martes, 2 de diciembre de 2014

EL DESPERTADOR SIN CORAZÓN



El reloj sonó a las cinco de la mañana y, después de una hora, presuroso me conduje al Tecnológico de Monterrey. Al llegar, el sueño que cargaba no me dejó pensar los motivos de la ausencia tanto de mis  estudiantes, como de mis  compañeros de trabajo,  hasta  que un guardia me aclaró  que eran las dos de la mañana. Maldije a mi reloj y decidí dormir acurrucado en el pupitre como dejado a propósito en un pasillo. Después de  largo tiempo sonó el timbre haciéndome despertar sobresaltado y con la preocupación de haberme quedado dormido en la intemperie del Tecnológico. Pero me encontraba sobre mi cama. Y mi reloj despertador se carcajeaba ahora pretendiéndose alarma escolar.



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