jueves, 8 de enero de 2015

KURIMAEL*





KURIMAEL*

(Poema de Martín Mérida dedicado a Esteban Robles: Kurimael)


1

En la cima del Malé,
cómplice montaña en lo que creo,  
brotó mi grito:

¡Kurimael!

Y te vi aparecer
desde la neblina
de un recomenzar.
Y al abrazarme:
los labios de tu rojoazulverde resplandor,
me dijeron:

Hermano:
es hora de vivir.
Tenemos las palabras
tejidas en el palpitar del dolor.
¡Que viajen junto al viento
y hagan salir de sus tumbas a los justos!
Que lo imposible de curar
se vuelva fundamento de todo lo sagrado
como de lo infinito una flor.


2

En la cima del Malé,
montaña que descifró en mis ojos
su propia aspiración de verse sin edad
(en un día esperado por los Mayas)
para existir donde no hay crimen,
brotó mi grito:

¡Kurimael!

Y te vi aparecer con tu
“No pasa nada,”
seguido de un chiste
que desbarata la cara imbécil
de los señorcitos.


3

En la cima del Malé,
montaña que me ama sin tapujos
y me regala lo inefable de su canto:
“Ven conmigo,”
brotó mi grito:

¡Kurimael!

Y el viento se alzó
entre tambores y guitarras.
Y nos pusimos a danzar.
Y nos brotaron alas
para mirarlo todo en colibrí.


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*Antes de escribir el poema KURIMAEL, el primero de enero de 2015,  lo viví en la cima de la montaña El Malé. El Malé es una montaña de un poco más 3200 msnm;  amiga montaña que le da un inefable toque a la Sierra Madre de Chiapas. Por consecuencia,  agradezco a mi amigo y compadre Pompilio Montesinos, a mi sobrino Alejandro García, al amigo Darinel Flores y a mi hermano Manuel de Jesús, por su  alegre acompañamiento y por hacer posible nuestro arribo a esta cumbre.