Hace sólo unos cuantos días de este mes de mayo de plenitud solar, terminé mis estudios de maestría en Filosofía y Ciencias Sociales en el ITESO. Inicié ese estudio de tres años porque, aunque parezca contradictorio, poetizar está junto al filosofar. Claro: entendiendo aquí filosofar como volver a com-prender a los seres y a las cosas más allá de lo establecido y de lo impuesto por logificación. Porque lo establecido permite la nadificante presencia de quienes en las modernas polis o se vuelven políticos del crimen o desde la inautenticidad pretenden imponer modelos de vida. Junto a mis compañeros de estudio hago votos para nunca querer instalarnos en ese horizonte donde, como bien escribió el filósofo Ignacio Ellacuría, encontramos “la nada con apariencia de ser."
Agradezco al devenir, y al fondo del devenir, por esta oportunidad que, de ser posible, permanecerá en mi memoria aún más allá de la muerte si acaso hay muerte.
Amigos de Filosofía.
Para finalizar esta nota, dejo un poema que forma parte de mi libro El milagro de tu voz distinta* que el ITESO me publicó en 1999.
ENTRE LO INÚTIL
El profeta insiste en desentierro
Su amada gime en la palabra
Errante de dolor y alegría
Lo han visto convertir el agua en una fiesta
Llegó para volar con todos
y aplastar orgullo de las rejas.
Pero lo mismo silencia ante Dios muerto
El profeta cura al sol Le hace nacer plumas
Proyecta una casa sin ladrones
Camina entre humareda
Mientras calles encienden carcajadas.
El profeta no tiene donde reclinar sus ilusiones
y ni siquiera almohada.
Lo llaman hijo de carpintero idiota diablo
Y es niño que sueña marcha de la tierra.
*MÉRIDA, Martín. (1999). El milagro de tu voz distinta. Guadalajara, Jalisco, México: ITESO. pp. 41-42. D.R.