jueves, 21 de enero de 2016

JUGAR NOS LIBERA DE LA MUERTE




JUGAR NOS LIBERA DE LA MUERTE
                                                                                                                                   


(Dedico este escrito a Esteban Robles, el joven estudiante universitario del TEC de Monterrey, campus Guadalajara, quien al no perder su corazón de niño, renació más allá de la muerte el 20 de julio de 2014).



Si nos creemos a pie juntillas las palabras de Freud sobre que sólo en la muerte el hombre encuentra su liberación, olvidamos otras grandes y completas liberaciones que podemos lograr aquí en Nuestra Madre Tierra. Maravillosa Madre parte del cosmos (y parte del misterio subyaciendo en el cosmos) siempre en movimiento. Y porque el tema de morir y liberarse no puede acotarse en una simple deducción racional. Sí, incluso, pasar por el proceso de muerte (o de muertes) aquí en la tierra, conlleva a la liberación de lo que morimos sin necesidad todavía de desaparecer físicamente. Así, también, podemos lograr una gran liberación cuando caminamos jugando al perder el miedo a la desintegración de una manera de ser cuerpo en el momente de trascender esta tierra. Esa gran liberación de caminar jugando, habiendo perdido el miedo a la trascendencia de este mundo, es una posibilidad impresa en cada ser humano. Desde esta perspectiva, pues, no todos tenemos la necesidad de dar por sentado aquello de que la única liberación se logra con la muerte entendida como desintegración total. No, ese no es un hecho insoslayable. Pero si Freud se jactó de ser un materialista cerrado en este horizonte, allá muy él. No obstante, intento comprender la perspectiva freudiana si de este sentido podemos deducir que millones de seres humanos sólo logran la liberación con la muerte física (¡lamentable!) porque no encuentran otra salida a su vivirse dentro del dolor y en muchas ocasiones un dolor impuesto por el sentido del mundo donde se intenta convertir lo más bello en dinero y donde este último “brilla” a costillas de los más necesitados de justicia. En efecto, el mundo capitalista nos enclaustra y reduce a epifenómenos serios y sufrientes, siendo cada ser humano un fenómeno de posibilidades infinitas.


Así, a pesar del mundo que se impone y donde muchos, debido a la crueldad de esta forma de mundo, aceleran su muerte física para liberarse del yugo: no podemos negar la existencia de extraordinarios seres humanos que han caminado (y siguen caminando) toda vez que han recuperado su corazón de niño (mi amigo Esteban Robles a quien he dedicado este escrito fue sobre nuestra Madre Tierra uno de ellos) teniendo la certeza de ser eternos. Estos seres toman a la muerte física como proceso para adquirir otro cambio de frecuencia espiritual. Yo me sumo a estos últimos sin jactarme de nada. Y, por supuesto, camino con la certeza de que soy eterno. Ante este modo de percibirse: ¿quién puede asegurar de que no todo es eterno y que el cielo (no me refiero únicamente a la bóveda celeste) está en todas partes? Y como dijera el Dalai Lama cuando alguien dudó de su certeza de la otra vida: “Si usted me demuestra que no hay otra vida, le daré la razón.” Vaya, pero más que subrayar lo de la posibilidad de experimentar tipos de muertes (la muerte al egocentrismo sería una muerte necesaria) lo que estoy queriendo subrayar es el proceso de liberación muy especial obtenido con el juego. En efecto, quien se olvida de jugar vive muerto. Desdichados son, entonces, los horizontes que, clavándose en lo meramente racional, han cerrado la puertas al juego siendo éste una medicina potente y sagrada para vivir en plenitud. Porque si el cosmos danza (y la danza es también un juego) y los dioses danzan porque al danzar sejuega y el Gran creador, sobre quien tengo certeza de su existencia, vive jugando con su inmenso corazón de niño, ¿por qué no recuperar esa fuerza latiendo en cada uno de nosotros? ¿Por qué no trabajar, estudiar, pensar, soñar… jugando? O, al menos, ¿por qué no luchar para forjar un mundo donde retomemos la seriedad del juego, como lo pretendió el filósofo Friedrich Nietzsche, a pesar de esta forma de capitalismo que nos declara muertos vivos al someternos a la seriedad no del juego sino de lo estúpido?

Tratando de ser coherente con mis certezas, en este inicio de semestre enero-mayo de 2016 (y cómo siempre he realizado en todos los semestres desde que opté por ser profesor universitario) en el Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara, les di la bienvenida a mis estudiantes con un juego de resonantes consideraciones sobre ética cívica. Consideraciones tales como lo de la necesidad de las reglas y de la imprescindible presencia de los otros para sentir goce auténtico mientras se juega. Mediante las fotografías dejo la evidencia.































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