sábado 12 de diciembre de 2009

El Sol en el pasillo***


E
l Sol se levantó estirándose como hacen los gatos al despertar de algún sueño y, gracias a una cuerda invisible, lo invito a venir a jugar al pasillo de mi casa. El Sol, cuya cara es como la de Dante Alighieri, acepta con resplandecientes carcajadas. Y en esta ocasión trae una canasta llena de flores que regalará a mamá. Flores con formas de corazones pequeños y de color guinda. Balín, mi perro, le ladra de manera cariñosa. Sin duda le llama la atención el brillo de su ropa que lo agiganta.

Mamá Consuelo agradece las flores que el Sol le ha traído. Al tomarlas, en su mirada descubrí la inquietud por pronto terminar el arco de la Entrada de Flores que algunos parroquianos colocarán, mañana 4 de octubre, en la puerta principal de la iglesia durante la procesión dedicada al poeta San Francisco de Asís.

Mientras el Sol está concentrado observando las flores, en voz baja pregunto a mamá:
——¿Se caería el sol si al dormir se distrae y sueña, por ejemplo, con la luna llena?
——El Sol conoce el camino de los sueños.
——¿Y si le da resfrío?
——Entonces pide ayuda a los poetas.
——Mamá: el Sol duerme encendido y con los ojos abiertos: ¡Podría provocar un incendio!
——No te mortifiques, Martín, el Sol tendrá cuidado pues ama las montañas. Pero… « ¿El Sol y tú podrían ayudarme a pegar las flores de papel?» ——dice mamá con sonrisa de no forzarme a hacer lo que no quiero. El Sol y yo aceptamos.

El pasillo donde ahora me encuentro junto a mamá, el Sol y Balín; además de servir para jugar, también es un taller donde brota el asombro cuando miro a mamá crear flores de papel crepé y de China, para el día de muertos; o como cuando hoy hace brotar el arco de la Entrada de Flores en honor al poeta San Francisco de Asís. A mí me agrada Francisco por la historia sobre su renuncia a las riquezas para ser pobre entre los pobres y porque se le pegó la gana ser poeta. Tata chico, le decimos aquí en Motozintla. Pero cuando así le nombro, lo imagino en grandes pláticas con el hermano lobo; tal y como sucede en el poema: “Los motivos del lobo.”

Mañana vendrán temprano por el arco que ha llevado a mamá más de un mes en crearlo. El arco ya está casi totalmente decorado con figuras en forma de estrellas llenas de pequeñas flores de papel impregnado con diamantina. El Sol y yo nos apresuramos a pegar las que faltan. Mientras tanto, le explico que mañana saldré vestido de toro para danzar en la procesión donde procuraré situarme al lado de la escultura de Francisco porque quiero darme cuenta si el libro que el santo poeta porta en su mano derecha, es un volumen de poesía. El Sol me mira con la frente arrugada de reflexivo y, luego de unos instantes, dice: «Ojalá y quieras danzar toda la vida y no sólo porque ahora tienes siete años».

« ¿Por qué alguien no se viste de lobo en la procesión de mañana?» ——repentinamente pregunto a mamá y añado: «A mí me hubiera gustado un poco más vestirme de lobo en lugar de toro». «¡En el poema de Ruben Darío, Francisco se hizo amigo de un lobo!» «¿No?.. » Mamá me escucha y, mientras me mira a los ojos, expresa: «No estaría mal que salieras a danzar vestido de lobo para el próximo año». «Pero, por ahora, despídete del Sol, pues ha entrado la tarde».

Le pregunto al Sol si quiere irse a su casa mediante el túnel que de vez en cuando con un abracadabra suelo abrir en un rincón del pasillo. El sol bosteza mientras acepta. Balín y yo le decimos un hasta luego.

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***Escribí la siguiente crónica sobre una de mis experiencias infantiles para el libro colectivo "Niños que se tragan la luna" donde participamos más de noventa escritores al aceptar la convocatoria de José Antonio, director de la editorial "EL cálamo".

Ahora el proyecto de José, es una realidad tan real que aquí muestro la portada:


Para mayores informes sobre el libro, te recomiendo entrar al sitio oficial de la editorial El cálamo:

http://www.elcalamo.com/

miércoles 21 de octubre de 2009

EXTERIORIDAD (1)

¿Existe París? Dicen que es cierto
Insisten en un museo de Louvre donde hasta el sol penetra
Y caballos de Marly para inspirar a locos
En mi pueblo el reloj también devora al hombre
mientras al sol escupen farsantes
Y hay locos convertidos en caballos

No he nacido en París
ni sus cigüeñas me trajeron para crecer en Chiapas
Pero observo gente bajar de un avión Air France
con rumbo a razón que cree conocer todo
Brota la calle Saint Jaques
donde una amiga pinta presagios
con voz latinoamericana
con voz sin voz
con voz de Dios que se resiste a la muerte

No he parido en París
Pero en nuestras células no solo circulan parisinos
sino también hombres primitivos dinosaurios elefantes…
Entonces he dado a luz poemas amerioceuroasiáticoafricanos
y en ojos de París debe haber rastros de mi rostro con sus penas
Ça va?
Je ne sais pas

En París la gente no malgasta el agua
Pero hay un brazo de mar herido por un tubo
Conjugaison de l´élan francais et du pragmatisme britanique
Dijo la reina de Inglaterra
Y unos hombres cantaron
N´oublions jamais, que la France et l´Angleterre.
Entr´elles, y´ a qu´un tout petit bras de mer (…)

No vi a Marcel Marsseau en París
En mi pueblo los mimos sienten hambre
y sus cuerpos traducen dolor del universo
Los circos de los pobres están rotos
y existen niños que prefieren el Nintendo

Hoy Stendhal protestó junto a mis manos
Luego tembló angustia de un océano
Y desde el final del milenio gritó Danton:
La verité, l´âpre verité
Y escuché decir a Mario el poeta uruguayo:
Por suerte somos otros

No he muerto en París
Pero admiro a sus resucitados
Víctor Hugo Voltaire Molière Zola…
Con mantos de estrellas
para salvar a la tierra
No he dicho Oh la vache! O Putain de merde! en París
En mi pueblo uno suele hablar de la chingada
cuando el reloj nos traga

_________
(1) Poema incluido en mi libro El milagro de tu voz distinta:
MÉRIDA, Martín. (1999). El milagro de tu voz distinta. Guadalajara, Jalisco, México: ITESO. pp. 41-42. D.R. ISBN 968-5087-11-3

domingo 4 de octubre de 2009

A Mercedes Sosa quien hoy llegó cantando hacia lo más alto que la esperanza. IN MEMORIAM.

"Si la muerte me lleva no ha de ser para siempre,
no ha de ser para siempre.
Yo revivo en mis coplas
para ustedes, para ustedes."
Felix Luna

Mientras subía a esta tu casa-blog un escrito sobre mi experiencia en el “Salón Veracruz” situado en Guadalajara, Jalisco, México: hoy 4 de octubre del 2009, día del poeta Francisco de Asís (poeta de la ecología) Julián Collado me informó sobre el deceso de Mercedes Sosa. Lo leyó en el periódico “Le Monde,” pues se trata de un amigo francés que lee el periódico y que sabe de mi amor, sin cortapisas, por la argentina cantante de implorar justicia no sólo para nuestra América Latina. Porque tan inteligente como quien decide ser presente con memoria, Mercedes estaba, en lo profundo, también interesada por las realidades personales de los seres, extranjeros de la perspectiva que prostituye el amor.

La noticia, tan casi hacerme suspender el corazón por un instante, me situó en los laberintos de la tristeza, porque Mercedes desde mi adolescencia (y de especial manera hace once años) me levantó con toda la densidad de su voz sólo comparable al árbol de roble. Su voz, como también sus ojos de campesina, me llegaron vueltos halcón del vuelo más allá de la esperanza. Y ese vuelo ya no podrá desprenderse de mi corazón de tierra-canto-sufrimiento-alegría de aún estar aquí. Vuelo "que saca todo el dolor de adentro." Vuelo de lo que ayuda a levantarse, pues yo también quiero exclamar: "rumbo a la cosecha/ cosechero yo seré".

Debido a este río de la tristeza, hoy no tengo fuerza para expresar toda mi admiración por esta defensora, sin igual, de los derechos humanos; pues Mercedes merece todas las páginas. No obstante, ¿para qué tantas letras si tengo un regalo que me vibra en este momento de escribirte?. En efecto, Mercedes Sosa llegó a mí no solo a través de sus discos y de sus presentaciones en el Instituto Cultural Cabañas de esta Guadalajara. No, no nada más. Mercedes voló de manera especial en un sueño y llegó a consolarme en uno de mis cumpleaños y cantó letras como "Sólo le pido a Dios", "Todo Cambia," "Vengo a ofrecer mi corazón;" etcétera. Sí, vino a mí Mercedes con esas canciones en la que con su voz incomparable (porque en América hay algunas voces que solo dicen estupidez) subrayó una canción como se marca lo que no podré olvidar. Esa canción se llama "Soy pan, soy paz, soy más".

Quizás lo que estoy en este octubre escribiendo sobre esta incomparable mujer, hoy uno de mis poemas también me ayude a expresarlo:


SOL DEL A-DIOS
(1)

"Lo infinito del tiempo no me asusta,
creo que es el mismo movimiento del a-Dios".
E.Lévinas.


Dentro del canto que eleva el tejido de su esfuerzo
Y cuya sombra luz no sabe de esperas
A-Dios tú que eres yo
sube por las patas de ese naranja-rojo-blanco-café-amarillo
Que despierta sólo si ríes
Y juegas por su tela de araña
Y cantas por sus círculos
Y gritas por sus cuadros la melodía del a-Dios
Háblale de mí a la realidad que no cabe en un nombre
Escucha:
Vuelve quien se va
más allá del regreso
como
a
de
a-Dios

***
(1) MÉRIDA, Martín. (2002: 88). La pasión según un hombre cualquiera. Guadalajara, Jalisco, México: Mantis editores.

Te dejo aquí la canción: "Soy Pan, soy paz, soy más" que muestra el servicio conquistado por Mercedes:


Salón Veracruz

"Si usted puede caminar, usted puede bailar; si usted puede hablar, usted puede cantar."
Proverbio africano.

P
retendiendo seguir las huellas del Antropólogo Clifford Geertz; mientras camino me digo: ¡Ah!.. Entonces cuando se trata de interpretar lo sucediendo dentro de un campo significativo; debo mandar a paseo lo convencional para mirar sin prejuicios lo indicado por los signos; pues si bien entendí a Clifford, cuando los contextos culturales son diferentes y/o cuando las intenciones comunicativas cambian (aún dentro de un mismo campo de referencia) el ejercicio de describir lo observado necesita de una verdadera compenetración. Compenetración ajena a la exigencia (y no solamente cuando uno se encuentra en un contexto de nativos) de que el observador se despersonalice convirtiéndose en alguien incomodo a la conformación de su persona. En efecto, en los procesos de comunicación es importante no perder de vista que los significados son cambiantes y, por lo tanto, no resulta benéfico imponer un horizonte metodológico interpretativo eterno ni semieterno; sino de saber dar cuenta de lo que sucede en un momento definido y delimitado. Esto me digo después de leer al barbado Clifford; claro.
Clifford Geertz

La descripción densa[1] parte de una interpretación de la cultura similar a la descrita por Max Weber quien define cultura como “un entramado de redes de significaciones que el mismo hombre ha tejido”. Y lo que trama el hombre no son horizontes ni hechos que llevan la rigidez de la muerte como ciertos estudios positivistas. Desde esa perspectiva, el antropólogo Clifford Geertz apuesta por la creatividad para dar cuenta de lo dándose en el tiempo y espacio de grupos sociales y, por si fuera poco, a la hora de narrar uno puede ver en su escritura la fuerza de su amor por la literatura. Así, con el deseo de realizar descripciones densas, motivado por la simpatía hacia este barbado antropólogo que, desgraciadamente, ya descansa en paz, fui al Salón Veracruz.


Pero… ¿¡Qué demonios es un sitio como el “Salón Veracruz” aparte de ser un centro para bailar!?.. ¿Qué estructuras complejas de significación se entretejen en sus adentros?!... “Es un lugar para bailar, abierto a la diversidad humana:” había leído en una página de Internet. “Se trata de algo parecido a un antro donde se bebe de manera moderada, pues casi todo mundo llega a bailar con pericia”, me aseguró una amiga que de vez en cuando busca sitios para bailar. Sin pretender borrar del todo esos ecos de voces conocidas, poco a poco voy comprendiendo el sentido de encontrar respuestas situándome en el propio terreno; respuestas que escuchando lo sugerido por nuestro Clifford Geertz (1987:) irán aquí más encaminadas a la descripción que a la predicción. Ruego, pues, clemencia hacia las limitaciones de este mi decir basado en una sola visita al salón ya nombrado y que, por si tienes ganas de bailar, puedes encontrarlo en la calle Manzano 486 de esta ciudad de Guadalajara, Jalisco, México. ¿Sabes?.. Para poder estar ahí, debí desvelarme un poco, pues es durante altas horas de la noche donde en ese salón comienzan (por expresarlo de esta manera) las verdaderas revelaciones. Y si menciono lo de haber tomado la decisión de desvelarme, un poco, no es porque no pueda hacerlo; antes bien: nunca suelo realizar esta acción si al otro día, temprano, me jala las sábanas alguna actividad impostergable. En efecto, al otro día de mi visita (ese otro día fue sábado) a ese espacio de baile comenzaría un curso llamado “Métodos de casos” en el Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara. Por fortuna, para emprender la visita, me animó la compañía de mi grupo compañero en mi estudio de la maestría en Filosofía y Ciencias Sociales en el ITESO (Instituto de Estudios Superiores de Occidente). Para efectos de esta tarea, nos dividimos en equipos y me tocó trabajar con Cathy de la Mora y Felix Martín Mencias. Al llegar al salón lo primero a llamar mi atención desde la entrada, fue una serie de pinturas con contenido erótico.

Nuestro proyecto de visita no parecía nada fácil: tratar de interpretar las expresiones que aparecen como enigmáticas en la superficie. Sí, porque a simple vista sólo hay un salón con una pista sostenida por 12 pilares; pilares que a su vez lucen adornos concernientes a las fechas septembrinas, pero también se revelan como lo suelen hacer en los templos.

Mis amigos y compañeros de Filosofía, en mi casa punto de partida.

En la pista, múltiples parejas exhibían su destreza en el baile, y otras, miraban sentadas alrededor de las mesas; aunque, a decir verdad también observé mesas compartidas por personas sólo del sexo femenino; personas en espera de alguien para salir a bailar; como solemos decir.

Alrededor de este escenario, los meseros iban y venían; venían e iban transportando las bebidas y botanas para sedientos y hambrientos. Al fondo los músicos desplegaban hasta nuestros oídos melodías de prender la atmosfera con notas de canciones alegres tales como Me fallaste, Carnaval, Qué hay de malo, Si volvieras; etcétera.

Hace algo del alargamiento o abajamiento del tiempo que no voy a un salón de baile aún cuando de sobra sé sobre mi gusto por el baile y mi no saber del todo moverme con las técnicas precisas y necesarias. Sí, debo decirlo: el ritmo de mis actividades actuales me lo impide; pero ese ritmo no puede con mi metafísica y psicológica libertad de ponerme a bailar, cuando se me pega la gana, en casas de amistades y en mi propia casa-punto-de-partida. Pero, ya en el caso de estar en el Salón Veracruz, ¿cómo le haríamos para no parecer intrusos puesto que, en lugar de bailar, tomaríamos fotografías y realizaríamos todas las posibles entrevistas. ¿Cómo pasar desapercibido o ser aceptado plenamente junto a personas, como nosotros, que en lugar de bailar ejecutarían movimientos distintos a todos?.. Porque el “Salón Veracruz” es una dimensión aparte a la de Balí donde el antropólogo Geertz y la señora Geertz terminarán por ser aceptados después de una redada durante una pelea de gallos ( GEERTZ, 1990).

No sé si por amor a la música, lo primero en efectuar con mis amigos y compañeros de equipo de trabajo en la materia Antropología y Sociología de la cultura (Cathy y Felix Martín) después de pasar por el rito de ser auscultados por los guardias (que buscan eliminar armas o drogas y cosas por el estilo) y comprar el respectivo boleto de entrada, fue colocarnos cerca de los músicos quienes nos trataron con amabilidad de la maravilla de invitarnos a subir al estrado para lograr fotos más efectivas de los integrantes de las bandas musicales “San Francisco” y “La Bahía”.



Había transcurrido casi media hora de estar en ese estado de sentirnos bien recibidos cuando llegó alguien parecido a gerente a decirnos con un tono, al principio de enojo, que no tomáramos fotos a los bailarines. Prevención fácil de comprender, pues cuando otra vez me dirigí a ese señor para preguntarle sobre el motivo de tal prohibición, me aseguró, ya con tono amable, que en una ocasión la mujer de uno de los bailarines vio una foto, expuesta en una revista, donde se mostraba a su esposo bailando con su amante. Debido a esta revelación, las fotos que aquí exhibo, con excepción de las de C. Geertz y la de los músicos (estos útimos realmente estaban ahí y el gran Clifford estaba ahí desde el silencio más alto) son imágenes de los cuadros adornos del salón.




En esas horas de estar queriendo ver más allá de las notas obvias disfruté, en efecto, de la pericia en la forma de bailar de las parejas. A las personas mayores las observé cual niños (¡qué bueno!) forzándose en dar lo mejor de sí en la pista cuyo centro era tomado por la pareja que quería mostrar más lucimiento abriéndose paso entre la multitud de bailarines. En esta ocasión un señor de avanzada edad dominaba el escenario por manifestarse como maestro de baile en ese espacio donde las parejas, mucho más jóvenes, en algunos momentos luchaban por seguirle los pasos. Al ver tal profesionalismo en las maneras de bailar, pensé que si se me hubiese ocurrido bailar en un lugar, como el salón en cuestión, donde todos ejecutan con maestría salsa y merengue, no lo hubiese disfrutado como lo saben hacer quienes poseen las técnicas; porque las técnicas son indispensables aunque después haya que sobrepasarlas; creo. Tal vez pronto renueve mi curso de Salsa. ¿Por qué no?...: “Solo los muertos no hacen cosas nuevas,” dijo alguien que tal vez nunca murió.

Poco a poco al sentir el deber hacer mi trabajo de entrevistador, experimenté un poco de pena, pues: ¿para qué quitarle el tiempo a quienes no quieren perderlo en otra cosa que no sea bailar? Preocupado y con la finalidad de salir de dudas; me acerqué a una pareja de recibirme amablemente diciendo: ¡Ah, te llamas Martín Mérida y eres uno de los que vienen con planes de estudio!


Pocas horas antes, uno de los vocalistas del grupo musical La Bahía me había preguntado sobre nuestra procedencia y por el sentido de la visita. Y al explicarle, no dudó en anunciarlo por micrófono: “¡Bienvenidos los amigos entrevistadores que hoy nos hacen favor de visitarnos!” “¡Siéntanse en su casa!...” Tal vez este acontecimiento, guardando las diferencias, se parece a lo experimentado a la pareja Geertz (GEERTZ. 1987) quienes, en Bali, sólo al huir de la policía que perseguía a todos los asistentes de la pelea de gallos, fueron aceptados por los lugartenientes. Así, los primeros entrevistados me dieron el regalo de su información.

La descripción densa, como traté de aclarar desde el principio de mi escrito, no busca en sus descubrimientos empecinarse a realizar hallazgos de forzadas y esclavas leyes universales, pues quiere sacar a luz la red de estructuras de significaciones socialmente establecidas en un terreno determinado ya que éstos son sistemas de interacciones con signos interpretables.[2] En este sentido, esta descripción se encuentra dentro del horizonte semiótico y, para C. Geertz , este modo de hacer etnografía es justamente el análisis antropológico.

"La vocación esencial de la antropología interpretativa no es dar respuestas a nuestras preguntas más profundas, sino darnos acceso a respuestas dadas por otros [...] y así permitirnos incluirlas en el registro consultable de lo que ha dicho el hombre" (GEERTZ, 1987: 40).

En el Salón Veracruz pude ver varios campos semánticos dignos de estudio que bien podría profundizar si me doy a la tarea de asistir con constancia (y, quien sabe, a lo mejor me vuelva un bailarín formidable) a ese espacio y tiempo. Hoy sólo estoy contándote algo de lo que vi. No obstante, como ya te habrás dado cuenta, ya estoy en este escrito integrando algunos aspectos de mi observación. Observación siempre bajo el horizonte intencional de querer aprender el método del finado C. Geertz.

Adentrado en el ambiente festivo del “Veracruz,” comencé a ver en las expresiones de baile una manera de comportamiento transgresor. Tomando la palabra transgredir como atrevimiento a salirse de lo acostumbrado: pasando del tiempo viejo al renacer. Y esto último en consonancia con Ángel Aguirre Bastián quien al reflexionar sobre el fenómeno de la fiesta, dice: “La fiesta tiene también un origen sagrado. No se trata de transgredir lo sagrado, sino del hecho sagrado de la transgresión (…) La fiesta es la vivencia arcaica de la destrucción, que precede a la creación (paso de “caos” a “cosmos”). Se trata de una forma “corporal” y ritual de sacrificar la muerte (rutina, tiempo profano, tiempo viejo) para renacer”. (BASTIÁN, 1994: 67.) Bailar es fiesta y, como tal, lleva, pues, ese poder transgresor como puerta de permitir al bailador el sentimiento de conducirse al renacer, porque cuando hice la pregunta: ¿Para qué sirve bailar?, las respuestas proporcionadas coincidieron con este horizonte. Veamos: cuatro parejas entrevistadas (más 3 personas sin pareja) coincidieron en 5 respuestas: 1) Ayuda a dejar atrás el trabajo; 2) Sirve para sentir placer; 3) Es un buen recurso de fin de semana que ayuda a dejar atrás la rutina. 4.- ¡Cuando se baila se vive!; 5) ¿Por qué en lugar de preguntar, no te pones a bailar?

Las anteriores respuestas hablan del baile como trans-gres-sión de lo ordinario y que, además, cumple una función terapéutica. Respuestas comprobables al observar a las parejas en pleno movimiento. Respuestas sacando a relucir la alegre rebeldía del baile y, en este caso, lo transgresor no consistió en efectuar acciones en desorden, sino en darle la vuelta a lo que quizás se piensa de un lugar de este tipo. ¿Verdad?..

En el Salón Veracruz lo transgresor se disfruta de manera especial pues la gente que asiste, en su mayoría, lo hace porque sabe bailar Salsa y Merengue.[3] Oh, la-là!..: me sorprendió corroborar que todos bebían con moderación y si alguien estaba borracho, éste no molestó a nadie.

Entre los bailarines, me llamó la atención una pareja a quien comencé a seguir para buscar un momento oportuno de entrevista. No pude conseguir dicho objetivo sino hasta esperar a que se acercaran al bar situado más o menos cerca del estrado donde lucían los músicos. La pareja me informó que este viernes no era un día normal; pues para ellos era oportunidad de celebrar su primer aniversario como pareja no erótica; sino de baile.

De pronto, visualicé a una mujer que me guiñó un ojo sugiriendo (al menos eso interpreté) la sacara a bailar. Como no tenía intención de realizar dicho acto, al acercarme me presenté como quien sólo deseaba hacerle una entrevista. Ella estaba rodeada de otras mujeres que, luego de escucharme, se pusieron a reír. Me dio la impresión de que esas mujeres se conocían desde inmemorables tiempos. La mujer entrevistada frente a mí ya no mencionó nada sobre sacarla a bailar, acción tal vez cumplimiento estricto de que es el hombre quien debe realizar esa tarea y no pretendía dar a entender a sus compañeras que fue ella quien me guiñó el ojo. Esta simpática mujer, con voz amable, me aseveró haber venido al Salón Veracruz debido simplemente a su gusto por el baile; pues lleva más o menos cinco años de venir a bailar, más o menos de manera ininterrumpida.

Al llegar al punto de preguntarle sobre si siempre llegaba junto a sus amigas a ese salón, su respuesta fue afirmativa y me aclaró lo concerniente a ponerse a bailar sobre todo porque la Salsa es un baile por el que pagó lecciones y necesita practicar. Pero --dijo--: “no bailamos solas… siempre esperamos un caballero experto en Salsa”. Mientras entrevistaba a esta dama, poco a poco sus amigas iban saliendo a la pista de baile y, entonces, me di cuenta: mi entrevistada estaba perdiendo varias oportunidades[4] de salir a transgredir el polvo del tiempo debido a mi intromisión con lo de la entrevista. Agradecí, entonces, su valioso mirar compartido con quien no pudo, en esta ocasión, salir con ella a bailar siquiera una pieza.

Para terminar, siguiendo la tradición de mis escritos en este blog también tu casa, te comparto el poema con el que termina mi libro “El país de la mirada” (MÉRIDA, 2007: 83). ¿Vale?

El país de la mirada se descubre paso a paso
Ajeno a la guerra aparece con voces de lo intrépido
Asusta al que no encuentra el mapa para hallarlo
Y es territorio sin horas de aburrimiento
Y es presente vestido de madrugada

El país de la mirada nace si me uno a tus ojos
Y necesito de ti
para encontrar la voz del agua

El país de la mirada es ronda que nos nombra
Niños sin fronteras
Ahí un poema abre sus puertas
hacia la sala donde se juega

***

Bibliografía
AGUIRRE B. Miguel Ángel. (1994). Estudios de etnopsicología y etnopsiquiatría. Barcelona: Universidad de Barcelona.
GEERTZ , Clifford. ( 1987). La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa.
Descripción densa.
GEERTZ , Clifford. ( 1987). La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa.
La pelea de gallos.
MÉRIDA, Martín. (2007). El país de la mirada: Guadalajara, Jalisco, México: Literalia editores.


[1] Para el autor Clifford Geertz, la etnografía es descripción densa y es trabajo del etnógrafo descifrar las redes estructurales, pues con la mirada microscópica de esta manea de descripción, al tratar de rescatar lo dicho, interpretamos el flujo del discurso social.
[2] Véase el capitulo 1 del libro de Cliffor Geertz (1987: 10-40) donde se describe, con detalles, lo concerniente a la Descripción densa.
[3] En el Salon Veracruz todo parecía indicar que si una dama se da cuenta que el caballero no sabe bailar, difícilmente bailaría largo rato con él.

miércoles 19 de agosto de 2009

DE CENICIENTAS Y PULGARCITOS [1]

A los niños asesinados por paramilitares
el 22 de diciembre de 1997 en Acateal, Chiapas.
IN MEMORIAM.



Muchos de los creadores de los cuentos clásicos infantiles hablan en sus relatos del había una vez en cualquier época con niños y niñas fustigados peor que perros de la calle. Esos autores, por lo general, desatan en finales dichosos los nudos del desencanto; tal vez porque más allá de desear otra suerte a quienes los adultos volvieron desdichados: hay un reclamo dictado por el ansia libertaria que también nos constituye como personas: ¡La justicia es posible! Pero justicia es un sonido tantas veces abandonado en el automatismo del eco o en las fauces del tiempo sin entrañas. Menos mal, aún existen Aladinos que no cambiarán la lámpara de los sueños por aquellas marcadas con el made in donde el dinero que dirige empresas (empresas que fingen tener rostro humano) atrás de escritorios discute el destino de las personas. No obstante, tengo fe en el granito de ayuda sutil desprendido de los cuentos donde "los más pequeños" señalan las heridas del incesante retorno de la demencia. Y ante este aspecto, estoy seguro que los relatos infantiles ayudan a abrirnos más los ojos, pues son ríos de transcurrir silencioso y ya sabemos de lo hondo de este tipo de afluentes.

Permíteme, entonces, lector, mostrar algunos aspectos del silencio de dos cuentos: “La cenicienta” y “Pulgarcito.” En el cuento “La Cenicienta” de Charles Perrault (1628-1703) por más felicidad sorprendiendo a Cenicienta al casarse con el príncipe, ¿pudo su hada madrina quitarle los traumas debido a una infancia acurrucada entre las cenizas del desprecio? ¿Y, del mismo autor, qué decir de Pulgarcito, ese personaje tratado en su familia como el más feo sólo por ser de estatura física pequeña y no tener un color de piel rojizo? Sí, Pulgarcito: héroe tan flaco como el dedo pulgar. Pulgarcito-niño-chivo expiatorio quien, a pesar de haber sido tirado para ser comido por los lobos[2], provee a sus tiranos padres de las más grandes riquezas. ¿No son estos niños de cuentos, espejos de los de carne y hueso? ¿No son estos niños ejemplo de nuestra incapacidad para aprender de la alteridad?

Los crímenes contra los menores de edad son un grito interpelante en los tiempos y espacios empeñándose en perder la memoria. Tiempos y espacios ogros de considerar al niño como una pequeña cosa. Dicho sea de paso, pequeña cosa es uno de los sobrenombres cargados por el muchacho, sin nombre desde un principio, cuyos padres le proporcionaron un trato de peor que silla. Sí, me estoy refiriendo a la obra del autor de infancia dolorosa, Jules Renard (1864-1910): Pelo de Zanahoria.

Cuando veo a la niña Cenicienta confinada a vivir en un rincón y a su madrastra burlándose de ella sin darle oportunidad de defenderse; a través de esa inocente (que menos mal tenía un hada madrina) desfilan en mi memoria ejemplos de niños y niñas maniatados con el código: «¡Respeta a tus mayores!» Menores de edad atados por los mayores en años de desvergüenza y a quienes nadie dijo: Usted; sí, usted --hombre o mujer— lleno/a de soberbia: « ¡Respete a sus menores!» ¿No ve que cada uno de ellos es también rostro de millones de criaturas mineras, agricultoras, mozas, esclavas, raptadas, violadas, quemadas vivas, prostituidas, tiranizadas y asesinadas desde la infancia del mundo hasta estas tinieblas donde reconocer al otro/a no es el horizonte? Usted; sí, usted, tirano de destrozar; vil continuador de aumentar la cifra de las víctimas, ¿no ve que dentro de su ser hay también un niño o niña ahogándose? ¿Sabe?: el mundo está al revés y no hay consideración para cenicientas y pulgarcitos de todos los tiempos. Porque sin hadas madrinas o genios protectores esperando a ser liberados de lámparas y botellas, los niños y las niñas son reducidos a cosas.

El ogro de la historia de Pulgarcito y la madrastra (como ogresa) sometiendo a Cenicienta, no saben darse cuenta de los otros; porque al mirar la fragilidad humana –al menos que se tengan arañas venenosas dentro de las cabezas— corremos el riesgo de transformarnos. En efecto, como algunas veces se ha dicho de una o de otra manera: las presencias ajenas a cacharros millonarios, títulos o atributos encharcados, ¿no nos dicen algo? ¿No nos mueve a ser mejores el desnudo rostro de un pequeño? A. Finkielkraut, en Ensayo sobre la humanidad perdida (1998: 44) señala al respecto: “El hombre no se fabrica, nace. No es la ejecución de una idea previa sino el milagro de un puro inicio. En suma, el hombre es el ser en el cual la existencia precede a la esencia.”

Año prodigioso de 1697: ¡Tenemos cuerpo! Gracias Parlamento Inglés por proclamar, además: “Cada quien es dueño de su cuerpo”. Lástima que no se supiera desde antes de constatar a millones de niños asesinados. Es horrible enterarnos de tantas bellas declaraciones de ese tipo en este nuevo siglo donde se habla de amor hasta el hartazgo sin poner en práctica los gestos del respeto. Vaya siglo amoroso para crear virus en el lenguaje no sólo cibernético.


Si somos dueños de nuestros cuerpos, ¿por qué ocurrió lo de los 15 niños masacrados en Acteal, Chiapas junto a 30 adultos? ¿Cuando van a dejar de caer asesinados niños israelitas y palestinos en los límites de la franja de Gaza? ¿Somos dueños de nuestros cuerpos?.. Defendámoslos, entonces, de quienes vigilan y castigan imponiendo su corporalidad nacida de los sueños enfermos.

Seres dispuestos a seguir creciendo como humanos: Defendamos a los niños y las niñas; ayudémosles a forjarse en valientes constructores de sí mismos y a proclamar con indignación Ética: ¡Tenemos derecho a un lugar donde vivir; derecho a la educación, derecho a tener un nombre, derecho a tener una patria, derecho a ser escuchados..!

Finalizo este escrito dejándoles un poema extraído de la sección “DEJA QUE LOS NIÑOS REGRESEN A CASA de mi libro El milagro de tu voz distinta (1999: 76).
LA NOCHE DEL COMETA


¡Abuelita madre hermanos
vengan a ver el cometa!
Es una esfera gigante
hecha de estrellas juntas

Asusta de alegría su paso por nuestro pueblo
Todos los niños corren pues trae muchos regalos
Los grandes a coro gritan: ¡Es más bonito que el oro!

¿Qué sucede?.. ¿Por qué no quieren creerme?

Voy a jalar el hilo también sujeto a la luna
No me regañes padre: el cometa dice mi nombre
Uno dos tres: ¡se abrió un hoyo en la luna!
Caen millones de dulces y aguaceros de comida
Y el cometa baila como juego pirotécnico
¡No habrá miseria!: dice con barba de papalote

¿Qué pasa?.. ¿Por qué no quieren creerme?

Todo mundo vio y sólo abuelita dice:

Martín, en verdad, no fue sueño
Juro haber visto esa esfera
Aquí en el cofre conservo
un trozo de su hilo fino

________________________

[1] En agosto del 2005 fue en el periódico cultural "La manzana" en su número 1, donde se me publicó por primera vez el presente artículo.

[2] A finales del siglo XVIII y en pleno siglo XIX, se descubrió que muchos niños eran tirados en los bosques de Europa. Al respecto, véase mi artículo titulado La diversidad humana nos libra de quedar pendiendo de la nada donde, entre otros aspectos, hablo de El niño salvaje de Aveyron: http://martinmerida.blogspot.com/search/label/Ni%C3%B1o%20salvaje%20de%252
Por otra parte, en nuestro siglo XXI miles de niños son tirados a trabajar en fábricas cuyos productos de venta llevan el made in donde “pequeñas cosas” se ven sometidas en penosas y largas jornadas laborales.

BIBLIOGRAFÍA:

FINKIELKRAUT, Alain. (1998). "La humanidad perdida". Ensayo sobre el siglo XXI. Barcelona: Anagrama.

MÉRIDA, Martín. (1999). "El milagro de tu voz distinta". México: ITESO. ISBN 968-507-11-3

PERRAULT, Charles. (1998). "La cenicienta." Argentina: Heliasta.
PERRAULT, Charles. (1998). "Pulgarcito". Argentina. Heliasta.

RENARD, Jules. (1999). "Pelo de zanahoria." Barcelona: Media Vaca.

martes 28 de julio de 2009

Acamapixtli Alvarado (o algo sobre la historia de un recomenzar).

Veo la historia de Acamapixtli Alvarado como el advenimiento de un círculo de vida de llegar a ser lo que ya se era en el principio: el ser humano de la mirada que desde niño supo observar lo que vale la pena experimentar y fortalecer en términos existenciales. Para aclarar lo que aquí menciono es necesario comprender y reconocer al recién nacido que de la comunidad de Allende[1], situada en el municipio de Motozintla, Chiapas, México, estableció su casa,[2] siendo aún joven, en Chez Roux; lugar a su vez pertenciente al distrito de RUFFEC: municipio de Moutardon, Francia.

En la cima de la montaña del fondo se encuentra Allende y en la falda,
el barrio "Las canoas" de Motozintla de Mendoza, Chiapas, México.














Si menciono este crucial movimiento de traslado ejercido por Acamapixtli, no es con la intención de mostrar un lugar como mejor que otro; antes bien, me interesa subrayar nuestra pertenencia al mundo. Pertenencia a salvarnos de nacionalismos cerrados en el chauvinismo. Porque a veces, cuando las condiciones socioeconómicas, culturales y políticas muerden, movemos hilos a llevarnos donde bien puede abrirse un gran regalo como compensación de una lucha. En consecuencia, no pretendo escribir aquí la completa historia de vida de este hombre; historia que, como él mismo afirma, llevaría cientos de páginas. Libro a no pasar por alto un capítulo dedicado a la discriminación por parte de quienes no saben reconocer la alteridad y, de esa manera, ignoran las raíces sociales que nos constituyen y nos vuelven personas. Porque este ser humano, inscrito como ciudadano mexicano en el registro civil de Motozintla en el año de 1940, aún llevando en su rostro las huellas de lo profundo (y lo profundo es sencillo) constató en carne propia la violación a la igualdad de derechos a la que eran sometidas las familas campesinas. Violación que todavía constato y sobre la cual escribo en mi poema[3] "Tanma..."

De derecha a izquierda: Acamapixtli, Annie, mi persona e Iván. La
foto fue tomada en Chez Roux.














Para meternos un poco en la mirada de Acamapixtli pido tratar de sentir lo que experimentó cuando a sus 12 años caminó más o menos 53 sinuosos kilómetros, a través de montañas y en el afán de llegar de Motozintla a Huixtla, Chiapas, con la finalidad de tomar el primer tren al que seguirían otros, a través del tiempo y el destiempo, hasta arribar a París donde después de grandes vicisitudes se matricularía en la Universidad de la Sorbonne donde aprendió a dominar la lengua francesa. En esta travesía, Acamapixtli afirmó la grandeza de la vida campesina porque, como lo experimenta con su propia existencia, admirables son los movimientos de cortar leña, sembrar frutos y flores y vivir amando la lectura, el cine y el teatro. En efecto, Acamapixtli pronto aprendió que la vida es breve y la vivimos con más intensidad si nos volvemos lectores y amamos las expresiones artísticas; por ello, fue premiado con la medalla de oro en el “Primer Festival de Teatro de France-autre mer” y, aparte de amar la fotografía, es ávido lector de novela y poesía. Así, gracias a que Acamapixtli había leído algo de mi obra poética, comenzamos un intercambio de mensajes hasta darme cuenta que ya sabía de él y de Annie, su esposa de nacionalidad francesa. Pero sólo al estar por completo convencido de este conocimiento, decidí escribirle el siguiente mensaje:

Guadalajara, Jalisco.
Marzo 10 del 2008.


Apreciable Acamé:

Tus fotografías han hecho que otros tiempos me visiten y desde esos otros tiempos llegue un torrente de recuerdos… Sí, vienen a mi memoria los días en que mi madre Consuelo y mi abuelita Bonifacia Bartolomé, me enviaban cerca de la comunidad llamada Morelos para acompañar a la persona que traía hacia Motozintla una carga de leña para vender. Acompañarlo a fin de que otros niños no se adelantaran en esa misión y, de ese modo, la familia no se quedara sin leña. Fui, por fortuna, un niño de las últimas generaciones de niños motozintlecos que no sólo se encargaban de ir al cerro a apartar la leña sino que, también, llevaban el maíz y el café al molino. Así que la fotografía donde un niño va con su mula me habla mucho más de lo que ahora te cuento.

También tengo el recuerdo de haberte visto junto a tu esposa cuando yo era adolescente (lo recordé apenas anoche.) El escenario era el siguiente..: ustedes iban pasando justo al lado de la casa de los ahora finados don Beto Méndez y doña Gloria Pérez de Méndez: caminaban y al mismo tiempo comían cacahuates… Ahí alguien estaba escuchando un disco de Nana Mouskouri. Justo estaba la canción: "Le tournesol, le tournesol/N'a pas besoin d'une boussole/Ni d'arc-en-ciel, ni d'arc-en-ciel/ Pour se tourner vers le soleil..."/ Y, ustedes decidieron entrar a esa casa.
Les mando un abrazo.

Atte.

Martín Mérida.

Esta es la foto del niño llevando su burrito en una
de las calles de Mozintla. Foto enviada por Acamapixtli.










La respuesta a mi mensaje llegó al día siguiente y en ésta, Acamapixtli confirmaba mis recuerdos. Así, gracias a las puertas abiertas por la comunicación, aproveché mi viaje a Francia durante diciembre de 2008 para realizar una visita tanto a él y a Annie, su esposa. En esta visita en la que me acompañaron mis amigos Julien Collado (de nacionalidad francesa) y su hijo Iván (mexicano y francés) viví un paisaje parecido al cielo de tan bello, pues la región de la Charente está colmada de una luz que se recorre hasta posesionarse en todo nuestra estructura de ser. No menos bella es la casa de esta pareja que, para no hacer tan largo el presente escrito, describiré como una casa convertida en flor.

De derecha a izquierda, Julien con su hijo Iván, mi persona, Annie
y Acamapixtli. Estamos en Chez Roux y frente a la casa de la
pareja en cuestión.














Con Annie.














Con Acamé.















Ya en México, el miércoles 21 de enero del 2009, recibí un mensaje donde Acamé (así le nombran en Francia) hace alusión a uno de mis poemas:

Martín:

Esperamos que tu regreso haya sido satisfactorio y que las experiencias acumuladas estén digeridas ya que llegó el tiempo de la reflexión y, seguramente, de las conclusiones de tan largo viaje.

Tu libro "La pasión según un hombre cualquiera" se quedó dormido por algun tiempo en la mesita del centro de la sala. Durante ese lapso no se movió para nada, pero me esperaba para despertarlo: ¿Acaso Acamé me habrá olvidado?.. El libro tenía frío pues la casa no fue calentada durante diez días. Cuando decidí leerlo, me quedé clavado en la página 63 y ahora descansa en la biblioteca con un papelito donde está escrito PÁGINA 63.

Te saludamos con afecto, y hasta prontito.

Acamé y Annie.

Les comparto, pues, el poema extraído de mi libro "La pasión según un hombre cualquiera"[4] y que, en efecto, se encuentra en la página 63:


ORACIÓN DEL HUERTO


Tiempo amargo de ser
Derrumbe de ansiosos del milagro

Sed deseo de matar el deseo
Todos están dormidos y estar despierto podría ser sueño

Padre
¿te desdigo?

Alguien me ama hoy mientras me mata
Y la pureza es hija de mirada ambigua
imposible juzgar un beso que entrega al lugar de las calaveras

Tengo miedo de morir como semilla en un lugar sin agua
¿No he de encontrar raíces?

Padre que estás en el sin tiempo
Aunque el espacio es también tu cuerpo:
son urgentes tus manos

Transfigura el ansia de ser brote
Apaga esta pasión por las preguntas
Tú que a través de los grillos diste voz a las etrellas

Alguien me ama hoy mientras me mata
Mentira es la culpa
y verdad la zozobra de mi corazón inútil

**************************************************
[1] A La comunidad Allende se puede llegar subiendo una montaña de más o menos 2, 300 metros de altura sobre el nivel del mar.
[2] Acamapixtli, antes de establer su casa en Chez Roux, de Allende fue traido por sus padres, a vivir sus años de infancia en Motozintla. Luego, en su adolescencia y primeros años de juventud, radicó en varias ciudades de México. En Motozintla muchos recuerdan a su padre: don Lorenzo Alvarado.
[3] Para escuchar mi poema, usted puede acceder a la siguiente línea electrónica de YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=nyxlAiMJwnM
[4] MÉRIDA, Martín, (2002) La pasión según un hombre cualquiera. Mantis editores: México. ISBN 968-7859-26-1. D.R.

jueves 18 de junio de 2009

A propósito del poeta-cantante Silvio Rodríguez (o algo sobre lo acontecido a mi Pegaso).




A propósito del poeta-cantante Silvio Rodríguez quien quizá pronto esté otra vez de visita en Guadalajara, Jalisco: les comparto una experiencia sentida e impresa hasta en mis manos; experiencia suscitada durante la Feria Internacional del Libro (FIL) en noviembre del 2002. Mi aprehensión de ese acontecimiento fue publicada en la revista literaria Tragaluz número 9:
Y trata también de una divergencia mientras mi corporalidad convergía con la luz desprendida del cubano cuyas canciones llenas de compromiso social han sido compañeras solidarias del transcurrir de muchos sobre este mundo. Mundo que a veces desespera por su terca sumisión al poder y al estúpido fetichismo al dios dinero. Les dejo, pues, mi vivencia como un pequeño homenaje al poeta, al cantante; "al compañero de riesgos/ al de la victoria."


RÉQUIEM POR UN CELULAR


¿Te cuento un secreto?: Mi celular se ahogó. Sí, se le fue champú de cacahuanache por todo el cuerpo durante mi espera en la explanada de la Expo Guadalajara el día dos de diciembre del 2002; lugar donde acudí con tres horas de anticipación dispuesto a soportar el aletargamiento del tiempo con tal de mirar y escuchar a Silvio Rodríguez quien a las 8:30 de la noche cantaría acompañado de la Sinfónica Nacional de Cuba. En esa espera, ya tumbado en el suelo, me dispuse a agarrar como almohada mi mochila compañera inseparable en mis travesías; sin acordarme que en su panza reposaba mi celular junto algunos libros y útiles deportivos. Cuando la función dio comienzo y la presencia del cantante cubano calmó la desesperación de más de siete mil asistentes, nos dispusimos a escuchar el repertorio de la orquesta que tenía programada más o menos cuatro piezas musicales antes de ser compañera de nuestro querido poeta-cantante. Al finalizar la pieza musical “Canción de gesta” dirigida por el director Leo Brower, el tan esperado Silvio Rodríguez inició su propio repertorio con la canción “El problema”. Llegado ese momento, yo todavía no gestaba la idea de lo aconteciendo en el interior de mi mochila ya referida. Así, dejándome contagiar por el ambiente: salté y aplaudí a quien considero uno de los más grandes cantautores de Latinoamérica. Pero cuando Silvio cantó “¡Oh, melancolía!", me di cuenta de una tragedia: mi celular se estaba ahogando porque a la botella de champú de cacahuananche se le ocurrió destaparse para escurrir su propia manera de estar en esta fiesta sin importarle la alteridad del celular muchachito a quien afectaría de manera mortal. No fue divertido constatar la realidad innegable de ver a mi amigo muriéndose. Realidad llevándome a efectuar acciones desesperantes para tratar de rescatarlo de su muerte inminente. A él no le hubiera dicho: “Ojalá por lo menos que te lleve la muerte.”

Después de no tan larga travesía en taxi; al llegar a mi departamento primero recosté a mi celular bajo la lámpara del escritorio; de esa manera, al recibir el calor eléctrico, comenzó a echar burbujitas tanto por la boca como a través de su única oreja. Pasados algunos minutos, como no constaté mejora alguna, lo conecté a un contacto para alimentarlo de luz… ¡Ay, error humano el mío!: mi celular se quejó con maullidos cada vez más débiles. Después, le dio por parpadear y encender signos como groserías en lugar de mostrarme su anterior bello rostro. Me sentí responsable por mi manera equivocada de devolverle la salud, pero no me gustaron sus groserías, pues yo lo quería de verdad. Para quitarme la contrariedad a causa de sus groserías, lo abandoné un momento y al regresar con un café que ya sabía a velorio, el pobre celular se dispuso a relampaguear y todos sus botoncitos se encendían y apagaban con fosforescencia. Sentí, entonces, que estaba lloviendo en su interior e imaginé la sensaciones de tempestad experimentadas ahí adentro.


Al terminar de beberme el café dulce por amargo, me di cuenta de su muerte. En su pequeña pantalla apareció una grotesca almohadilla de esponja como diciendo: “Tan-tan: fin.” Horrorizado hablé a la distribuidora Pegaso para ver si podían resucitarlo: les recordé que obtuve un celular Pegaso porque ese nombre es muy poético y si lo compré fue a causa de las alas. Quien me atendió, como si fuera secretaria de algún hospital de gobierno, dijo: “ ¿Y? Aquí ni ahogados ni electrocutados son atendidos; ni piense que le daremos uno nuevo”. Esas palabras soltadas como latigazo me hicieron acordarme del día cuando me estaba muriendo y mi sangre (como si no fuera suficiente con la derramada en todos los siglos) iba mojando la calle y sólo dijeron en el IMMSS: “¿Y? Aquí ya no hay camas!”.. ¡Ah, mi pobre Pegaso muerto! ¿Para qué podrá servirme ahora su cuerpo negro e inerte? Creo que trataré de hacerle una necropsia con la intención de quitarle su esponjilla inservible para colocar en ese lugar una pequeña fotografía de cuando yo era niño… o quizás deje ahí un poema de mi libro La pasión según un hombre cualquiera.


¡Ah, no se me olvida la respuesta de la ahora Funeraria de Pegasos!. En una veterinaria por lo menos te consuelan al ofrecerte otra mascota cuando tu animal preferido ya no tuvo remedio. Pero así es este mundo cuando despoja la realidad del misterio. Por lo pronto estoy pensado en comprarme un diminuto celular en Telcel. No se escucha tan poético: Tél-cel… No; eso suena a mecánica. Pero no importa, muchas veces lo poético brota de lo no poético. Después de todo, uno a veces no sabe de dónde vendrá el verdadero socorro. Menos mal: aún está vivo el teléfono amigo común y corriente instalado en mi departamento; se trata del amigo al que a veces amordazan el fin de mes porque olvido que me cobran por su presencia mágica.

A continuación puede usted disfrutar de la canción SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO, cantada por el propio Silvio Rodríguez.