miércoles, 29 de diciembre de 2010

Jesús, ¿quién eres tú?. ( A propósito de Navidad).

Dedico este escrito a la familia Perianza Jiménez y en especial a Elí.

Transcurría aproximadamente el año 1124 cuando, según la tradición cristiana, el poeta, defensor de la ecología, Francisco de Asís, el burgués que se hizo pobre y cambió de piel para convertirse en un revolucionario del amor al Reino de Dios, inició la representación del pesebre de Belén en Greccio, Italia, diciéndole a un buen hombre: “Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, vete y haz presto los preparativos como yo te digo; porque intento hacer una representación del niño que nació en Belén, de modo que se vea corporalmente como fue reclinado sobre el pesebre (1). Sin duda, el poeta Francisco contempló aquel pesebre con un corazón dispuesto a la exigencia, responsabilidad y (aunque parezca paradójico) jovialidad, que implica el seguimiento a la llamada radical de Jesús. La conciencia de este singular poeta no estaba manchada por la edad del crimen organizado y estaba exigua del ambiguo lenguaje de las tecnologías modernas; sin embargo, a los 25 años decide renunciar a la deshonra impresa en su ser a causa de pertenecer a la clase de los opulentos y descarados comerciantes que malgastaban su efemeridad en el deseo estúpido de ser más poderosos que el prójimo. Contraria a esta actitud, el poeta Francisco de Asís desde una mágica dimensión poética, cuyo centro fue Dios, actúa sin dobleces en el servició a lo despreciados de su época: los leprosos, los hambrientos, los empobrecidos; etcétera. A ejemplo de este extraordinario hombre, no encuentro una fiesta más simbólica que la Navidad, como oportunidad de renacer habiendo destruido al hombre viejo para volver a ser como niños: “De cierto os digo que quien no recibe el Reino de Dios como un niño no entrará en él” (Lucas 18, 17). O si se prefieren las palabras del gran Federico Nietzsche: “La madurez del hombre consiste en haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño.”

A propósito de la Navidad con horizonte mercantilizado, Pablo Latapí en el periódico Excelsior del 12 de julio de 1975, con severa actitud preguntaba: “Al típico hombre de hoy ¿llega la Navidad?”. Este intelectual mexicano responde que la Navidad en su verdadero sentido sólo pertenece a los hombres auténticos y profundamente religiosos. Es curioso, los típicos hombres de hoy, emboscados de tecno-mercancía, también se preocupan por construir nacimientos
adornándolos de múltiples artificios, entre los cuales se destacan los foquitos que se encienden y apagan; foquitos muy lejos de simbolizar a las estrellas que quizás nos conducirían a una necesaria reflexión sobre el misterio del universo
y tal vez nos llevarían a exclamar como el Físico-filósofo-místico, Albert Einstein: “La emoción más hermosa y profunda que podemos experimentar es la sensación de lo místico. Es la semilla de toda ciencia verdadera. Aquel que es ajeno a esta emoción, que no puede maravillarse y quedar sobrecogido de terror, está de hecho muerto...” (2) Foquitos o flores de pascua que de escucharlas bien podríamos percibir que nos gritan: ¡Muere y vuelve a nacer!, porque “si el grano de trigo no muere, no da fruto” (Juan 12, 24).

En muchas partes, una gran multitud traerá a sus casas el heno y el musgo de los árboles para erigir el pesebre. ¿Acaso para honrar la sencillez y la moderación?.. ¿O sólo para decorar y de esa manera estar a la usanza decembrina? ¿Para qué despojar árboles de su hermosura si nuestro corazón está hipnotizado por el consumismo y somos indiferentes a encontrarnos presos de las maquinaciones de los dueños del desarrollo económico global y nos importa “un comino” sabernos seres que obnubilan lo esencial, como bien nos enseñó el extraordinario escritor Antoine de Saint-Exupery en su libro ( en verdad es un poema) El principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Desafortunadamente, en nuestro a punto de acabar el 2010, la mayoría de los seres humanos nos negamos a ver con el corazón y lo esencial continúa siendo invisible a los ojos de quienes han perdido al hombre como hermano y lo han vuelto a encontrar como lobo, perro, infierno o un semejante a quien pisotear. Los filósofos T. Hobbes y J. P. Sartre, en mucho no se equivocaron al explicar la situación del hombre contemporáneo. En efecto, ambos coinciden en la necesidad de destruir la mugre superficial de un mundo para comenzar a ver el rostro del hombre más allá de las apariencias.

Es penoso observar a empobrecidos tirar a la basura sus endebles aguinaldos; da coraje saber a los enriquecidos olvidados de la viuda, del huérfano, del que gana un salario indigno, del encarcelado, de quien se debate en la crueldad del hambre, del ciudadano que sin ton ni son es asesinado en la calle; etcétera.

Próximo a ser rebasado el primer decenio de esta era cifrada en la violencia, celebraremos el acontecimiento más sorprendente sobre la tierra (al menos para la tradición cristiana; claro): Dios que se hizo hombre para nacer entre los pobres. Sí, En el fugaz 25 de diciembre de 2010, celebraremos 787 (setecientos ochenta y siete años) de simbolizar, año tras año, el nacimiento del niño Dios en el pesebre de Belén, quizás sólo para sublimar la impotencia de no tener el coraje suficiente de mirarnos con honestidad y, por fin, hacer del mundo la fiesta verdadera. La fiesta donde se derrumben muros y cada quien se quite los gusanos obtenidos en el sepulcro llamado establishment para levantarnos revitalizados como Lázaro bíblico (que no creo se haya enojado por vivir nuevamente) para alabar, por fin, al sol, al agua; a la magia y riqueza verdadera de todas las maravillas naturales. Bien preguntaba el viejo Whitman en su Canto de la Tierra que Gira: “¿Dejarás que se pudra en ti tu propio fruto?/ ¿Lo dejarás agazaparse y hundirse?.”

Duele ver el Reino de Dios atacado por malévolos que desearían dejarlo en un paréntesis. Duele ver el Reino de Dios desechado por millones de gente como fábula o basura. Duele ver el Reino de Dios que pretenden partir quienes están partidos por partidos políticos acostumbrados a la traición y al crimen. Duele encontrar la Navidad reducida a navidería o a mero intercambio de regalos donde no existe el corazón. Duele ver expresiones navideñas envueltas en el sentimentalismo y romanticismo que no conducen a Dios. Pero el Reino de Dios que es como un ya está aquí pero todavía no, canta y vibra porque tiene la fuerza de lo que no puede explicarse sólo mediante la razón y porque (siguiendo otra vez al viejo Whitman en el poema citado):

¡Quien quiera que seas!
Es para ti hombre o mujer
Que el sol y la luna penden del cielo,
Pues nadie más que tú es presente y pretérito,
Pues nadie más que tú es la inmortalidad.

Lector apreciable: como ya te diste cuenta, la intención de mi reflexión pretende despertar en ti, en mí y en todos, el sentido verdadero de la Navidad por si lo hemos perdido. Si así no fuera: ¡Alabado sea pensar actuar y vivir!.. Pues como nos indica el filósofo y teólogo brasileño, Leonardo Boff: “…Ante el pesebre, con el niño entre el buey y el asno, la virgen y el buen José, los pastores y las ovejas, la estrella y las profesiones, la naturaleza, las montañas, las aguas, el universo de las cosas y de los hombres, todo se congracia y se reconcilia ante el Recién nacido” (3).
Con espíritu de verdadero cristianismo (para los que aún somos cristianos a pesar de tanta impunidad dentro, inclusive, de las estructuras eclesiásticas) o para quienes no son cristianos, pero buscan ser hombres libres, justos y responsables: ¡Construyamos pesebres! ¡Qué retumbe la tierra, pues es Dios quien nace! ¡Qué sonría el Niño Dios que llevamos dentro y sostengamos su sonrisa una y otra vez!

Lector, apreciable, si por casualidad mis letras te parecen desatinadas, no está demás seguir el consejo del corrupto rey Herodes (4): “Vayan y averigüen que hay de ese niño." (Mateo 2, 8). Si eres sensato, al acercarte al pesebre y mirar de frente al recién-nacido, cuando menos preguntarás (porque es de sabios y magos preguntar): Jesús, ¿quién eres tú?.. Y si él te responde con cualquiera de las múltiples formas que tiene Dios de responder, quizás no desees devorarlo.

Citas:
(1) Florecillas de San Francisco. Ediciones paulinas. México, 1978. pp. 254.
(2) L. Barnett. El Universo y el doctor Einstein. F.C.E. México 1973. p 95.
(3) Boff, Leonardo. Jesucristo el liberador, Sal Terrae. España, 1995.pp. 170-171.
(4) Misal. 1995, Obra Nacional de la Buena Prensa. México, 1994, p.25.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Los niños son más que personas completas (mi experiencia en la carrera Cartoon para Niños 2010 y algo sobre el Día de Muertos entre otras maravillas).

Yarik es ahora un niño de año y medio, pero lo conocí desde cuando era bebé de meses y también me ha tocado convivir con él en pueblos y montañas donde una maravillosa porción de nuestra existencia ha transcurrido con la mirada siempre hacia enfrente, pero aprendiendo de lo que hemos dejado atrás tal como nos enseñó el filósofo Sören Kierkegard. Enseñanza remarcada en el video realizado por un estudiante amigo y que dejo al final de este artículo.




Llegado el domingo
, 31 de octubre, Yarik quiere correr los dos kilómetros destinados para niños a partir de 6 años. En efecto, se trata de la Carrera Cartoon 2010 para niños. ¿La decisión de Yarik es un capricho de niño pequeño?.. ¡No! Y aunque a veces también es caprichoso, Yarik nació con poder de determinación y defiende su libertad psicológica como verdadero guerrero. Dicho sea de paso, ya habla con mucha claridad y resonancia la lengua castellana aunque a veces cambia la letra “r” por la “t” como cuando dice catatina en lugar de catarina. Su “No” es poderoso y por ese “No”, me cae requetebién aunque a veces nos ponga en crisis y sobresalte a la madre que es una de mis grandes amigas.

Me encanta el No de Yarik, pero también su porque, poco a poco, va entendiendo que lo defendible no es la afirmación o la negación, sino la razón (el espíritu diría Hegel, pues para este filósofo --que no es un perro muerto-- espíritu y razón son lo mismo). Pero, por supuesto, tampoco se trata de defender a la razón por la razón sino porque, gracias a ella, podemos encontrar fundamentos (y no terquedades ni dogmatismos) para permitirnos vivir con mayor libertad. Por otra parte, no habría autodeterminación siguiendo siempre las imposiciones del mundo. Yarik, en esta pequeña historia que vengo compartiéndoles, ya se autodeterminó para correr los dos kilómetros y le prometí apoyarlo. ¡A-Já!: con mi determinación también tajante para realizar este proyecto, pude explicarle a una de las administradoras de la carrera nuestra no inscripción a tiempo y aunque este acto ya no es posible, le digo casi con sorna que hemos decidido correr porque la calle es libre y es una de las bellas conquistas ciudadanas. La administradora ríe en lugar de enojarse y me da su consentimiento. Pasado ese instante, le pido a un padre de familia cuyo hijo ya corrió, que me preste el papel con su número (la carrera se efectúa por determinados grupos de niños, pues son miles los dispuestos a correr junto a sus padres) ese señor acepta y otro padre de familia me proporciona el cordón para sujetar al niño; cordón que no utilizamos.

La carrera está a punto de comenzar y Daira, de siete años y hermana de Yarik ya está lista junto a su mamá de nombre Itzia. Antes, he efectuado algunos ejercicios de calentamiento con esta niña también con capacidad autodeterminante. ¿Fue ella quién desató el deseo de su hermano por también correr?.. ¿Sintió envidia Yarik y por eso está dispuesto a correr?.. No lo sé, ¿pero acaso no muchas veces son los otros quienes nos persuaden a ser mejores que buenos?



La carrera empieza
y, como era de suponerse, nos vamos quedando rezagados, pues los pasos de un niño de año y medio no son equiparables a los de 6 o 7. No me importa, yo corro junto a Yarik imitando sus pasos. Afuera de la pista y entre la gente, corren también Goran y Ketti,
nuestros amigos de Macedonia, quienes nos van tomando fotografías.
Al llegar al primer kilómetro tomo entre mis brazos sólo un ratito a este niño de gran voluntad. No me pidió que lo abrazara, pero le noté sufrimiento. Corro de esta manera con él sólo hasta volver a alcanzar a la tropa. Luego, lo bajo nuevamente y, poco a poco, pasito a pasito, nos aproximamos a la meta. Cerca de la meta la gente se emociona al ver al competidor más pequeño de la carrera y se nos aproximan una gran cantidad de personas con cámaras y aparatos filmadores. Yarik se pone serio, pues no está acostumbrado a ese tipo de acontecimientos. Le pido no hacer caso a esa distracción y que mejor cantemos la canción “Huitzi, huitzi araña”. Y así lo hicimos.


Al llegar a la meta, nos aplauden de tremenda manera y nos proporcionan medallas por demás simpáticas. Pasados pocos instantes, ya dentro del coche de la madre, Yarik cae profundamente dormido.





Dos días después
–el día de muertos-- me vuelvo a reunir con mis amigos: Itzia, Daira, Ketti, Yarik y Gora (nos hizo falta Julien Collado, pero por unos días este amigo, también gran atleta, tiene que guardar reposo a causa de una leve enfermedad ) para visitar a los muertos en el cementerio cercano a mi trabajo.
El cementerio se llama “Recinto de la paz” y durante el día llevé a mis estudiantes y amigos a quienes imparto la materia de “Ética, persona y sociedad” en el Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara (la visita efectuada, junto a mis estudiantes, fue tan estupenda que hasta cantamos junto a una banda).


Entrada la noche en el cementerio,

de repente Itzia afirma su no desear una tumba e inmediamente la voz de Yarik se escucha autoderminante: ¡Yo-sí-quiero-una-tumba!
Este último razonamiento de Yarik me dejó dándole vueltas a toda la noche. Bueno, algún día yo también querré una tumba con rehilete y juguetes tal como vio Yarik que poseían los niños muertos al menos en este cementerio cercano al TEC de Monterrey.Pero antes de tener una tumba todavía quiero hacer tumbos tales como correr más maratones completos y ocasionarles a quienes están acostumbrados a humillar, algunós desenmascaramientos. Sí, porque en efecto, correré otra vez el maratón completo a realizarse en Guadalajara el próximo domingo y en unas pocas semanas, en Grecia. Y, por su parte, Yarik sin duda ya es poseedor de un capital persuasivo para seguir corriendo por la vida. A propósito de correr, Francisco Santoyo, uno de mis estudiantes -como dejé explicado al principio- elaboró un filme brevísimo pero interesante. Así es, pues a veces, como tarea en mi clase sobre Ética, Persona y Sociedad, suelo pedirles determinados videos que no duren más de dos minutos. Y, con permiso de Francisco, enseguida lo expongo. (Pero si encuentra dificultades para ver la pantalla completa del video, puede darle un clikc al siguiente título: "Siempre hacia enfrente").

miércoles, 29 de septiembre de 2010

La poesía como forma de conocimiento

Quien mira a través de la poesía (tomada la palabra mirar como sinónimo de conocer) no parte de lo ya predeterminado, ni se encierra en una metafísica. El poeta quiere decir lo que no se dice. Y, según expresa Javier González (1990: 184) en su libro El cuerpo y la letra (libro donde este autor hace constante alusión al filósofo Martin Heidegger) la poesía es una epistemología:



“Para Heidegger, como para O. Paz, la inscripción del hombre en el campo fenoménico designa un Existencial que es, él mismo, metáfora. La encuesta fenomenológica lleva a Heidegger también a considerar la poesía como la única epistemología capaz de captar la esencia del ser (…) La realidad del hombre es en su fondo poética; un morar poéticamente en el que la metáfora supera al concepto como instrumento de captación de la condición humana.”


Respecto a la poesía como epistemología, Cornelius Castoriadis en su obra titulada Los dominios del hombre: las encrucijadas del laberinto (2005) nos dice que el Ser no es aquello que se crea sino el horizonte mediante el cual creamos; así, utilizando la noción de Ser, este autor, compaginando con el filósofo Martín Heidegger, afirmará que el ser es tiempo y, por lo tanto, horizonte de muchas posibilidades. Cornelius Castoriadis realiza una defensa de la Estética para decir, en el fondo que ésta, bien puede ser el fundamento del hombre; puesto que su horizonte existe antes del operar racional transparentando una tendencia en el hombre imposible de soportar yugos: “¿Por qué no podríamos nosotros comenzar postulando un sueño, un poema , una sinfonía como instancias paradigmáticas de la plenitud del ser y considerar el mundo físico como un modo deficiente del ser en lugar de ver las cosas de la manera inversa, en lugar de de ver el modo de existencia imaginario, es decir humano, un modo de ser deficiente o secundario?”



Así, tomando en cuenta estas perspectivas y también siguiendo las recomendaciones del filósofo y educador Edgar Morin (1) quien nos recuerda que el hombre es un ser bio-físico, psico-socio-cultural e histórico, el sábado 25 de septiembre de este 2010, no deseando quedarme con una mirada unidimensional, con los niños del taller de la HERZLO(2), subimos a las alas de lo lúdico, lo heurístico y lo holístico para entrar al horizonte de la poesía donde compartí a los niños, entre otros aspectos, poemas de mi libro El país de la mirada.





A continuación te invito a ver algunos instantes de mi participación en el taller de la HERZLO, a través de imágenes de video:





(1)Para profundizar en el horizonte de diálogo como método para despertar la creatividad y pensar más allá del cómputo, véase Edgar Morin (1999). Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro.
(2)El taller de la HERZLO, es un espacio para niños dirigido por la pintora Marisa Hernández quien suele invitar a pintores, poetas, cantantes; etcétera para compartir su arte con niños de tres a once años de edad. Marisa es poeta, editora e ilustradora de cuento infantil; además de coordinadora y promotora de arte infantil. Para saber más de ella, dale clik a la siguiente sigla de su sitio WEB
: http://www.elcalamo.com/marisa.html

Bibliografía:
CASTORIADIS, Cornelius (2005). Los dominios del hombre, Gedisa, Madrid.
MORIN, Edgar (1999). Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro. UNESCO, París.
GONZÁLEZ, Javier
(1990). El cuerpo y la letra. la cosmología poética de Octavio Paz. Fondo. de Cultura Económica, Madrid.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Los jóvenes huéspedes de la Lectura







Dedico este escrito a mis estudiantes de Ética, persona y sociedad; materia que imparto, entre otras, en el Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara.




Si de pronto me atreviera a decir que son jóvenes quienes más leen, con toda razón se me podría refutar: Martín: entonces comprueba con estadísticas cuántos son lectores de los 33 millones 634 mil 860 jóvenes entre 12 y 29 años de edad (1); de los cuales sólo el 46% se encuentra estudiando. Juventud que constituye el 34.5 de 97.5 millones de la población total de mexicanos. (2) Y ante este argumento sólo diré: Señores, no me estoy refiriendo a los “jóvenes” de edad cronológica (al final de cuentas como reza el proverbio: “Nadie es demasiado joven como para no morir mañana ni demasiado viejo para no vivir un día más.”) Por lo tanto, al menos desde la perspectiva que vengo aquí dando a luz, no cuenta efectuar estudios sobre cifras de asegurar que en mi país no son muchos los lectores. Desde este horizonte pido permiso para continuar diciendo: son jóvenes quienes más leen en el mundo entero. Pero, intuyo: no hay muchos jóvenes en mi planeta. Y habiendo dicho lo anterior ahora me atrevo a aseverar: son jóvenes quienes más leen en nuestra patria donde escuchamos con cierta frecuencia: somos un país donde se lee muy poco; a cada mexicano le toca medio libro. Imaginen lo absurdo del mensaje sobre el medio libro. ¿Acaso nos están diciendo demediados?.. Aunque este mensaje de imperiosidad cualitativa me deja anonadado, en mis recuerdos no aparece la imagen de algún agente sugiriéndome llenar una encuesta sobre números de libros leídos; ni a mis conocidos. En efecto, muchos de mis conocidos, ante tal afirmación con toda razón se enojarían, pues no sólo son lectores de grandes filas de libros; sino que también son coleccionistas de volúmenes a leer en el pasado presente y en el futuro presente. Otros saltarían de gusto: “Ah, benevolentes estadísticas: ¡Qué me ha tocado medio libro yo que nunca he leído uno solo!” Aunque también es cierta la existencia de quienes remarcan con vanidad de lo estúpido haber leído ciertos libros, como si los demás hubiéramos venido al mundo a hacerle al tonto. Debido a las abrumantes afirmaciones con números aquí referidos, de pronto por ahí aparecen carteles de mal gusto con la imposición: ¡Lee!; aunque también los hay con la gentileza de la persuasión; y esos sí podrían despertar el mar de la admiración y, como consecuencia, las olas del agradecimiento. Porque es absurdo llegar con imposiciones a corazones en defensa de sus derechos y, en efecto, existe el derecho a no leer como el legítimo derecho a dormir; pues nadie se hace del todo ciudadano del país de la lectura mediante imposiciones como tampoco alguien puede asegurar ser joven si rehúsa hacerse de energía y frescura para desbaratar las trampas manipuladoras para no descubrirse en libre acción hacia la consecución de proyectos de meterse en páginas desconocidas. Vistas así las cosas, se tendría que realizar un análisis de otro género para darnos cuenta de cuántos son auténticos jóvenes del porcentaje de la población encajonada como adulta, y tendríamos que contar cuántos viejos hay en ese 34.5% de la población decretada con el grandilocuente título de joven. Desde esa perspectiva, el territorio de la juventud es sobre todo una actitud (una actitud y una conquista) y no una suma de años. Sobre esta temática escuchemos un fragmento de una joven-antiquísima carta del filósofo Epicuro a Menéalo: “Nadie es demasiado joven o demasiado viejo para cuidar su alma (…)" (3). Estoy convencido que leer nos cuida. Leer es una expresión libertaria y ser buen lector es una actitud liberadora cuya frescura nos hace recordar la vigencia de las verdaderas rebeliones con fuerza utópica cuando, con asombro, pese a tanto pesimismo y derrumbamientos, descubrimos que éstas se convierten en realizaciones (en topías) aunque a veces nos parezcan un granito de arena o un vaso de agua en el desierto. Leer es, además, un llamado a ser capaces de convertirnos en signos de aquello más humano en que creemos. Por ello, repito: no todos los de menor edad son jóvenes y es admirable quien, aún con más de cien años, muestra la jovialidad de un espíritu lleno de curiosidad al atreverse a darle vuelta a páginas (no sólo de los libros; por supuesto) que ya no le serán desconocidas. Después de haber explicado mi creencia en que son los jóvenes quienes más leen, ahora estoy en condiciones de decir: no son muchos quienes leen con la misma pasión de quien ama los cambios. Y no sólo por el goce y beneficios implícitos en ese admirable acto sino y, sobre todo, para hacerse de un fuerte escudo contra cualquier manipulación y adoptar, por consiguiente, una actitud de hacer valer los derechos ante la nadería de pretensiosos arrogantes que podrían atreverse a tratarnos como vasallos. Dicho escudo nos crecería como al árbol las alas, pues leer es sobre todo una hermenéutica, es decir y como alguna vez expresó el filósofo Paul Ricoeur: leer es sacar a luz lo oculto.




Durante siglos el tema de la lectura ha persuadido a dedicarle muchas páginas y, para el colmo de quienes odian semejante temática, se seguirá hablando de ella; pues leemos, luego existimos. Pero la lectura de libros, en específico, se ha vuelto para muchos de sus enamorados como la dama a rescatar después de pelear contra duendes, demonios y dinosaurios; mientras para otros es como una especie de santo Grial cuando es admirable la lucha por su obtención; realidad intolerable ésta si se lee lo que cuesta pagar por comer y vestir. Porque primero se deben satisfacer las necesidades primarias dijo el sosegado sabio Maslow. No obstante, aún hay ediciones no tan caras y existen generosas y simpáticas bibliotecas que dan prestados los libros para ser llevados por un tiempo a casa. Así, muchos atrevidos pospondrán la satisfacción de alguna necesidad para tener en sus manos la presencia añorada. Pero, no quiero engañarme: en nuestro país existen quienes no tendrán nunca acceso a los libros; se trata de aquellos quienes a pesar de padecer pobreza extrema, con sus vidas leen y escriben páginas invaluables porque tienen hambre y sed de justicia. Aunque reconozco ámbitos donde quien nada tiene en términos materiales se deja llevar por una conciencia alienada hasta sucumbir en la degradación. Y existen círculos de lobos rapaces: son los alienadores que solo leen su propia demencia en el espejo donde nunca se han atrevido a mirar su monstruosidad. Pero, todos somos lectores, sostengo lo dicho, Sí, existe el horizonte de leer más allá de las letras; incluso desde perspectivas místicas. Ante el develamiento de ese horizonte desconocedor de la sin razón de las diferencias sociales: verdades y mentiras enmudecen. A este tipo de lectura hizo alusión Alexander Solzhenitsin cuando se le iluminó el rostro y de sus labios brotaron palabras para llenar un escenario con el silencio armonioso del agradecimiento; mientras la vida le otorgaba el Nóbel de Literatura: “Hay cosas que nos llevan más allá del mundo de las palabras; es como el espejito (diría también Alicia mirándose en el espejo inventado por Lewis Carrol) de los cuentos de hadas: se mira uno en él y lo que ve no es uno mismo. Por un instante miramos lo inaccesible, por lo que clama el alma”. Los cerdos, al menos que alguien les quite el mal encantamiento, no podrán nunca mirarse en ese espejo.




En términos de lectura literaria y para sorpresa de aquellos oficiantes de la muerte del texto, visto como novela, ésta se sigue escribiendo con más energía incluso por quienes alguna vez afirmaron su desaparición. Umberto Eco es ejemplo concreto de quien le nacía una novela asombrosa no tan lejos del tiempo cuando creía muerta esa forma de texto. Recordemos "El nombre de la rosa" que en estos momentos brota como un recuerdo guardado por mi inconciente para reafirmar mi creencia en que son los jóvenes quienes más leen. ¿Acaso en esa historia no un viejo se impuso la tarea de prohibir, a los curiosos jóvenes monjes, leer el “Tratado sobre la Risa?” Tratado según esa historia, atribuido a Aristóteles. ¿No envenenó, pues, ese ser anquilosado las páginas de ese libro por poseer un espíritu reducido a la necia creencia de tomar a la risa por insana? ¿No es esa parte de la narración del escritor italiano una metáfora de lo que en nuestra sociedad sucede?.. Al reino de lo viejo le importa, sobre todo, reducir nuestra capacidad de lectura y esa manipulación (en gran medida de carácter comercial) ejercida sobre las conciencias; es lo mismo que poner veneno en páginas posibilitadoras de libertad. El reino de lo viejo al darnos gato por liebre proyecta orientar nuestros gustos a pretensiones iguales a cadenas. Para el conocimiento de aquellos que nos sorprenden con declaraciones sinceras tales como a mí no me gusta leer: todos podemos ser lectores y de algún modo, todos somos lectores aunque unos leen más y otros apenas se atreven a pesar de no tener atadas las manos. Unos leen con tanta profundidad que parecen pozos de sabiduría o surtidores de estrellas desconocidas (estos son los más jóvenes) que luego se ponen sobre el horizonte, cual estrellas inspirando a ser magos. Otros leen como burros tras la noria pues, por más que leen, son burros que no devienen caballos. Uffff: hay quienes (los que han sido reducidos a la ingenuidad o han optado por ella) leen mientras duermen lo impuesto por programas manipuladores diciéndoles hasta en el subconsciente: ¡No vales nada!. Y estar ciego (no el ciego refriéndonos a quien tiene ojos y no lee) nos puede predisponer a ser mejores lectores; dan ejemplo de ello Borges y el mismísimo Heráclito de Éfeso.




Son ejemplos de textos a leer: un rostro, una piedra, un paisaje, una inscripción con jeroglíficos; los textos literarios, el lenguaje matemático, el silencio, el agua, etc. Ciertas lecturas sobre el rostro llevarán a decir que un ser humano es una cosa a manipular hasta matarlo (¿acaso no es fácil comprobarlo en el ahora) o a mirar en la profundidad de unos ojos el misterio inalienable. Pero en este escrito pretendo resaltar la lectura de textos literarios en el entendido de que esos textos son países que, además de proporcionarnos diversos placeres, nos ayudan a mirar más allá de nuestras narices y para darnos cuenta, mediante sus ritmos y contenidos, de un cúmulo de emociones y sentimientos sobre realidades en cualquier parte de todos los mundos posibles e imposibles. Además, el texto literario entendido como narración y hospitalidad (4) hace hablar a aquellos que no tuvieron derecho a decir su última palabra ya sea porque fueron conducidos a los hornos crematorios con engaños o porque se les mató bajo cualquier otra forma de tortura y porque ese tipo de texto pretende lograr, en los lectores, una conciencia destruidora de fronteras para que Aushwitz no se repita; aunque se ha repetido con nuevas y diabólicas formas de tortura debido a la estrechez de conciencia o porque --quizás-- se nos ha hecho creer que lo sucedido a otros seres humanos no es de nuestra incumbencia como si el sol no naciera para todos. Voy a detenerme, pues, en el horizonte del texto como Narración y hospitalidad y, al hacerlo, me experimento como llegar a una estación en la gama de posibilidades de los viajes ahí impresos. Horizonte estación que escojo para ponerme un límite en todo lo que quisiera expresar y para no cansarte, lector compañero en el viaje de esta vida .




El horizonte Narración y hospitalidad bien pude servir como una pedagógica a reflexionar (como nos sugieren los filósofos F. Bárcenas y Juan-Carles Mélich en el libro La educación como acontecimiento ético: natalidad, narración y hospitalidad --op cit--) las relaciones entre los humanos después de Auschwitz. Temática hospitalaria de gran importancia para espíritus jóvenes ante la inmediatez posmoderna cuya ola de crímenes masivos está a la orden del día. Crímenes reales o simbólicos donde la mayoría de los asesinados o son niños (as) o son jóvenes. En esta perspectiva hay un mar de lecturas literarias que hacen hablar a las víctimas. Son ejemplo de ello la novela de José Saramago, "todos los nombres", Madrid, Alfaguara 1998 y la narración "El hombre en busca de sentido" de Victor Frankl que circula como una rosa en preparatorias y universidades gracias a la recomendación de comprometidos profesores en territorios de la de Ética y/o de Desarrollo Humano. En la primera narración habla quien no pudo estar presente para contar su tragedia y en la segunda, el autor –sobreviviente de los campos de concentración—reflexiona no sólo sobre el sufrimiento propio y de su búsqueda de sentido; sino del sufrimiento de quienes no pudieron salvarse del horizonte fraticida. De alguna manera casi toda la gran literatura es ejemplo de narrativa que da hospitalidad, aunque no hable directamente de los supervivientes del holocausto de Auschwitz o no haga referencia a las víctimas de esa masacre; pues toca nuestros sentimientos ante nuevas matanzas reales o simbólicas y nos previene de lo que no debería pasar al mostranos personajes en las distintas facetas de las realidades del mundo. Ante esto, no nos es ajeno aquello de que en gran parte de la Literatura antigua, moderna y posmoderna, se habla de la fragilidad de todo lo negado. De la antigüedad recordemos La tragedia de Edipo, el desterrado. O el texto cifrado en nuestra época sobre la muchacha negada en esa sencilla y profunda novela "El amor y otros demonios" de Gabriel García Márquez; entre un mar de posibilidades; por supuesto. Es indudable que la literatura da techo al desamparo; cualquier joven tiene ahí un lugar para ser hospedado. Y de la poesía no se diga. La poesía es fuerza que mira y siente realidades aún las más desencarnadas. Dan ejemplo de ello tantos locos-lúcidos-venturosos de agridulces profundidades: Thomas de Quincey, Baudelaire, Poe, Borges Cernuda, Zukofsk, H.P. Lovecraft; entre otros poetas guerreros de defender un ahora sentenciado de muerte. Poetas que, para contribuir al cambio de la reptilinia animal sentencia donde domina el más fuerte y, a pesar de sorprendentes riesgos, advirtieron sobre la inmediatez de la geografía del derrumbe y herencia de siglos de vivir desprotegidos.




Para finalizar este escrito dejo aquí dos partes de una entrevista donde hablo de mi amor por la Literatura.




Entrevista. Parte 1





Entrevista. Parte 2





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(1) Si se está de acuerdo con la ONU, es joven toda persona que se encuentra entre los 12 y 29 años de edad; por mi parte, no estoy de acuerdo. (2) Datos de acuerdo al XII censo de población realizado por el INEGI. (3) Fuente: R. Verneaux, Textos de los grandes filósofos. Edad Antigua. Barcelona: Herder, 1970. (4) Para profundizar en la temática sobre hospitalidad narrativa, vid: Derrida, Jacques: La hospitalidad /J. Derrida, A. Dufourmantelle; tr. y pról. de Mirta Segoviano.. Buenos Aires, Argentina: Ediciones de La Flor, 2000 / Bárcena, Fernando: La educación como acontecimiento ético :natalidad, narración y hospitalidad /F. Bárcena, J.C. Mèlich. Barcelona, España: Paidós, 2000/ Derrida, Jacques: Adiós a Emmanuel Levinas: palabra de acogida /J. Derrida ; tr. por Julián Santos Guerrero. Madrid, España: Trotta, 1998.

lunes, 31 de mayo de 2010

Transversalidad (o sobre mi experiencia en el TEC de Monterrey durante mayo del 2010 ).

24 de mayo de 2010.

Monterrey, Nuevo León.

Escribo desde un salón cuya arquitectura parece revelarse como mitad cine de pueblo y mitad sala de conferencias estilo ONU. El salón es viejo y nuevo. Es un salón más entre las instalaciones del Tecnológico de Monterrey, en Monterrey, Nuevo León. No olvido que esta institución fue fundada en 1943 y es razón por la que aquí convergen edificios de ese inmediato ayer delatándose en el hoy. Estoy aquí porque me encargaron desde el TEC, campus Guadalajara, tomar el Taller para el Debate Ético en el Aula. Mientras me encuentro en esta real-realidad, mi corazón parece gritar: ¡Faltan pocos días para mi cumplir años sobre la tierra! Ante estas circunstancias: ¿cómo me vivo?.. Bueno, uno a cada instante se encuentra fruto del devenir tanto de los botones presionados con permiso de nuestro libre albedrío, como de las palancas movidas dentro de un contexto socio-político-cultural con gran peso dentro de nuestras frágiles neuronas cerebrales. Por fortuna, antes de que cante un gallo, la fragilidad se vuelve la fuerza más grande y comenzamos a considerar el destino personal histórico al que se puede burlar si a uno se le pega la gana. Aunque a veces burlar este tipo de destino nos haga brotar considerables golpes y raspaduras. ¿No?.. Por otra parte, mejor salir aporreado y raspado que dejarse ser pisoteado. En resumen: uno suele mirarse entre convergencias y virajes dentro de la realidades sociales, y porque, además, como dijo don José Ortega y Gasset: “El hombre es él y sus circunstancias…”

En gran porcentaje no estoy arrojado aquí, pues viene con los pies de mi íntimo consentimiento; menos mal. Estar sobre este terreno hace experimentarme rodeado por más de treinta profesores pertenecientes a diferentes Campus del TEC. Campus instalados en muchas ciudades del país. Afuera: las montañas derivan un ensueño tan otro que ya me dan ganas de subirlas.

¿Todo mundo se sentirá rodeado por los otros como aquella historia de los gatos: “Estos eran cuatro gatos/cada gato en su rincón/ cada gato ve tres gratos…?" Aunque los conozco bien, debido a su misterio no sé con exactitud sobre la manera de conocer de los gatos; pero necesito reconocer que los humanos no podemos ser, vivir ni existir sin las redes echadas en la mar de los otros. Dicho lo anterior, a partir de este momento, no me siento en ningún rincón sino en mi altura y a cada uno los veo desde su altura (no me refiero a la estatura; ustedes lo saben) aunque de vez en cuando me da por maullar y en otras ocasiones por rugir y realizar virajes de ese tipo (muchas veces también me he convertido en mago, equilibrista y hasta en domador de circo).

Desde mi altura observo al profesor Galo Bilbao Alberdi quien ha llegado de la universidad de Deusto, España, con expectativas definidas en los objetivos: Formular los contenidos de teoría ética, definir una metodología básica y establecer un proceso de organización. ¿Lograremos aterrizar?.. No lo sé, pues a lo mejor agarraremos tanta altura hasta instalarnos en el territorio donde la tierra ya no es metapunto… ¿Cómo saberlo si apenas es el primer alba de los cuatro días que durará este vuelo? Conocer un poco la biografía del profesor Galo me inspira confianza, pues es un hombre comprometido con las causas sociales y, además, es intelectual escritor de temas éticos apasionantes: memoria y tolerancia. En efecto, sus escritos me hacen recordar mi reciente libro de poesía: “El viaje que no elegimos;” libro donde pretendo que hable el Auschwitz que llevamos dentro.




E
l vuelo ha comenzado con una pregunta: “El debate ético: ¿se produce o no en el aula?.. y un viento fuerte ha sacudido esta sala haciendo que mis compañeros profesores (¿algunos con miedo?) comiencen a proporcionar sus respuestas con afán de querer equilibrar su estancia en estas fechas y en esta dialéctica travesía del horizonte de nuestras esperanzas.

M
ientras escribo, mi amigo Sócrates el hijo de Faenarete y Sofronisco ha entrado a esta sala. No me extraña, pues me explicó que haría oídos sordos a los temores de Xantipa, su esposa (Xantipa tiene miedo debido a la situación de inseguridad en Monterrey y a mi amigo le dijo con fiereza: ¡Viejo: no te olvides que el día 19 de marzo de este 2010, en la entrada del TEC mataron a los estudiantes Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Arredondo Verdugo!.. ¡Por favor!: ¡Viejo!: ¡Ya en Atenas te obligaron a beber la mentada sicuta y no quiero que te vuelvan a matar!.. ¿Eh?..) y, en verdad, cumplió la promesa que me hizo mientras tomábamos un café en la sala de mi casa allá en Guadalajara, Jalisco: apoyarme en una parte de esta jornada. Sócrates ha llegado con su desafiante serenidad y su microfísico poder corporal (microfísico poder que no abandona la sonrisa… ¡Ah!: microfísico fue el poder del pequeño David que resquebrajó la cabeza al macrofísico Goliath). Al pasar por el pasillo de la sala mi fiel amigo Sócrates me ha guiñado un ojo y le he correspondido entrando ambos en analéctica complicidad.

Sócrates se ha sentado en el ala derecha muy cerca del alimentador eléctrico porque porta una Laptop cuya marca es Oráculo de Delfos. Esa maravillosa marca me da un poco de envidia porque la mía es una DELL. (Humm, aquí entre nosotros, contaré un secreto: a mi Lap le falta ya muy poco para convertirse en una completa Oráculo de Delfos).

Sócrates,
La presencia del Filósofo que nació por primera vez en Atenas, me hace sentir reconfortado. Con su mirada situada en el ahora, Sócrates lo ha trastocado todo.

Mientras este filósofo --que sabe meter la filosofía hasta dónde los enforrados “especialistas” protestarían-- veo que también ha llegado el filósofo Emmanuel Lévinas quien me saluda con un sutil gesto. Emmanuel se posiciona cercano a Sócrates. Sé de sobra que son amigos a pesar de las diferencias. Amigos de fundamentalmente compartir el respeto ante las revelaciones del otro. Con Emmanuel acordamos vernos aquí mientras me enseñaba una técnica respiratoria cuando trotábamos en el parque Metropolitano de Guadalajara.





Emanuel Lévinas.

E
l taller comenzó a las nueve y quince minutos y ahora el tema versa sobre la diferencia entre Ética y Moral y la parte donde se explica lo de reconocer el argumento del otro por la razón suficiente que conlleva, me hace comprender la insistencia del profesor Galo respecto a la fraterna convivencia a lograr si en lugar de esperar convencer a los otros, fuéramos capaces de proporcionar suficientes razones y todos también ejerciéramos de reguladores, para llegar a las ultimidades, sin necesidad de que el otro tenga que asumir nuestras posturas y viceversa.

Hace frío aquí adentro aunque afuera el sol retumbe. Pudiera en este momento pedir una pausa en la discusión que ahora versa sobre la diferencia entre el razonamiento moral y ético; una pausa para ver la posibilidad de bajarle un poco a lo frío del acondicionado aire, pero mi estilo de vida prefiere, al menos hoy, plegarse al dicho: “En tierra que fueres haz lo que vieres; así que mejor voy por un café incondicional.

Monterrey, Nuevo Léon.
25 de mayo del 2010.

Monterrey ha llovido: huele a humedad y las calles espejean un cielo donde el sol mira, con cara de pillo, a través de las cortinas. ¿Volverá a salir con su fuerza abrazadora o se mantendrá así, tras esos trapos que pronto se convierten en dinosaurios, dragones, arcángelas y arcángeles.?
Hoy en el salón mitad sala de cine de pueblo y mitad sala de la ONU, tres palabras han desapresado el tiempo: REALIDAD—RESPONSABILIDAD—RESPUESTA. Estas palabras comienzan con R, por ello me gustan. La R siempre me ha parecido dispuesta a darle una patada a lo innecesario para seguir siendo humano o, mejor dicho, para dejar de serlo y comenzar a vivirnos mejores que buenos: Justos y solidarios. La R es tan bella que cuando alguien ha intentado regañarme (regañan los ciegos de mente cuya imbecilidad no les permite ver las puertas del diálogo… Regañan los estudiados en las aulas de Hitler) para mis adentros canto la canción que aprendí en mi infancia:

Erre con erre cigarro
Erre con erre barril
Qué rápido corren los carros
Llevando el azúcar del ferrocarril.


Mientras, poco a poco, voy transcurriendo en este ahora, percibo que, ya pasados los minutos concedidos para el recreo: Sócrates y Emmanuel Lévinas no han llegado y no me parece tan extraño porque sé que tarde o temprano, llegan. Hoy desayuné con ellos y hablamos de intensificar más nuestros ejercicios porque el seis de junio correremos el medio maratón “San Javier.” Me parece que a estos filósofos los dejó el camión porque hoy bajamos a desayunar un poco tarde (a las 7:40 A. M) y la hora de llegada a las instalaciones del TEC fue a las nueve. No lo había mencionado: estamos instalados en el NOVOTEL y hay una buena cantidad de kilómetros para llegar de ahí a este sitio. Un Novotel debería tener buenas nuevas, y aunque es bonito y cómodo éste no es más que un Novotel. Con toda seguridad Sócrates y Emmanuel Lévinas fueron a correr al parque Rufino Tamayo; parque situado a pocos metros de nuestra residencia fugaz. ¡El parque es tan bello que me regaló un recuerdo!



En este nuevo día en el Taller de Ética comenzamos a discurrir sobre acontecimientos morales siempre presentes y, por supuesto, también reflexionamos sobre el aspecto que alude a la reflexión de esos aconteceres. Reflexión imposible de abandonarla sólo en manos de “especialistas” en ética. Dentro de esta perspicacia: el profesor Galo Bilbao nos ha ofrecido un esquema donde se resaltan maneras de resolver hechos concretos acontecidos en el aula; presupuestos éticos implícitos en el ejercicio de la disciplina académica; acontecimientos pasados, históricos, vinculados a la materia; análisis de textos propios; acontecimientos sociales relevantes en la actualidad; etcétera.

Junto a mis compañeros (as) en el último día del viaje que es también el primer día.



Acaban de llegar Sócrates y Emmanuel Lévinas y, en efecto, por sus gestos puedo comprender que les dejó el camión. Y, así fue. Sócrates ha pasado a decirme a la oreja que, gracias a ese pequeño atraso, el taxista informó sobre la balacera reciente en un centro comercial y sobre un muchacho asesinado justo en ese lugar. Y si Sócrates da gracias, es porque les interesa el profundo estudio de la inseguridad en México y, junto a Lévinas, está realizando investigaciones al respecto. Sócrates me sugiere también que no me vaya a comportar como insensato y no olvide la razón de fondo en mi íntimo acto de estar aquí tomando un taller de Ética. Capto el sentido de su recordatorio; sentido que comparto: ¿De qué sirve la reflexión ética sino se centra en lo que en verdad nos sucede y pasa? ¡Maldigo a la ética, y a su madre, si se convirtieran en vil juego abstracto de quienes se enforran con conceptos y títulos o en cualquier forro de hacer imposible la verdadera develación del otro.


En este momento el profesor Galo se está extendiendo en la explicación de la no visceralidad en el transcurso de un debate para que, en esta forma de diálogo, no se vulneren normas de justicia. Luego vendrá lo de la importancia de diferenciar razonamientos morales de los propiamente éticos y aquello del uso del método analítico. Y, de pronto, miro como Sócrates y Emmanuel Lévinas poco a poco se convierten en humo. Mientras pasan el proceso de aparentemente desaparecer por completo, Emmanuel Lévinas me explica con señales sin significado para los que sólo buscan significados, que asistirán a un congreso de filósofos muertos donde el tema será “Lo posible de lo imposible en el hecho de morir”. El tema me interesa, pero asumí el compromiso de estar por completo aquí durante los días del taller y hoy no se me pega la gana convertirme en humo. ¿Vendrán mañana?.. No lo sé; no nos pusimos de acuerdo respecto a esa posibilidad; en todo caso los invité a celebrar mi cumpleaños (celebración que se adelantó dos días porque mi cumplir años cae en día laboral. Pero mis dos amigos filósofos un poco con cinismo –bien recibido-- me dijeron que también vendrán a celebrar el mismísimo día de mi nacimiento).

Monterrey, Nuevo León.
Mayo 26 del 2010.

La voluntad no puede recibir la orden de otra voluntad a no ser que se encuentre dicha orden en sí misma. La exterioridad del mandato no es más que una interioridad. Si la orden es contraria a la razón, chocará absolutamente con la razón.”
Emmanuel Lévinas
Ayer soñé las palabras de Emmanuel Lévinas vueltas pista para caminar y correr. Tan intenso fue el sueño que las he colocado aquí a manera de epígrafe; palabras que E. Lévinas también supo colocar en su libro La realidad y su sombra (2001). E. Lévinas es muestra clara de cómo una ausencia se puede volver presencia o, dicho con exactitud: una ausencia es presencia. Ni él ni Sócrates llegarán hoy a este espacio mitad cine de pueblo y mitad sala de la ONU, pero de todas maneras están aquí.

H
oy es 26 de mayo y no es un día cualquiera, tan no cualquiera es que me sumergí en el agua de la tina de baño para conversar un poco con el agua. Lo hice después de realizar ejercicios de estiramientos porque ayer corrí en el parque Rufino Tamayo y no me dio tiempo de estirarme después de correr a causa de la lluvia que cayó con su sagrada forma de comportarse. Y el agua me dijo sin decir lo que ya estaba impreso en mí. Y el agua me hizo llegar a lo imposible que ya comenzaba a extrañar. El agua y yo tenemos un pacto de representación, comprensión y construcción de un mundo cifrado en la justicia.

Aquí ya no hace tanto frío ni el incondicional café sabe mal. Me experimento re-energetizado. Además de las bendiciones del agua, ¿mi bienestar se deberá también a que el profesor Galo está tocando el tema de la hermenéutica como método interpretativo y este camino me ha ayudado en mis cursos, pues, desde hace mucho, he apostado porque el texto más bello es la realidad del otro?.. Del otro que jamás podré agotar; el otro con su resto de extrañeza; el otro extraordinario océano-continente de lo nuevo.

M
añana se habrá acabado el taller, mañana me embarcaré en otro ahora y habré de experimentarme otra vez en el avión que, a pesar de estrecho, tiene panza y hoy no sé si las azafatas serán amables o si quien estará a mi lado tendrá buen humor… Pero… ¡Qué demonios me importa el mañana! El mañana se puede ir al infierno junto a ese falso presente predicado por los dulces profetas del derrumbe. El presente sí, pero sin cortapisas como me lo dijo Emmanuel Lévinas (2001): “El pasado es un presente por desatar y el futuro es un presente por venir.” Invoco ese presente… Quiero estar en ese presente… Estoy en ese presente… ¡Ojalá!

Afuera llueve. Adentro también, un poco, aunque no se note. Y no me refiero a lágrimas; simplemente llueve porque lo he visto afuera y he traído la lluvia como se transporta una canción que no sale de los labios.


Bajo la lluvia caminé porque como el elefante del libro de José Saramago: El viaje del elefante: “Uno termina llegando donde le esperan”. Voy a explicarme: en el tiempo libre del taller, junto a La profesora Patricia Venegas Santiesteban y la profesora Lucero Miranda, fui a visitar la librería Gandhi; libreria que está casi dentro de las instalaciones del TEC y, justamente, en esa pequeña librería me esperaban: El mago de Michael Scott (2008) y La historia más bella del hombre de André Langaney, Jean Clottes, et all (1999). Todavía no entro a esas casas-textos, pero ya toqué sus puertas y, desde ahí adentro, me han dicho que ya me sienta huésped porque en sus habitaciones la calidez no es posesiva. Después vendrá la maravilla de estar aquí junto a grandes personalidades… Bueno, me reservaré algunos nombres para escribir para ellos, en el ahora de un después.


Monterrey, Nuevo León.
Mayo 27 del 2010.

Ayer, después del taller, tenía inquietud de ver un filme: “el poema que salva” puesto que lo vi anunciado en un Cinépolis mientras nos transportábamos del Novotel al TEC. Deseaba verlo (todavía sin tener ninguna referencia respecto a su contenido) puesto que lo imaginé pleno de la maravilla del horizonte poético; porque, en efecto, soy testigo viviente del poder rescatador de la poesía.


Mientras caminaba rumbo al filme, el Cerro de la Silla me salió al paso con un traje tan nuevo como lo imposible-posible y más que mostrarse como una silla yo vi que en su cúspide resaltaba dos personas en diálogo. Si me hubieran preguntado sobre qué nombre ponerle a esa montaña, si me hubieran tomado en cuenta en ese tiempo originario, en efecto, lo hubiera nombrado: Cerro del Diálogo. Y, por supuesto, como siempre pretendo experimentarme cual dialogante ético: me tomé una foto junto a él soñando con venir muy pronto a subirme en cada cima dialogante de sus componentes discursivos; porque las montañas –está demás decirlo—son maestras y no siempre lo son quienes regresan con un título de Harvard. Sí, en un hoy que ha de venir, primero me subiré a los hombros de una de sus personas para poder meterme en sus zapatos; luego: al subir a hombros y zapatos de la otra, le diré en una de sus orejas cuanto me agrada su distinción en la multiplicidad y ( no es lo mismo decir distinción en la unidad que distinción en la multiplicidad: ¿cierto?) se lo diré en poema. Y después con los brazos en alto gritaré lo que en mi libro El viaje que no elegimos escribí sobre LIBERTAD.

Al llegar al Cinépolis y leer la sinopsis del filme comprendí decepcionado que no cumplía mis expectativas. Como no entré a ver esa cinta, no puedo hacerle una crítica que valga, mejor me prendí de Violines en el cielo (recomiendo este filme) y desde ese prendimiento, después llegué a una colonia llamada Country Sol para constatar el lugar donde comienza el ascenso a lo que aquí nombré el Cerro del Diálogo (y no importa que se le siga llamando cerro de la Silla): ¡Oh!: ¡Sentí ganas de llorar! y mejor me incliné ante su majestuoso encanto y el cerro me dijo: ¡Vuelve otra vez!



En este instante fecundo por instante, son las once trece de la mañana y el profesor Ricardo López nos está recordando que vamos a replicar este taller con los profesores de nuestro propio Campus. Agradezco al profesor Ricardo la gentileza de su recordatorio; pero, me niego a replicar algo si no lo vuelvo parte mía y esta perspectiva me trae el futuro en este hoy y ya me miro en el proceso de ajustar el taller a mi propia altura.

A las 7: 10 me devolveré a Guadalajara junto al profesor Pablo Ayala quien es el director del Departamento de Formación Humanística y Ciudadana de nuestro Campus. Es agradable conversar con este profesor porque no se comporta como señorcito. Señorcito es por ejemplo aquel imbécil-orgulloso que mientras pasa por un pasillo o ocupa un lugar entre los otros, su corporalidad lo delata “holgazán tierno” --la expresión es de I. Kant-- o "Chango orgulloso.”--lo había ya remarcado F. Nietszche-- (¡Oh, cerro del diálogo-cerro de la silla: intercede por mí ante la vida para que yo quiera siempre estar entre montañas como tú y nunca con señorcitos!).

Mas o menos A las 7:10, pues, me encontraré en la panza del estrecho avión que, en verdad, no por ser estrecho deja de ser una maravilla desgastándose para que cumplamos nuestros proyectos. (Cuántos de los viajeros serán ¿padrotes de la muerte? (la expresión padrote de la muerte es de mi paisano Jaime Sabines y es un amigo que de vez en cuando junto a su tía Chofi, baja del más allá a tomar conmigo algunas tazas de café en el más acá) y, ¿cuántos viajarán desde la altura de Sócrates: libre de las imposiciones del mundo acostumbrado a lo vil y cobarde?

Faltan unas horas para experimentarme entre las cosas y los seres de mi departamento. Pero mi casa soy yo y ahora estoy aquí considerando que el profesor Galo Bilbao está aterrizando el taller sin imponerse como suelen hacer los imbéciles. Y desde aquí, antes de partir, ya me veo comiendo cabrito en el restaurante “El Rey del cabrito” y disfrutando de una amarga-bella cerveza porque antes de estar aquí o allá: soy alteridad.
















Bibliografía que mencioné en este escrito:

Lévinas, Emmanuel. La realidad y su sombra. Madrid: Minima Trotta, 2001.
Langaney, André; Clottes Jean, et all. La historia más bella del hombre. Cómo la tierra se hizo humana, Barcelona: Anagrama, 1999.
Scott, Michael. El mago. Los secretos del inmortal Nicolás Flamel. Barcelona: Roca editorial de libros, 2008.

miércoles, 7 de abril de 2010

Dos poemas de "La pasión según un hombre cualquiera."***



PEDRO




No quiero hablar de Pedro ni de su negación

En verdad deseo referirme al gallo

Duende parlante desde antes del lenguaje

Maestro de música del cromagnon

Cierra sus ojos para cantar poesía

Y sentir su sangre caliente como el sol

Por ello su lira nos hace recordar

Pedro es sólo un hombre que no quiere morir

El gallo es un poema

fiel a su escritor




QUÉDATE



Porque llegaste

La tierra abre sus ojos

Y el ahora trae resurrecciones

Por ejemplo: escucho al gallo y la golondrina

Naces en mí al pronunciarme

LLegaste

Y hasta las estrellas no conocidas brillan

Se suspenden guerras noticias desayunos

Olvido ciertas palabras

y el ronronear del gato dice: amorrrrrrr...

Son las seis y tus ojos lo desmienten

Caminamos y no puede suceder

pero sucede

al convertirnos en no pasará

y aunque tu ausencia me toma de la mano

caminamos el hoyayermañana

y tomaremos café para vernos tardetemprano

porque no creemos las palabras de la muerte


***Martín Mérida, La pasión según un hombre cualquiera (2002). Guadalajara, Jalisco: Mantis Editores.

jueves, 14 de enero de 2010

Sobre la presentación de mi libro "El viaje que no elegimos," en el marco de la FIL (Feria internacional del libro) 2009.



El día 30 de noviembre del 2009, a partir de la ocho de la noche, junto a otros autores que presentaron sus propios libros (Octavio Peñaloza, Margarita Mendoza Palomar, Emelia Sánchez Flores, Ingrid Valencia) y con la compañía de los presentadores: Patricia Medina (poeta, escritora y directora de Literalia editores) Benjamín Orozco, Mauxi Ornelas y José Reyes Glez. Flores; dentro del marco de la Feria Internacional del Libro 2009 (FIL 2009) y en El salón José Luis Martínez de la expo de Guadalajara, Jalisco, se presentó mi libro: “El viaje que no elegimos”.



Escribí “El viaje que no elegimos” inspirado en el Auschwitz que llevamos dentro; en él pretendí conectarme con el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial desde mi propia experiencia sobre los horrores de este siglo XXI. Me puse en marcha, entonces de aquí hacía aquellos espacios y tiempos donde como es del todo sabido “murió la humanidad entera.” Pero no hablo de tiempos y espacios lejanos a mi experiencia, pues escribí desde “donde me apretaba el zapato". Yo no viví en aquellas epocas (1939-1945) donde religión, filosofía y política se casaron para matar al hombre. Soy de este siglo y, por lo tanto del propio donde Auschwitz vuelve a ser vigente en todo lugar donde se humilla, se mata y se niega la dignidad del hombre. Llegado a este cauce, prefiero guardar silencio y mejor concedo la palabra al poeta, ensayista e investigador en el departamento de letras de la UDG (Universidad de Guadalajara) José Reyes Flores quien escribió el prólogo y fue el presentador durante esa noche donde tuve la fortuna de también ser acompañado por personas muy queridas y provenientes de Motozintla de Mendoza, Chiapas. En esa noche enfaticé mi poema: Ayudemos a Paul Eluard; poema que puede leerse en la página 52 de mi libro en cuestión.

El viaje al interior de la palabra (Prólogo escrito por el poeta y ensayista José Reyes Flores).

El hombre de la edad de los sistemas de este tiempo nuestro, mecatrónico e insensible, ha convertido la preferencia en la diferencia. El apego en sí mismo como tendencia natural al amor propio y al propio amor como constitución casi gustosa de lo que bien podemos llamar la unimismidad: el uno mismo en el uno mismo. Ese ergon humano, donde la existencia es una apariencia, donde la aspiración queda relegada al horizonte de los deseos propios en detrimento de lo otro en el mundo. La aspiración parcial como una suma egoísta a las pretensiones particulares, donde el viaje del sí mismo a la otredad es postergada en una sociedad donde el acto de existir es el acto mismo de olvidar. Pero si se invirtiera el orden, es decir, antes que pensar en uno mismo, pensáramos en el otro, entonces la infinitud sería finita y, lo finito es un modo de estar, de recibir y de entregarse a la existencia.

El poeta más que una entidad ensimismada parte de los saberes del mundo exterior para tener conocimiento de sí, de tal manera que el sentir y la afectividad conducen a la autocompresión como único medio para entender al otro. Martín Mérida, en El viaje que no elegimos, establece la hipótesis poética (¡Hipótesis poética!) de un viaje del sí mismo (mismidad) hacia el otro (otredad) para reconocerse y reconocernos como seres humanos entre los humanos. Martín, como poeta, aprehende la realidad objetiva del mundo exterior y, luego regresa al interior por medio de la conceptuación poética, ello indica que el mundo poético imbíbito en el poema es un universo sensible e inteligible donde la razón afectiva coexiste con la sensación, la pasión, la intuición y el sentido de lo sentido, aunado a la inteligencia del concepto.

La intuición poética es realidad y es subjetividad, es mundo y sensación. Se podría decir con palabras de Arthur Rimbaud que “Yo es otro”. Pero, ¿cómo florece tal acontecimiento en la poesía de El viaje que no elegimos? Muy sencillo. Por medio de actos poéticos que inciden en sí mismo (la unimismidad), para luego ir al sí mismo (mismidad) como indicio de reconocimiento del otro; y enseguida partir a la otredad (ipseidad) para luego, regresar como ser humano completo a la mismidad. Solo cuando el yo se reconoce en el otro el mundo es tangible, la vida existe y la diferencia se transforma en preferencia. Como Eneas, Ulises o Dante, el Sujeto poético (SP) de El viaje que no elegimos inicia la búsqueda de la verdad, pero la verdad no está en uno sino en el otro, por eso la travesía inicia en la “Intemperie”, donde la palabra está ausente, donde la ceguera y la oscuridad se unen a lo inefable y a lo indecible. Lo inefable como aquello que no se puede explicar con palabras porque “la semántica pretende darles adjetivos por liebres”, puesto que las letras se declaran iletradas. En definitiva la ceguera de significado implícita el no decir, la clausura de la palabra y como tal, el ensimismamiento del hombre, la pérdida de la identidad y la enajenación. En esa oscuridad interna, por ese camino insondable, frente al abismo y en el abismo es que se llega al cruce de caminos. En “Trenes”, la voz poética de El viaje que no elegimos, pone en duda su identidad, pues “En el cruce de trenes: Miradas como espejos”, el SP se reconoce, no en sí mismo, sino en el otro, y señala que la infancia está en todos los tiempos, a pesar de que en este cruce de caminos, en este tiempo, es donde existen rostros sin máscaras que son más viles que la vileza. Donde el bien y el mal son indisolubles ya que “Mientras el mal mata a la vaca, / el bien le detiene la pata”. No obstante, la desesperanza de uno mismo en el sí mismo, el SP tiene fe en el otro, y eso ya implica la fe en sí. La razón del hombre-máquina desaparece, y la confianza se hace presente: ¿Me crees?... No van a darnos gato por liebre en ciertas casetas. Y ninguna `realidad humana´ querrá almorzar ni al próximo ni al lejano”, pues “No posponer al ego es apagar estrellas en una noche hambrienta”. Entonces la vida aparece, la festividad, el espanto se aleja, se rompe el silencio y la existencia transpone el umbral. Y. Como viajeros de este (El) viaje que no elegimos nos conduce a lo cotidiano para iniciar la travesía a la casa nuestra que es la del otro.

Ahora somos rehenes, ese solo hecho es la opción de la esperanza y de la libertad, pero la esperanza está en el otro, en la mirada del otro, que al reconocerse en uno instaura la mismidad, por eso en “Rehén” el SP se encuentra en el interior de la palabra, es decir dentro de , puesto que las palabras “…le dan vida a los cuadernos que pronto saben escuchar”. En dicho momento de ruptura llega la sobrevivencia, ello implica la presencia de lo otro de la vida. En “Sobrevivientes” el SP se encuentra inmerso en el ruido del mundo, en “El lenguaje de tic-tac donde aparecen los huesos. /Agujas en espera del canto del gallo del día sin traición”, de tal manera que este agolpamiento de vida despierta a la mismidad, el amor, la ternura y la “belleza de caminar sin los deberes propios del infierno”. De ahí que el SP se encuentre con su otredad, lo cual, en este (El ) viaje que no elegimos, se ha entrado por la ventana, para observar cómo el discurso es un espacio de significado, pero sólo se puede ver en sentido de la vida a través de la ventana de la palabra. Y desde atrás de la ventana de Paul Celan (“Paul Celan atrás de mi ventana”) la conversación entre la otredad y la mismidad llevan un trans-diálogo, donde “Los muertos” no olvidan la libertad, la nuestra, pues desde el olvido no olvidado, el vacío, el silencio y la historia son señal de libertad, son el encuentro de unos brazos que se abren a la humanidad. Allí comienza el regreso a casa, el regreso a uno mismo transformado por la otredad en el sí mismo humano que comprende las “…maneras distintas/ de llegar a casa”.

Recibir es entregarse a la existencia del mundo, y a partir de las cosas que se descubren se manifiesta la identidad propia. Lejos de advertir el estrecho mundo de la preferencia, habría que dirigirse de manera prerreflexiva hacia el otro, destinar la atención hacia la otredad, de tal forma que se recupere un mundo donde pareciera que el otro no existe. En definitiva, Martín Mérida, en El viaje que no elegimos, pone al descubierto el Auschwitz que cada uno lleva adentro y que, sólo es posible salir de él cuando se reconoce la finitud de decir, de la tolerancia y de la vida que da vida como tiempo y esperanza. El deseo del Yo (en sí mismo) que impulsa hacia el reconocimiento del otro, para regresar vivo por el camino que lleva a casa.