El viernes, 24 de mayo, mientras observaba el vuelo de
la luz pasando por uno de los pasillos del Tecnológico de Monterrey, lugar
donde laboro, me encontré al profesor Juan Allera a quien suelo nombrar como
Arquitecto del Universo, pues es arquitecto de los geniales. En ese espacio,
desde donde también se presentía la llegada eminente de la primera lluvia de
mayo, platicamos un poco sobre algunas lecturas hechas de manera reciente.
Siguiendo tal perspectiva, después de narrarle la sinopsis de la novela para
niños “El ojo del lobo” (L'œil de loup) del escritor francés de origen marroquí
Daniel Pennac (novela donde se entrecruza la mirada del lobo --el lobo azul--
con la de un niño, hasta hacerlos conscientes de estar circunstanciados por
historias paralelas de migración forzada; violencia, soledad; etcétera) sin
hacer referencia al final para persuadir al profesor a realizar esta lectura,
y, sobre todo, omitiendo porqué la historia se llama “El ojo del lobo” y no
“Los ojos del lobo,” también le compartí mis impresiones y, mientras realizaba esta acción, de pronto el profesor me dice: “Martín: ¿ya viste la película ”Una
aventura extraordinaria: la historia de Pi”?.. Como mi respuesta fue negativa,
el profesor después de resumirme gran parte del filme, añade: “¡Y el final en
verdad es maravilloso!”
Al despedirme del profesor Juan Allera, el parecido que
encuentro tanto en “El ojo del lobo” como en “Una aventura extraordinaria…” que
promete un formidable final, me hace comenzar la búsqueda de esta última en
formato para DVD. Así, habiendo pasado sólo un día de la recomendación, porque
hoy es sábado 25 de mayo, me he lanzado a su consecución y, para ese efecto, me
encuentro en Plaza del Sol, pero no la tienen ahí donde suelo comprar películas
originales a buen precio; así que, mientras camino sin película, me hago la
promesa de rentarla en el Blockbuster, cercano a mi vivienda, con la
finalidad de verla en la noche. Pero: ¡Oh, prodigio!: al llegar al centro de la
Plaza del Sol, observo muchas sillas desplegadas frente a una pantalla gigante
con un letrero diciendo “Cine al aire libre." Decido, por consecuencia,
aproximarme a la pantalla donde un muchacho se encuentra poniendo propaganda sobre
las sillas y a quien no dudo en preguntarle sobre el nombre de la película a
proyectarse. Por toda respuesta, de gentil manera el muchacho responde: Proyectaremos gratis “Una aventura extraordinaria: la historia de Pi.” Pero
tenemos que esperar hasta que se oculte el sol.
Son las siete de la noche y el sol relumbra como si
fueran las tres de la tarde, así que antes de decidir esperar el inicio de la
película ansiada (en este espacio al aire libre) y encontrada de manera
misteriosa, me apresuro a buscar un par de tenis en uno de los negocios de esta
plaza en cuestión, pues haré la tradicional carrera anual del “Club deportivo San
Javier” y me urge renovar mis zapatos para correr. Al regresar, son casi las
ocho de la noche y el sol todavía insiste en proyectarse sobre la pantalla
donde ya se percibe un 70% de sombra.
Mientras la luz solar se toma su tiempo de proyectar
sus propias películas en otras pantallas lejanas a la instalada en Plaza del
Sol, aprovecho para escribir mi vivencia del aquí y ahora, además de tomar
fotos con la cámara de mi teléfono celular ya que en esta ocasión no porto mi
aparato fotográfico de costumbre. Claro, ahora que estamos a 26 de mayo,
mientras traspaso estas letras de mi pequeña libreta a la computadora, me dan
ganas de escribir sobre “Una aventura extraordinaria: la historia de Pi," pues
me tiene lleno de asombro por su magnífico sentido de fe, genial conducción del
director. Y una técnica fotográfica cuya poesía parece ser de otro mundo. Pero,
a pesar de toda mi emoción acumulada al respecto, me aguantaré las ganas de
escribir mis impresiones y reservaré esta acción para ejecutarla en otro momento. No obstante, adelanto esta breve
reflexión: sospecho que atrás de cada ser humano hay una historia sublime para contar, sólo que muchos no
se dan cuenta de ello. Sin embargo, si “cada uno elige su pasado,” como bien
expresó el filósofo Jean-Paul Sartre, deseo optar por la historia donde lo
inefable ha estado latente en mi vida.
Amigos: reciban un gran abrazo.
