Ex Convento del Carmen de Guadalajara, Jalisco.
Al cerrar la última página del libro “Al rasgarse el Arco-iris”, advertí que su autor no sólo viajó durante muchos años al viejo continente para, traspasando cementerios, hablar con los filósofos más vivos que muertos: Kierkegaard, Hegel, Schopenhauer y Nietszche; pues la escritura de este texto constituye una travesía por la geografía del lenguaje generando un relato conversacional porque,

“… Novios e invitados estaban dispersos y en silencio. Nada parecido a nuestros saludos, abrazos, estrépitos y arroces (…) Estuve yo en silencio embebido por la atmósfera tibia, serena, azul cielo con ligero tinte rosa. De pronto el cielo súbitamente cambio de color y se puso de un suavísimo color ocre ensueño con el azul del cielo y el rosa en otro tono. ¿Sería ilusión? (…) De haberlo sabido, Hegel hubiera podido mencionar esta vivencia en su libro sobre innumerables fenómenos espirituales”.
Con el encargo, por parte del Grupo de los Conspiradores, para realizar un
Querido Jorge:
Jorge: es venturoso viajar por páginas de tu libro en este lugar. Venturoso y extraordinario porque, entre otros hallazgos, gracias a mi lectura, de pronto me hago consciente de tu haber estado aquí en el año de 1969 bajo un gran árbol que bien pudiera ser éste en el cual me miro escribiéndote y dónde se asegura que hiciste llover. ¿Será mera ilusión tanta coincidencia?.. Desde este árbol, un Arco iris de los que pertenecen al alma de quienes luchan para abrirse paso en la vida forja al mar; mientras, por su parte, el atardecer escribe páginas que Hegel puede comprender, pero tal vez no Kant el filósofo del deber por el deber y no por el deseo. Así, mientras escribo, la tarde me susurra al oído que como tú también he salido a pasear con los muertos incansables de contemplar el mar; tan es así que no hace mucho despedí a uno muy querido cerca del cementerio de Motozintla de Mendoza, Chiapas (mi lugar de nacimiento) no sin antes prometerle que pintaría su tumba de color naranja radiante y que regresaría por él, en una tarde de domingo, para ir a conocer un lugar donde asesinaban humanos y se les trataba como muchos hacen con las vacas.
Jorge: culmino aquí esta carta porque comienza a amanecer la obscuridad y me están dando ganas de zambullirme en el mar y, si le doy largas al asunto, ya no podría dejarme perder con la puesta de sol.
Hasta pronto.
Apreciable auditorio:
Después de haberles compartido el principio de este final pasando por el contenido de la carta que de mi parte hoy recibió Jorge, debo decir: El libro “Al rasgarse el Arco-iris” constituye una rebelión y una revelación porque, frente a cualquier pretensión academicista, en estas páginas permanece la convicción del autor de que no se pueden ocultar lo múltiples rostros de la luz. Tal vez esta última afirmación moleste a la mera racionalidad analítica sin oídos para escuchar a quien en este volumen, a través del optimismo aprobado por la vida, se encarga de conversar con el miedo, el amor, la tristeza, la muerte, la risa, el llanto y con el Arco-iris que sigue llegando en la canción de las buganvilias, la garganta del agua; los hombres y mujeres pez, serpiente, maíz, montaña. Hombres y mujeres lejanos a las ambiciones de los sepultureros de un porvenir más radiante. Sí, lo podemos palpar: “El Arco iris se sigue rasgando y se volverá a rasgar” porque contiene el fulgor de lo bello y lo bello, como alguna vez dijera el poeta Octavio Paz, está adelante y nos llama a ser nosotros mismos.
Gracias.
__________________
*El grupo de los conspiradores está formado, en su mayoría, por estudiantes de Filosofía del ITESO. Y la conspiración que confabulan consiste en organizar una serie de eventos como reconocimiento y en homenaje a Jorge, quien ha sido directa o indirectamente un sabio profesor de filosofía de muchas generaciones. A este grupo también pertenezco aunque soy egresado de la Maestría en Filosofía y Ciencias Sociales.
En la foto: el filósofo Jorge Manzano, SJ.