martes, 13 de mayo de 2014

LA PIZZA QUE NO SE QUIEBRA


El hecho de que a punto de ser comida la rebanada de pizza no debe romperse al doblarse  (al menos si afirmamos a la pizza como de origen napolitano) es motivo para reflexionar. Veamos: la masa de la pizza debe ser machacada, pisada, presionada, espachurrada, martillada, etcétera,  para que al salir del horno su textura no se resquebraje y conserve tal flexibilidad capaz de ser comida como los mexicanos solemos comer los tacos. De todo ese espachurramiento ejercido sobre la masa, llegamos a una de las acepciones de la palabra pizza  proveniente de “pinsa,  participio pasado del verbo latino pinsere.” Al respecto, si estoy escribiendo sobre este alimento, se debe a que el acontecimiento ejercido sobre la masa de la pizza me parece un símil  con lo sucedido a algunos  seres humanos como maravilla cuando de pronto se han convertido en existencias flexibles, pues tal vez ese logro les ha llegado después del machacamiento ejercido por el sufrimiento (o al menos de la verdadera empatía con éste) convirtiéndolos en seres difíciles de romper por la elasticidad con la que se conducen.

Y hablando de lo difícil de romper debido a su flexibilidad: por fortuna junto a mis amigos con quienes aparezco en esta foto, a punto de disfrutar algunas variedades de pizza, disfruté (en la noche del 9 de mayo de 2014) de una velada  irrompible  donde todo fluyó con la gracia de nuestra afirmación por la vida y porque “en el alma está la esencia...”

Por último, es bueno no olvidar a  la pizza (si retomamos su historia) como  alimento creado por la genialidad de los más pobres de Italia (los pobres son quienes más sufren en este mundo los efectos del capitalismo descorazonado). Es bueno no olvidarlo  para  no  parecernos  a esa gente apretada (fácil de romper, por consecuencia) que come pizza con las maneras  propias de los presos en las trampas del esnobismo.
 

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