciente contenido donde se grita: soy otro; soy distinto. ¿Por qué no aman mi diferencia?.. ¡Soy un niño!

La familia de Léolo está circunscrita en la demencia. Tarde o temprano cada uno de sus miembros, con excepción de la madre, será tratado en un hospital psiquiátrico. En efecto, aquí somos testigos del declive de unos seres unidos por lazos de sangre. Pero el contenido de esta historia no para ahí, pues también muestra distintas formas de patología en otros ámbitos de nuestras sociedades como lo son la escuela, la calle y el centro de trabajo. Al hablar de la escuela no nos es ajeno cómo a través del curriculum oculto muchas veces se enseña sin importar el destino de lo que se dice y se hace; destino sobre el cual un niño es capaz de percibir y dolerse. Otra esfera, digna de análisis, es la calle dominada por los prepotentes sacando a relucir sus sentimientos de inferioridad. Y ya no se diga el centro de trabajo convertido en olvido de la historia y esfuerzo de cada ser humano. Pero, regresemos a hablar sobre la familia; ese espacio tantas veces sometido al cruel eterno retorno de ignominia, depravación y toda forma de degradación humana. La familia revestida con formas sutiles de “amor por los hijos.” Espacio de amor de las charcas. "Amor" convertido en crimen ante la desaparición de lo distinto. La familia (con excepción de las familias liberadas –o que luchan por serlo– sobre las cuales no conozco estadísticas y a quienes dirijo mi admiración porque creo en la pulsión hacia la vida basada en el respeto hacia la alteridad): horizonte de preparación subliminal para ser ciudadano donde se justifica la traición y el crimen. Familia circulo vicioso: políticadeshonesta-familiadeshonesta. O si se quiere: familiadeshonesta-políticadeshonesta en un mundo in-humano. Familia hoguera, sala de tormentos, guillotina, látigo para el espíritu. Familia incapaz de oír el grito ante el cual hasta las flores se encrespan: ¡No soy Léo! ¡Me llamo Léolo!.. ¡Léolo Lozone!... No obstante, familia ingenua víctima en un mundo extraviado en apariencias.

Como por complot del destino, Léolo encuentra un libro. El único libro que alguien desconocido extravió en esa imposible de ser una casa (imposible porque, no olvidemos: las apariencias engañan). Se trata de un libro amigo. Al principio Léolo no comprende lo escrito en sus páginas, pero lo intuye como ventana donde, poco a poco, verá asomar su propio destino. Libro objeto sagrado ante la vulgaridad del espacio del hogar paterno. Libro objeto precioso con dirección aparte a esas rosas de artificio a las cuales Léolo odia y detesta, aún más por su ridículo letrero pendiendo como bofetada y donde se traduce de manera sintética el gusto de los enajenados en tontas presencias: Made in… Made in: burla a la vida; sarcasmo ante el pequeño poeta capaz de percibir lienzos invisibles en la visibilidad. Libro alteridad como la corporalidad de este niño creador de un tiempo y espacio donde la vida recupera su poética fuerza. Libro refugio-oráculo: resumen del milagro de su infantil existencia mediante la frase:
 
                                                                Porque sueño, no existo.

          Porque existir bajo la mirada de un abuelo con máscara de bueno, para luego descubrirlo como viejo libidinoso capaz de prostituir a Bianca (la muchacha italiana, de dieciséis años, vuelta horizonte de amor sublime y platónico en la inicial experiencia sexual de nuestro infantil héroe) es vivir resignado a caminar aunque se esté muerto. Además, existir bajo la mirada coprófaga del padre, significaría vivir condenado a sucios olores de una vida in abstracto, como lo haría un marrano en el chiquero. Abuelo y padre: gerontocracia; imposición del recuerdo de lo viejo donde “nada es nuevo bajo el sol” y, por lo tanto, se come y se bebe porque el mañana es victoria de la muerte.

¿Qué podría Léolo a los seis años, ante las manos del abuelo que tratan de ahogarlo en la bañera, sino soñar con un tesoro jamás tenido; con un tesoro de cuento de naufragio para ignorar al lobo hundiendo a su pequeña presa? ¿Qué debería de hacer ante esa realidad un niño convocado a la poesía?, sino soñar para mirar la luz bella y extraña del deseo de todo eterno resumido en Bianca. Bianca tan blanca como luz canción de levantar con una fuerza extraña. La magnífica Bianca: flor verdadera en el basurero. Bianca imposible de ser cierta como “la Italia que de tan bella no puede ser sólo para los Italianos.” Bianca, mujer que camina hacia Léolo para luego alejarse porque es poesía subsumida en las fangosas manos del abuelo? ¿Bianca de dieciséis años y él con la edad de un niño?
 
A sus hermanos, Léolo los sabe víctimas del miedo. Más, a pesar de su edad, es la única existencia humana capaz de brindarles un abrazo verdadero; una mirada de auténtica ternura, una caricia donde quizás el Dios de justicia muestra su comprensión infinita.
 
Délima, la madre de nuestro pequeño poeta, encarna a la mujer resignada a ser continuadora del martirio impuesto por el mundo de los machos. Mujer también mostrando la diferencia de pertenecer jamás al sexo débil al soportar las embestidas producto de la falocracia. Délima, mujer exenta de la locura psiquiátrica, pero dentro de otra cadena víctimizándola hasta ser incapaz de pensar por sí misma sin dejar de ser mujer-amor de proteger a sus hijos.

Jean-Claude Lauzon, el niño terrible del cine canadiense; el joven-niño extinto, cuando apenas tenía treinta y siete años, quiso salvar a Délima de los espacios psiquiátricos y nos la entrega como “La piedad” de Miguel Ángel (sólo que sin esa dolorosa contrastante armonía caracterizando a la estatua imposible de cansarse de hablar) ante Léolo, su hijo que yace convulsionado y, después, catatónico para nacer a la demencia. Quien haya visto la película, no podrá olvidar los gritos de dolor de esa madre; gritos de quien siente perder lo más valioso: ¡Tú no te puedes ir! ¡¡Tú eres más fuerte que esto!

Sin idealizar el reino de la infancia, pero rescatando sus auténticos dones: ¿quién no ha captado el modo de ser en el mundo de un niño?.. Porque los niños, al vivir lo eterno en la magia de sus juegos, viven la delicia de sentirse dentro de un estado de sorpresa donde todos los elementos de la tierra son poesía. Por supuesto, el niño vive la poesía y él es su imagen-realidad más bella. Recordemos los adultos cuando siendo pequeños al caminar por una calle pronto percibíamos la vida como una aventura más allá de este mundo y sus colapsos.

Léolo (porque sueño no existo) es una película donde se traduce el alma del hombre contemporáneo. Proyección que, además de develar fisuras de nuestra condición de fragilidad, se transforma en sueño liberador al descubrirnos parte de la luz blanquísima de un mundo si la palabra amor no fuera prostituida.
 
 
 
 
Extracto de "Léolo", Canción de Bianca:

viernes, 26 de septiembre de 2008

Parmene-Heráclita*

I


Del Tacaná: volcán de fuego
Quiso rodar junto a mis manos
La bauticé como Parmene-Heráclita
A veces vuela y se suspende
O aroma los espacios con sus pétalos
Hay días que decide ser sólo piedra

Y entonces no la aguanto:
Habla habla
Destroza la lingüística


II


Parmene-Heráclita mataría
Si cayera sobre mi cabeza


III


Del Tacaná: volcán de fuego
Ahora está en mi casa
¿Y después para dónde?
Seguro lo sabe
pero guarda sus secretos



D.RISBN 968-5087-11-3

* Parmene-Heráclita es un poema incluido en la sección "Deja que los niños regresen a casa" de mi libro “El milagro de tu voz distinta” editado por Editorial ITESO en el año de 1999. Para leer sobre el prólogo escrito por David Fernández Dávalos, SJ, puedes elegir darle un click! a la siguiente línea electrónica: http://www.galeon.com/martinmerida/aficiones2015831.html